Retorno a Little Summerford

Posiblemente yo no hubiera leído la novela que hoy traigo a la palestra si no fuera por una circunstancia muy particular: un cliente de mi librería me ha comprado más de dos decenas de ejemplares del título anterior, publicado también por la editorial Periférica, de Reginald Arkell: Memorias de un jardinero inglés. Título que, por otro lado, tampoco me habría llamado la atención de entrada porque soy poco naturalista. Pero dados esos precedentes, decidí embarcarme en esta novela titulada Retorno a Little Summerford. 

Ya puestos a decir cosas, también voy a dejar caer que el título traducido de la novela no me convence demasiado. Si bien por una parte es muy descriptivo de qué sucede en la historia y, sobre todo, dónde sucede, tiene algo de spoiler que no termina de ser de mi agrado aunque ese retorno del que se habla se de por hecho casi desde un principio y no altere en realidad la lectura. Tal vez mis reticencias vayan más bien asociadas a mi incapacidad de retener nombres —no digamos ya si son localidades extranjeras— y a que, sin miedo a equivocarme, acabaré recomendando este libro como «Retorno a alguna parte», título que le quita buena parte de su encanto británico. 

Reginald Arkell: periodista, dramaturgo y horticultor 

Reginald Arkell (1872-1959) fue un escritor y guionista británico, célebre por sus obras humorísticas. Desde muy joven se formó como periodista y comenzó a escribir para el teatro. Tras servir en el Ejército durante la Primera Guerra Mundial, centró su producción en libretos cómicos para musicales, entre ellos el de 1066 (One thousend sixty six) and All That, aclamada parodia de la historia británica.

Fue, además, editor de la revista Men Only y autor de cuatro volúmenes de «poesía de jardín»: «Green Fingers», «More Green Fingers», «Green Fingers Again» y «And a Green Thumb». Apasionado de la jardinería y la horticultura, Arkell consagró a esta disciplina varios textos, entre los que destaca Recuerdos de un jardinero inglés (1950, Periférica, 2020), su gran obra, protagonizada por Bert Pinnegar, inolvidable personaje cómico que recuerda al mítico mayordomo Jeeves, de P. G. Wodehouse. La versión teatral de esta novela fue representada en el castillo de Windsor frente a la familia real en las navidades de 1979.

En 1956 el cineasta Guy Hamilton llevó a la gran pantalla, con el título de Charley Moon, su novela Retorno a Little Summerford (1953), lo que ya nos da pie a comprender que fue un autor muy reconocido en aquellos años. 

Reginald Arkell
Reginald Arkell by John Gay, vintage bromide print, 1956

Retorno a Little Summerford o las peripecias de un muchacho llamado Charley Moon 

Retorno a Little Summerford es una novela de corte clásica que arranca de una forma que a mí, en lo personal, me encanta: con un prólogo en el que cuatro personajes se ponen a charlar tras la cena en un club teatral de Londres. Allí sale a la palestra, un poco por casualidad, entre conversación y conversación, el nombre de Charley Moon. A todos les suena pero ninguno de ellos sabe concretar, ni siquiera quienes le vieron en acción, qué fue de ese actor de comedia teatral tan aclamado en su momento. Me agradan enormemente estos arranques porque me indican el carácter literario de la obra y ya sé que estoy ante una obra de estructura y corte clásico. 

Entrados ya en materia, la novela nos cuenta la historia de Charley Moon: un muchacho dulce, despreocupado y bromista. Vive con su padre en un viejo molino que se cae a pedazos en los humedales de Little Summerford, una aldea situada en un remoto recodo del Támesis, en la campiña inglesa. Generación tras generación, los Moon se han ocupado del molino, que, sin duda, ha vivido tiempos mejores.

Como bien deja clara la novela, los primeros años del siglo XX fueron críticos para la agricultura inglesa y muchos negocios agrícolas estaban al borde de la ruina. Charley, aunque lamenta la situación por la que está pasando su padre, en realidad siente poco apego por las vicisitudes de la granja y mucho por el paisaje: su ocupación favorita es perderse en los prados y hacer expediciones por las acequias con su amiga Rose. Pescar y cazar son, junto con tumbarse a contemplar el paisaje, sus pasatiempos.

En un salto hacia adelante, Charley se alista en el ejército y, por su gracejo natural, pasa a formar parte del grupo de soldados que prepara la función de Navidad. Charley tiene presencia teatral y un don para la música, posee una habilidad única para provocar al mismo tiempo risas y lágrimas en los espectadores. Un buen día, un empresario de teatro descubre su talento y lo catapulta al éxito en las tablas del West End londinense.

El encanto del aquí y el ahora 

La novela está bañada de un discreto encanto. No podemos escaparnos al hecho de que Arkell, además de escritor, era dramaturgo y es precisamente en los diálogos entre los personajes donde más se da rienda suelta a ese sutil, discreto pero encantador humor inglés que hace chanza de los infortunios de Charley y quienes le rodean pero sin regodearse en ellos ni en sus desgracias. Es el humor de Arkell de tono caricaturesco sin exagerar, que además de a Woodehouse nos recuerda otras obras de la época como La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons, aunque esta última le precede un par de décadas. 

En el epicentro de la historia, organizada también en cierta forma en actos que nos cuentan tres etapas de Charlie Moon: la juventud, la locura londinense y el retorno a los orígenes, está una búsqueda incesante por aquello que nos hace felices, una especie de laberíntico paseo por el mundanal ruido de las altas esferas de Londres que no terminan de satisfacer al joven Moon a pesar de que su éxito —algo sorprendente por otro lado— le acarrea todos los contactos y el dinero que necesite. Pero no podemos dejar de fijarnos en la actualidad, en esos jóvenes dotados de un enorme talento, como muchos deportistas, que, sin embargo, caen en la miseria a la hora de gestionarlo. 

Moon se deja deslumbrar por los decorados dorados, pro lo que se supone que tiene que hacer, en lugar de dejarse guiar por sus emociones y su corazón que buscan entornos más agrestes, menos masificados y, sobre todo, la compañía de quienes le quieren bien y no por interés.

De fondo, la historia de la sociedad inglesa, de sus traspiés, de sus excesos y su egocentrismo, de buscar el provecho en el prójimo y mirarse poco el propio ombligo, no vaya a ser que no les guste lo que encuentren. 

Retorno a Little Summerford es una novela que, como su predecesora Recuerdos de un jardinero inglés, resulta amable y sentimental sin caer en la cursilería, nos ofrece una lectura de lo más agradable y reconfortante, tiene ese pequeño toque de humor que nos coloca una pequeña sonrisa en los labios y la historia que nos presenta no están tan sembrada de conflictos como para descolocarnos o sacarnos de un estado de ensimismamiento lector, algo que es muy de agradecer cuando la pretensión es dejarnos llevar con placer por las páginas de un libro. 

Retorno a little summerford, REGINALD ARKELL, periférica, portada

  • Título: Retorno a Little Summerford 
  • Autor: Reginald Arkell (traducción de Ángeles De los Santos) 
  • Editorial: Periférica (más información del libro aquí y leer las primeras páginas aquí
  • 288 Páginas. 21,00 euros (formato papel); 12,99 Euros (formato digital) 

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