Teatro, de Florian Zeller

Hoy, 27. de marzo, se celebra el Día Mundial del Teatro. Fue iniciado en 1961 por el Instituto Internacional del Teatro ITI. Es celebrado anualmente en esta fecha por los Centros ITI y la comunidad teatral internacional. Varios eventos locales e internacionales son organizados para conmemorar esta ocasión. Uno de los más importantes es la circulación de Mensaje del Día Mundial del Teatro, donde figuras de renombre internacional son invitadas por para compartir sus pensamientos sobre el teatro y la cultura de paz.

El primer mensaje del Día mundial del Teatro fue escrito por Jean Cocteau en 1962 y, en 2026, este honor le ha correspondido a Willem Dafoe. Podéis leer el mensaje original aquí y traducido al castellano aquí. Y, por si tenéis curiosidad, la única vez que se le ha ofrecido este honor a un español fue en 1987, a Antonio Gala. 

Así que es un buen día, en resumen, para hablar de una obra teatral recién publicada en nuestro país. O de tres.

Florian Zeller, una cúspide de la dramaturgia francesa

La reciente publicación por parte de Editorial De Conatus de Teatro, pone a nuestro alcance una antología que reúne tres piezas dramáticas: El padre, La madre y El hijo. una obra que nos va a dar la oportunidad de adentrarnos en uno de los dramaturgos contemporáneas más influyentes de nuestro tiempo: Florian Zeller. Estas tres piezas, que Zeller ha descrito como una “trilogía involuntaria”, no solo comparten temática —las tensiones y fracturas de la familia moderna— sino también un estilo distintivo.

Florian Zeller (París, 1979) se ha consolidado como uno de los dramaturgos franceses vivos más representados en el mundo, con sus obras traducidas y montadas en múltiples idiomas y países. Su escritura ha trascendido el escenario: la adaptación cinematográfica de El padre (2020), dirigida por él mismo, le valió un premio Oscar al mejor guion adaptado y un reconocimiento global que ha revalorizado el teatro contemporáneo francés en diversos públicos internacionales.

Florian Zeller
Florian Zeller © PatrickZwirc

El padre, el mal que acecha a nuestras mentes

La pieza más celebrada de las tres es, sin duda, El padre (Le Père). Estrenada en 2012 en el Théâtre Hébertot de París, esta obra no tardó en convertirse en un éxito global traducido a más de 50 países, recibiendo múltiples premios y aclamaciones de crítica y público. En España, por ejemplo, ha interpretado la figura del padre Josep María Pou.

Zeller define El padre como una “farsa trágica”: combina el humor negro con un retrato brutalmente honesto de la pérdida cognitiva. La obra sitúa al espectador dentro de la mente de André —un hombre de edad avanzada que está perdiendo su memoria aquejado de Alzheimer  y, con ella, la confianza en lo que es real—, utilizando la repetición, el cambio de espacio y el desplazamiento de objetos y personajes para reproducir esa desorientación interna. El público/lector no solo mira, sino que experimenta esa confusión como propia y se aferra con ansiedad a los restos de lógica en este hombre como si fueran los propios.

Esta estrategia convierte lo cotidiano en inquietante. La obra alterna momentos de ironía y comedia con escenas de profundo dolor, logrando que el espectador cuestione lo que percibe y lo que es real o no. El impacto emocional está garantizado con esta historia que también ha sido llevada al cine con actores de renombre como Anthony Hopkins, consolidando la pieza como un texto canónico sobre el Alzheimer y la memoria.

La madre, el vacío emocional de la maternidad consumida

Mientras que El padre se asoma al abismo de la mente que se deshace, La madre (La Mère) examina otro tipo de colapso psicológico: el de una mujer cuyo mundo entero ha girado en torno a su familia y, al perder esa función central, se enfrenta a la soledad, la pérdida de identidad y un sentimiento de vacío absoluto.

A diferencia de otras narrativas centradas en la maternidad que celebran el sacrificio, Zeller se adentra en el territorio más inquietante del afecto excesivo y el apego destructivo, hasta el punto en que cabe pensar en un complejo o síndrome de Yocasta. La protagonista ha edificado su vida en torno a la presencia y las necesidades de su hijo y, cuando éste se va de casa, queda confrontada con un silencio que resulta insoportable.

Para Zeller, el conflicto no es solo la ausencia física de los hijos, sino la crisis de sentido que se desata cuando una madre precipita su identidad en función de otro.  Esta obra se convierte así en un espejo crítico de nuestros tiempos: ¿puede un amor ser demasiado intenso? ¿Dónde termina el cuidado y empieza la imposición? ¿Cuándo el afecto maternal se transforma en un universo alienante? La estructura de la narración —no lineal, fragmentada y casi ensimismada en la conciencia de la mujer— refuerza esta sensación de claustrofobia emocional que empuja al público a habitar ese interior tortuoso.

Las producciones contemporáneas de La madre, con actrices como Isabelle Huppert o Aitana Sánchez-Gijón, han destacado precisamente esta complejidad: se trata de una obra que exige al intérprete y al público una inmersión total, sin concesiones a la complacencia emotiva.

 El hijo, la generación que no encuentra su lugar 

La tercera pieza del volumen, El hijo (Le Fils), cierra esta trilogía que, aunque no fue diseñada inicialmente como tal, conforma un arco significativo sobre tres etapas y roles familiares —padre, madre e hijo—.

El hijo nos introduce en una temática dolorosamente actual: la salud mental juvenil y la fragilidad emocional de los adolescentes en crisis. Nicolas es un joven que ha dejado de acudir a clase durante meses debido a una depresión profunda. Sus padres, separados, intentan comprender y ayudarlo, pero pronto se enfrentan a sus propias limitaciones emocionales.

La pieza más que resolver el conflicto, deja al público con preguntas inquietantes sobre la responsabilidad parental, la comunicación emocional y la incapacidad de los adultos para escuchar sin proyectar sus miedos.  Despliega una terrible tensión dramática y, lejos de ofrecer respuestas fáciles, Zeller condena cualquier intento de simplificar la experiencia del sufrimiento adolescente, invitando al lector/espectador a una reflexión profunda que se extiende más allá del texto mismo.

Un autor de narrativa simple y complejas emociones.

Lo que hace singular el teatro de Zeller —y que queda especialmente claro al leer estas tres obras reunidas— es su capacidad para combinar una escritura precisa, casi clínica en su observación psicológica, con una empatía arrolladora que no se traduce en sentimentalismo, sino en una verdad dramática que duele. Su lectura es fácil, gracias a que se sostiene en diálogos cotidianos, habituales en cualquier hogar, lo que a su vez hace que el realismo penetre en el terreno del miedo, de lo que podría sucederle a cualquiera.

Estas piezas funcionan tanto en escena como en lectura: Zeller no se limita a describir situaciones, sino que construye una experiencia teatral en la mente del lector, donde la ambigüedad, la ironía y la interacción entre percepción y realidad se convierten en motores de sentido. Atraviesa sin dudarlo puntos sensibles de nuestras emociones y nos deja con interrogantes que se niega a rellenar.

el padre, la madre, el hijo, Florian Zeller, de conatus, portada

  • Título: Teatro 
  • Autor: Florian Zeller, traducción de Coto Adánez
  • Editorial: De Conatos (podéis leer más información sobre el libro aquí )
  • 240 páginas.24,90 Euros (formato papel); 

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