Julia Armfield se ha convertido ya en una de esas autoras que, por cómo cuenta las historias, por su componente rayando en lo fantástico sin terminar de sumergirse —nunca mejor usado un verbo— en ello, por su ambientación a veces cercana a lo onírico, me interesa mucho seguir. Hace unos meses se publicó en España su segunda novela, Ritos privados, que se une a la estupenda Nuestras esposas bajo el mar, de la que ya hablé con anterioridad aquí.
Armfield (Londres, 1990) es esa autora que las listas Grant incluye, entre las que se encuentra el caso de autores británicos, donde se eligen veinte cada diez años. Veinte jóvenes promesas de la literatura. Julia Armfield entra en la escena literaria con “El gran despertar”, un libro de cuentos fantásticos publicado también por la editorial Sigilo y traducido por Marcelo Cohen. Se trata de una antología de relatos donde la autora aborda la extrañeza con respecto al propio cuerpo, la adolescencia, las metamorfosis y la enfermedad. Y, como suele ser frecuente en la literatura, esos mismos temas surgieron de nuevo en Nuestras esposas bajo el mar, su primera novela, que nos llega bajo el mismo sello editorial y con traducción de Virginia Higa con Ritos privados se adentra de nuevo en el agua y en sus terrores habituales.

Ritos privados, la de-construcción de una familia.
La novela nos lleva, a través de sus voces combinadas con la voz de “la ciudad” a las vidas de tres hermanas que están distanciadas tras la muerte de su padre, un arquitecto brillante e ilustre que había inventado una nueva manera de construir, adaptada al colapso ambiental, y que se ven obligadas a hacer un último esfuerzo por mantener de alguna forma unidos los hilos que las conectan e ignorar el efecto que su padre ha tenido en ellas. Cada una reacciona de manera distinta a la muerte del padre y ninguna tenía una buena relación con él. El vínculo entre ellas está muy tenso, al borde del quiebre.
De nuevo nos adentramos en un territorio que tiene mucho de fantástico o, más bien de distópico. El planeta ha sido afectado por terribles inundaciones: ha llovido tanto que las ciudades están parcialmente anegadas, hay edificios inundados, la gente incluso se desplaza en ferry en un panorama oscuro, húmedo, acuático que tiene un interesante componente climático. Las familias más adineradas pueden permitirse vivir en las plantas más altas de los edificios de nueva construcción mientras que los pobres sobreviven en espacios que, tal vez, al día siguiente ya estén cubiertos por el agua.
Ritos privados reinterpreta, en clave moderna y queer, El rey Lear de Shakespeare: es una historia de herencia, traición, rivalidad entre hermanas, secretos familiares que tal vez sea mejor no sacar a la superficie. Porque la tensión no limita a lo emocional —el duelo, la lealtad, el apego—, sino que hay algo más oscuro, que irrumpe ya en el primer capítulo y que sobrevuela la historia hasta el polémico final, algo más antiguo, algo reprimido o que las hermanas casi no recuerdan pero que ejerce su influencia en su forma de comportarse y ver la vida.
La construcción de lo medioambiental
El clima, el colapso climático más bien, funciona en Ritos privados no como un tema, sino como una certidumbre: no es una amenaza sino el estado natural de las cosas. La humedad se filtra por las páginas de la novela para generar una atmósfera de sufrimiento generalizado, de triste adaptación pasiva de la población a la nueva realidad en la que vive. No es por tanto un tema de lucha, de arreglar, de advertencia, sino un grito desesperanzado ante lo que ya no tiene vuelta de hoja: no vamos a ser más buenos, no vamos a hacerlo mejor. Solo vamos a intentar sobrevivir. Con esto, Armfield nos pone en una normalización de la catástrofe, en un retrato contemporáneo de todo lo que está mal pero que no nos importa o sí, pero estamos demasiado atomizados para ponerle freno.
Al mismo tiempo, el clima es también un reflejo de la situación psicológica de las protagonistas. El agua, siempre a punto de desbordarse, de inundar todo, es un símbolo quizás del duelo, del dolor, del trauma acumulado, del colapso de los vínculos entre las hermanas y de estas con su padre, mientras que su presencia también es una balsa de contención que oculta lo que hay por debajo. La lluvia, sin voz porque no la necesita a diferencia de “la ciudad”, es un personaje que moldea los tiempos de la acción, que decide cuándo la tensión debe llegar a sus extremos y cuándo se puede dar un respiro al texto.
Por último, el clima también es un reflejo de lo social y lo político, relacionado con la profesión de arquitecto del padre: su trabajo era diseñar edificios innovadores, resistentes al agua… pero para la clase alta capaz de permitirse adquirirlos y vivir en ellos. Hay una sombra de elitismo, de privilegio, de ilusión de control desde lo económico y las desigualdades sociales que resultan muy interesantes porque Armfield planta la idea de que el cambio climático no es igualitario, no nos afecta a todos del mismo modo y tampoco parece haber una respuesta social contundente ante ello.
La familia desde lo queer
Armfield es una autora que ha afirmado en ocasiones que lo queer “entra” naturalmente en lo que escribe. La definición es bastante exacta: sus novelas se mueven en la narrativa LGTBI+ porque sus protagonistas pertenecen a la comunidad, pero al mismo tiempo hay una cierta irrelevancia en ese hecho, no determina el transcurso de la historia. En Ritos privados, que las tres hermanas sean lesbianas no influye en cómo se tratan entre ellas ni en cómo las tratan los demás —más allá de un breve “chiste” al respecto durante el funeral de su padre—. Esta normalización resulta muy interesante porque a la vez sus novelas se mueven en lo marginal, en lo extraño.
Lo queer en las novelas de Armfield y en Ritos privados en particular da voz a identidades y relaciones que han sido marginadas, normalizándolo como parte del tejido narrativo, no como “tema de nicho”. A su vez, le da pie a hablar de ello como una metáfora de lo que no encaja en la sociedad, que no siempre está referido a la sexualidad de las protagonistas, pero que planta una semilla para explorar lo que sí es extraño, lo que deja translucir lo que se espera del lector como comportamiento a adquirir.
Este juego permite desestabilizar los roles habituales de género y familiares: hermana, hija, madre, esposa… son límites a veces difusos y cuestionables que permiten reinterpretar una obra clásica en términos más actuales y comprensibles.
Una novela de tensión creciente y final extraño
Julia Armfield combina en Ritos privados géneros diversos: de la novela más familiar y emocional a la distopía, pasando por un tono que nos resulta cercano al terror y lo gótico, con una atmósfera cargada de elementos simbólicos, naturaleza extrema y una mirada íntima a las relaciones afectivas no normativas, que se abren camino en una familia desestructurada donde cada miembro ha sobrevivido bajo sus propios deseos, a menudo en contradicción con los de los demás.
De fondo, la reconstrucción de los traumas familiares y el estudio de cómo afectan, impactan o se vertebran en la memoria, cómo surgen en el momento más inesperado y qué formas adaptan para forjar el carácter de tres hermanas unidas y a la vez distanciadas por sus propios miedos, resentimientos, heridas.
Armfield combina el colapso climático con las tensiones familiares en un texto que es íntimo y grandioso al mismo tiempo, intenso pero verosímil y sembrado de la oscura belleza de su componente medioambiental. La guinda la pone un final que puede resultar desconcertante y que no gusta a todo el mundo si bien conecta con el comienzo y deja espacio a la interpretación del lector.

- Título: Ritos privados
- Autor: Julia Armfield (traducción de Virginia Higa)
- Editorial: Sigilo (podéis leer más información sobre el libro aquí y leer las primeras páginas aquí)
- 288 páginas. 22,50 Euros (formato papel).
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