Yoga a primera vista es un libro para echarse unas risas. Parece fácil de decir pero en el fondo todos sabemos que es difícil de ejecutar. En el último par de meses no sé cuántas veces me han pedido “libros divertidos”. Pero, ¿qué es divertido? El humor tiene algo que no tiene —al menos no en una medida tan grave— el drama: un enorme sentido de la subjetividad.

Tal vez lo suyo sea el humor absurdo, los juegos de palabras, las finas ironías o los burdos insultos. Todo vale. O no. En los últimos años se ha impuesto en redes un veto al humor en clave de ofensa, una sensación de que ya no todo vale según quién tenga la piel más fina.

Así que diré que yo sí me he reído con Yoga a primera vista, con esa historía de Jorge, un treintañero que se apunta a yoga para poder salir con la chica que le gusta y acaba enfangado en una escala de sinsentidos que abarcan todos los problemas actuales de una generación que sigue perdida: la inestabilidad laboral, las nuevas formas de familias, la gentrificación de los barrios, el vacío de los pueblos.. Jorge nos arrastra de situación absurda en situación absurda y nos da margen para reírnos en medio de lo lamentable. Porque, ¿qué nos queda a veces salvo el humor?

Hace unos días tuve la oportunidad de charlar con Félix Jiménez (Albacete, 1970). Aunque esta es su primera novela para un público adulto, lleva más de veinte años enfrentándose al humor en forma de guiones para televisión. Algo sabe y algo se nota en su novela.

Félix Jiménez Velando

Félix Jiménez Velando

Se agradece mucho en estos tiempos encontrar un libro que te haga reír un rato, pero me queda la cuestión de si en realidad somos tan patéticos como lo es el protagonista de Yoga a primera vista. 

El humor se vale mucho de la exageración y hacer el ridículo siempre provoca risa. Podemos ser patéticos pero ese patetismo se pierde en el momento en que aprendemos a reírnos de nosotros mismos. Para mí la figura patética de verdad es esa persona soberbia y pedante que no se sabe reír. En el momento que te ríes de ti mismo te humanizas.

Yoga a primera vista trata en realidad muchas tragedias, muchas situaciones que nos llevarían a refugiarnos en un rincón llorando, pero consigues en parte darles la vuelta.

Tragedia y comedia son las dos formas que te permiten contar cualquier cosa. No sé si fue Mark Twain quien dijo que “Comedia es tragedia más tiempo”. Yo digo que eso o perspectiva. Alejarte de todo un poco te da esa opción.

Yo me he reído con bastantes situaciones en las que me he visto reflejada mientras pensaba “yo también he hecho tal o cual tontería”, tal vez no llegando al extremo de la novela, pero también creo que los vascos somos muy de reírnos de nosotros mismos. Pero cuando tratamos el humor siempre entra en cuestión algo que ahora mismo está muy en boga: los límites, las susceptibilidades, qué estaríamos o no autorizados a decir y por quién. Tú que también eres guionista de comedia entre otras cosas tal vez tengas esta cuestión aún más presente.

Hay temas polémicos que casi a nivel subconsciente te autocensuras. Tal vez podría haber sido más bestia o más directo, pero no lo he hecho. Hace años trabajé como guionista en la serie Siete Vidas y algunas de las tramas que planteamos en aquel entonces no las podríamos vender a día de hoy. Intento luchar contra mi mismo en ese aspecto, no quiero coartarme porque creo que es puede hacer humor de casi todo. Puedes usar, como he hecho, una persona con deficiencia psíquica para crear una situación humorística pero no atacar a esa persona, es un instrumento, pero no quieres que haya una herida o un daño al más débil. Pero hay gente que piensa que el hecho de que aparezca en la trama ya es motivo de queja.

¿Crees que la solución pasa por ese ejercicio de autocensura? ¿O tal vez tendríamos que mostrar que nos importa menos? Igual que no todos los libros nos gustan tampoco tendrían por qué hacerlo todos los chistes.

Yo me arriesgo y si hago cierto tipo igual alguien se ofende, pero no pasa nada. Hace años, en el Siglo de Oro, se tiraban tomatazos durante los espectáculos cuando no gustaban y ahora te ponen verde en Twitter. Lo que no debería pasar es que las editoriales se asusten y decidan echar algo atrás, o directamente no publicar. Pero tampoco me gusta eso de “los ofendiditos”. La gente tiene derecho a ofenderse, no a todo el mundo le va a gustar lo mismo. Hay que tirar para adelante.

¿Ha sido tu caso? ¿En algún momento tus editores han puesto pegas a algún detalle de la novela?

Pensaba que, cuando la compró una editorial grande, me iban a poner pegas al final, o a algunos aspectos. Pero mi sorpresa fue que no han dicho nada sobre la historia. La única corrección ha sido la ortotipográfica. He sido afortunado en ese sentido. Pensaba que querrían cambiar cosas, e incluso tengo amigos que me sugerían que la protagonista fuera una mujer porque se vendería mejor. Pensaba que iba a tener que defender mi trabajo pero no, he tenido suerte.

Es muy complicado decir de qué trata Yoga a primera vista. Aunque se venda de entrada como una historia romántica, de amor truncado, la verdad es que a lo largo de las páginas le das caña un poco a todo: te metes con las nuevas generaciones alienadas por cuestiones de yoga, bienestar e hiperpositivismo, te metes lo mismo con la gente de pueblo que con la de ciudad, con el sistema de alquiler y precariedad laboral y de vivienda de los jóvenes… no sé cómo la enmarcarías tú.

Quería escribir un libro de humor porque me gusta la literatura de humor. Todo lo que le pedía al personaje es que fuera una versión un poco cínica y que también la presencia de los secundarios estuviera supeditada al humor. Tampoco quería algo muy liviano, un títere manejado por su autor que se diera trompazos. Pensé que había que aplicar esa mirada a todo y hacer una novela social que no fuera totalmente intrascendente y que hubiera un poco de crítica a esta época que nos ha tocado vivir: las redes sociales, los egos… que aparecieran, pero siempre desde una perspectiva cómica.

No sé si has tenido algún referente al escribirla. Yo, cuando la leía, pensaba mucho en Cantinflas porque mi familia veíamos sus películas cuando era pequeña. También en Ignatius G. Reilly de La conjura de los necios. Incluso en Fuckowski de Memorias de un ingeniero de Alfredo de Hoces que es el equivalente a tu protagonista, pero en el mundo de la ingeniería en lugar del de los guiones de televisión.

La conjura de los necios me encanta, pero creo que se ha explotado mucho ese tipo de personaje, lo tienes en Lo mejor que le puede pasar a un croasán; hace poco Alba Carballal publicó en Seix Barral Tres maneras de inducir un coma… Pero una novela que me gustó mucho y creo que pasó desapercibida en su momento fue Eureka Street, de Robert McLiam Wilson, en la que a la vez habla del terrorismo del IRA, de una relación de pareja y hay humor sobre el catolicismo irlandés exacerbado. Me encantó por el difícil equilibrio y porque, aunque hubiera humor era una novela muy seria. Yo no soy tan serio ni tengo esa habilidad, pero para mí fue un referente.

Hay otra novela titulada ¿De qué vas?, de William SutCliffe, que es la historia de una pareja que va a la India, ella descubre ese mundo espiritual, él no y la pareja se rompe… Y por supuesto me gustan los clásicos ingles de la comedia como P. G. Wodehouse.

¿No crees que hacer comedia es algo difícil? Cuando en la librería me preguntan por una obra dramática, es relativamente sencillo acertar. Pero cuando piden algo divertido, siempre tengo la impresión de que el humor es mucho más subjetivo que el drama. Guionizar comedia o escribir comedia me parece muy difícil.

Eso lo experimenté ya de niño cuando mi hermano y yo nos partíamos con Faemino y Cansado y nuestros padres nos miraban sin entender de qué nos reíamos. Hay ya vimos que cada uno tiene un sentido del humor y que tus amigos suelen ser quienes comparten esa visión del humor y te hacen y les haces reír. De qué se ríe una persona y de qué se ofende me parece una forma de conocerla, de definirla.

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  • Título: Yoga a primer vista
  • Autor: Félix Jiménez Velando
  • Editorial: Planeta (más información del libro aquí y puedes leer un fragmento del libro aquí)
  • 400 páginas. 17,90 Euros (formato papel); 8,99 Euros (forma