Un mundo hostil es una novela gráfica bizarra. Bizarra en aspecto, gracias a las ilustraciones monocromas de Núria Just. Bizarra en contenido porque Gakian ha volcado buena parte de su experiencia para hacer algo a lo que ya nos tenía acostumbrados en redes: llevar una sátira hasta ese extremo en que no sabes si reír o llorar.

Y no me había dado cuenta de que yo ya conocía a Gakian antes de entrevistarla con ocasión de esta novela gráfica. Lo descubrí más tarde cuando me puse a rebuscar en redes y recuperé este vídeo con el que me había echado unas risas tiempo atrás. Quien lo vea puede hacerse una idea más clara del cómic que cualquier explicación por escrito.

En Un mundo hostil Gabi o Gabriela es una adolescente que se marcha de casa, busca trabajo, trata de ser modelo, se harta de ciertas implicaciones de ser modelo, vive de forma precaria, sufre las subidas indiscriminadas de los alquileres, adopta un gato bizco y descubre su propia sexualidad. Entre otras cosas. Todo esto en apenas un puñado de páginas que son espacio suficiente para que escritora e ilustradora satiricen sobre una sociedad con un alto grado de decadencia a la luz de los hechos que exponen de una manera bastante normativa, sin que el contexto de a entender la salvajada del contenido.

Gakian

¿De dónde sale la idea de un mundo hostil, la necesidad de poner una idea por escrito?

Es una historia larga. Por una parte tanto Núria como yo hemos sido siempre muy, muy frikis. Hemos sido consumidoras de manga, cómic y novela gráfica y es un sueño de niñas poder hacer algo así. Por otro lado yo estoy activa en redes sociales, sobre todo en Instagram, pero no mucho últimamente porque tengo muy claro que es más importante hacer las cosas cuando te apetecen y te nacen que no por obligación. Aunque al fin y al cabo esto sea un trabajo, estás mostrando siempre una parte bastante bastante personal de ti en redes. Aunque yo sea muy performántica y haya bastante sátira y humor en lo que hago creo que es algo que disfruto haciendo y no quiero quemarme muy rápido.

En lo personal me considero una contadora de historias. Aprovechar las redes sociales como un medio más es muy interesante. Y a raíz de eso me ha surgido la oportunidad de hacer Un mundo hostil junto a Núria y estoy muy contenta.

¿Desde el primer momento tenías claro que la opción narrativa iba a ser un cómic y no un relato o una novela? 

Yo seguía a Núria Just desde hacía mucho tiempo y la admiraba por su trabajo. Me encanta la atmósfera rara y perturbadora de sus trabajos, personas que parecen descolocadas en el espacio… A raíz de lo pesada que fui ella se fijó en mi trabajo y empezamos a ser mutuas admiradoras. Ella me propuso hacer un cómic, encargándose del dibujo y yo de la historia y así arrancó Un mundo hostil.

Meses más tarde nuestro editor en la editorial Planeta me preguntó si quería publicar algo y le presenté el cómic que estábamos haciendo. La verdad es que si no era eso no me apetecía hacer nada, hacer por hacer no tiene sentido. Le presentamos el proyecto que sorprendentemente le gustó, porque somos conscientes de que es una novela gráfica de nicho, y aquí estamos.

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El personaje principal, Gabriela, parece que se mueve hacia una locura inducida por su propio deseo de alcanzar la libertad. Cuanto más hace lo que ella quiere, más da la impresión al lector externo de que se está introduciendo en mundos más extraños. 

¿Tú crees? A mí me parece interesante porque el cómic es una ventana abierta a una realidad distinta pero que está presente a la vez en muchas chicas y a muchas personas. Se nota que tanto Núria como yo hemos mamado de la generación X, con historias del antihéroe cabreado con el sistema que vive en una mundo alternativo al sistema. Aunque parezca bizarro y hasta repugnante lo que contamos no me parece tan alejado de la realidad. Simplemente lo hacemos sin vaselina.

Resulta muy interesante la forma que tratáis la sexualidad de la mujer, de una forma muy abierta, desde el inicio de autodescubrimento hasta las diferentes experiencias que van surgiendo en la novela y que se alejan de cierto estándar normativo. 

Sí. La sexualidad femenina es un tema en el que ha costado mucho que las mujeres nos podamos empoderar más allá del consumo masculino. Hablar de esto de manera natural me sale solo. Más que hacer una reivindicación de la sexualidad femenina es un detonante dentro de la vida de la protagonista y forma parte del arco de evolución, de la necesidad de ser cada vez un poco más coherente con lo que le viene bien.

A veces las cosas no las deseamos de forma genuina sino que se adaptan a nuestras necesidades. Es como hacer malabares entre lo que necesito, lo que deseo y lo que tengo que hacer. Hemos intentado plasmar situaciones y momentos tabúes para la mayoría de la gente de la forma más natural y poco sensacionalista posible pero sin esconder ni dejar de tratar nada.

La primera parte de la novela está muy relacionada con el físico y el culto al cuerpo, lo que nos piden para ser triunfadoras y que viene por un impositivo externo y el establecimiento de cánones. 

Sí, la verdad es que creo que parte de mi trabajo en redes es satirizar esa parte del sistema capitalista, lo que nos inculcan que tenemos que aspirar. Muchas veces no sabemos bien dónde está la línea entre lo que deseamos y por qué lo deseamos y cómo encaja eso dentro de un molde. Siendo joven aún no tenemos estructuradas en la cabeza estas cuestiones y somos mucho más vulnerables a algunas de las situaciones que se presentan en el cómic.

Más allá de la novela, en mi vida personal estuve trabajando en esos ambientes en Milán durante unos meses y las chicas son exageradamente jóvenes, es raro que hubiera alguna mayor de veinticinco años. Ves a niñas de dieciséis años viajando solas, en ambientes bastante turbios porque las agencias tenían acuerdos con bares para que las modelos aportaran un ambiente guapo al local… Todo era absurdamente loco y superficial. Y en esos lugares hay droga, hay adultos que intentan acercarse a ellas… y todo eso me pareció muy sórdido lo mucho que está normalizado. Esa realidad puede que le funcione a algunas personas pero mi intención ha sido abrir una ventana desde mi perspectiva.

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El final está en suspenso, te quedas con la sensación de que faltan páginas. 

Hemos sido malas. La verdad es que la intención sea esa para que haya un segundo y un tercero. Nos gustaría hablar de otros muchos temas como las relaciones tóxicas. Tengo mucho que explicar y comunicar a través de este medio.

Hay un contraste muy llamativo entre la capacidad de toma de decisiones de Gabriela, tal vez no siempre bien meditadas pero que en las que se observa cierta seguridad en sí misma, y la falta de experiencia sexual que tiene al principio. Es como si no cuajaran ambos aspectos en el personaje. 

Me parece que ligar la sexualidad a la pureza  o no pureza es un error que viene de nuestra educación cristiana. Creo que puedes tener una vida sexual muy activa y a la vez ser una persona muy inocente o al revés. Es una dualidad del ser humano que no tiene por qué estar contrapuesta.

Otro tema del cómic son las drogas y de nuevo se hace patente la normalidad con la que entran o salen de escena. 

Sí, como en la vida real, que vas a un bar, sales de fiesta y están ahí. Hay gente que consume y gente que no, gente que tiene una vida súper elitista y se pone ciega a cocaína y gente que no. Como todo.

Pensando en una de las escenas finales, en la que una pareja de clase alta contrata a dos acompañantes o escorts y se sienten a la vez atraídos por ellas pero asqueados y superiores, ¿hay una crítica a esta clase económica dominante?

Me cuesta mucho a veces poner palabras detalladas sobre la totalidad de lo que pretendo expresar y por eso me siento tan cómoda navegando en la ficción y en el surrealismo. Sí que hay una crítica a la sociedad, más que a la clase alta, a la doble moral, a los prejuicios… Es algo que existe y que está ahí y parte de mi trabajo es meterme con esas cosas.

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  • Título: Un mundo hostil
  • Autor: del texto Gakian con ilustraciones de Núria Just
  • Editorial: Planeta (más información del libro aquí)
  • 112 páginas. 14,90 Euros (formato papel); 6,99 Euros (formato digital).