Jaiden Dixon. Kenneth Mills-Tucker. Stanley Taylor. Pedro Cortez. Tyler Dunn. Edwin Rajo. Samuel Brightmon. Tyshon Anderson. Gary Anderson. Gustin Hinnant.

Con casi total seguridad estos diez nombres no os suenan de nada. Es lo normal. Apenas hay un centenar de personas que les conocen. Sin embargo, todos ellos tienen algo en común, algo que llevó a Gary Younge a emprender un ensayo titulado Un día más en la muerte de Estados Unidos.

Todos ellos son niños. Todos tienen entre nueve años el más joven hasta diecinueve el mayor —no olvidemos que en Estados Unidos la mayoría de edad se cumple a los veintiún años—. Todos ellos son obviamente estadounidenses. Todos ellos murieron el mismo día, un veintitrés de noviembre de 2013. Todos ellos murieron por arma de fuego. Apenas nadie notó sus muertes, la prensa no se hizo eco de algo que en otro país sería una noticia de primera página. Todos ellos son, hasta cierto punto, la excusa de la que se sirve Younge para abordar la sociedad de Estados Unidos.

Controlar las armas legales no importa. Entonces ¿qué hacer?

Porque, aunque lo parezca, Un día más en la muerte de Estados Unidos no es un alegato en contra de la segunda enmienda, en contra del derecho de los ciudadanos de a pie a portar un arma de fuego. Aunque la cuestión esté ahí de forma constante a lo largo de sus más de trescientas páginas. Younge ha ido un paso más allá.

Gary Younge (Stevenage, Gran Bretaña, 1969) es un periodista británico. En 1993 comenzó a trabajar para The Guardian gracias a una beca y después de cubrir reportajes en Europa, África y América se trasladó como corresponsal a Estados Unidos en 2003, donde formó una familia y permaneció hasta el año 2015. De regreso a Gran Bretaña, trabajó como columnista hasta 2020, año en el que se retiró y comenzó a impartir clases en la Universidad de Manchester.

gary Younge

Gary Younge

Gary Younge publicó en 2016 su libro Another Day in the death of America tal vez como una forma de tratar de explicar lo que muchos tenemos en mente cuando pensamos en Estados Unidos: ¿cómo es posible que se siga permitiendo la posesión de armas sin controles más estrictos habida cuenta de la cantidad de matanzas masivas que, año tras año, nos llegan a través de las noticias? ¿Qué hace falta para detener esa escalada de violencia?

La incomprensión de una mirada extranjera

Tal vez, decía, ese fue su propósito inicial, pero lo que encontró fue una descripción de gran parte de la problemática que asoló a una sociedad que se sigue autodefiniendo como «la tierra de las oportunidades». Younge, alarmado por una muerte de un niño en su ciudad, decide, de forma aleatoria,  escoger un día: el 23 de noviembre de 2013. A partir de esa fecha comienza a indagar en prensa, boletines policiales, páginas web hasta dar con diez casos de niños fallecidos por armas de fuego. Diez casos que, como bien dice, es posible que no sean los únicos casos que se dieron ese día. Hay otros que no llegaron a quedar registrados, de los que no ha podido recuperar ni tan siquiera el nombre.

Diez niños. Diez nombres que fueron el pistoletazo de salida de un viaje a lo largo del territorio de Estados Unidos para tratar de descubrir quiénes eran, en qué circunstancias murieron, si se podría haber evitado de alguna forma, qué consecuencias tuvieron sus muertes en la comunidad.

La radiografía de una sociedad del supuesto primer mundo

Un día más en la muerte de Estados Unidos se transforma así de alegato anti armamentísticos en una radiografía de la sociedad estadounidense: su aún existente y muy evidente problema de segregación racial y económica, la precariedad en la que vive gran parte de la población, los guetos que aunque no se llamen así, lo son en la vida real, el deficiente sistema sanitario, la desesperación de quienes no sabrán nunca por qué les paso eso a sus hijos o de quienes saben quien les mató pero nunca encontrarán la paz en un sistema judicial colapsado.

Younge no acusa, no trata de buscar soluciones: solo trata de entender, de encontrar patrones, respuestas a una de las situaciones que más revuelven al ser humano: la muerte de un niño. Sus muertes no son peores que las de las decenas, tal vez cientos de adultos que murieron ese mismo día, pero nos provocan esa sensación de incorrección, de error insalvable, nos dejan un vacío que no se cubre con un análisis intelectual.

Cuando la estadística te juega en contra

Sucedió por error, porque dejamos un arma al alcance de otro niño; sucedió porque le confundieron con el miembro de una balda; sucedió porque un padre furioso quería vengarse de su ex mujer; sucedió porque estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado; sucedió porque un accidente le hizo perder su trabajo y de ahí a perder tu casa en un sistema que no tiene garantías sociales va un paso; sucedió porque su padre debía trabajar en el turno de noche y no podía vigilarlo; sucedió…

Las causas son múltiples pero el problema de fondo que Younge denuncia es el mismo: la sociedad estadounidense no es el glamour de Hollywood, las estadísticas no mienten y aunque se supone que todos sus ciudadanos son iguales, la realidad es que la pertenencia a una raza, a una clase social o económica inclina la balanza de la vida hacia uno u otro lado. Todo esto lo hace con un texto brillante, entretenido, que cae en el lado comprensible del ensayo, sin abuso de datos pero con la suficiente veracidad, sin caer en el análisis estadístico carente de emoción pero tampoco en el sentimentalismo más vacuo.

Un día más en la muerte de Estados Unidos es un texto necesario. Más aún ahora para desviar la atención de otras emergencias o, tal vez, para darse cuenta de que ante cualquier crisis no todos vamos a poder superarla con las mismas herramientas.

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  • Título: Un día más en la muerte de Estados Unidos
  • Autor: Gary Younge (traducción de Maria Luisa Rodríguez Tapia)
  • Editorial: Libros del K.O. (más información del libro aquí)
  • 360 páginas. 22,90 Euros (formato papel); 8,99 euros (formato digital)