Planeta solitario

Tal vez yo no tenía el día de lo más inspirado o tal vez estaba tan ensimismada en el texto y la propuesta de Ana Flecha Marco que tardé un rato en caer en lo certero del título: Planeta solitario. En todo caso, si el lector no lo pilla a la primera, la misma autora viene al rescate para recordarnos que es una traducción del inglés de Lonely planet. Mi generación identificará inmediatamente esas dos palabras con el acto de viajar, porque Lonely planet no son solo guías de viaje sino que en su momento era el título de una serie de documentales que nos llevaban a sitios que veíamos lejísimos, inalcanzables, extraterrestres en cierto modo. 

Lo de mi generación no lo digo porque el libro de Ana Flecha no sea un caramelo para cualquier edad, sino porque la era de las guías de viaje está llegando a su fin: quedan románticos que en la planificación de sus vacaciones vienen prestos a encargártelas sin importarles que la última edición sea de 2018, con el consiguiente desajuste de precios, locales que ya no existen o incluso conflictos armados que no se desencadenaron hasta más tarde. Esta gente las lee, las mima, las subraya y coloca marcadores sin importarle que hoy, a golpe de móvil, tienes la guía de viajes más completa que pudieras imaginar. 

Ana Flecha, de León a Noruega 

Con Ana Flecha me he ido cruzando en diferentes lugares. Mayormente en Twitter —perdón, en X— que es donde más encuentros con gente interesante y desagradable suelo tener y ella pertenece al primer grupo. Pero también en los trabajos que esta traductora del noruego, inglés y francés ha realizado. Sin ir más lejos, esto mismo que leí a finales del año pasado y reseñe este año porque la pila de libros leídos y la pila de libros reseñados son entes diferenciados. 

Además de ser traductora, también escribe artículos, reseñas y entrevistas en medios como Revista Salvaje, Vasos Comunicantes, El Trujamán o SModa. También son suyos los libros Dos novelistas nórdicas, de 2019 y Piso compartido en 2021, ambas publicadas en la misma editorial de Planeta Solitario, Mr. Griffin, del que también es editora en el sello Vía postal. 

ana flecha marco
Ana Flecha Marco. Fotografía de Laura C. Vela

Planeta solitario es un librito —uso el diminutivo por el tamaño del volumen y no por su contenido— de muy complicada definición. De él su autora cuenta que se inspiró en la propuesta de su editor de escribir un libro de viajes y le salió de aquesta manera. Lo que quiero decir es que no es libro de viajes, aunque la autora sí viaje en el libro, ni es una guía de lugares recomendados, aunque alguno que otro sí nos apetezca visitar después de leerlo. 

Planeta solitario, un encaje de bolillos  

Planeta solitario, por definirlo de alguna forma, es un compendio de las sensaciones, emociones y reflexiones que provoca el viajar, el no viajar o el querer viajar. Ana Flecha habla del viaje como un terreno inexplorado, un futuro que se presenta que puede o no tomar la forma real que nosotros imaginamos. Porque el trayecto a veces es fascinante y otras veces es un engorro y en pocas ocasiones es exactamente lo que esperábamos de ello. Por ejemplo, Ana nos habla de lo mucho que le gustaría tener un cuaderno de viajes, uno de esos preciosos volúmenes artesanos con textos inspirados y dibujos hechos con un kit de acuarela. Un kit de acuarela de viaje, por supuesto. Pero la realidad es que no pasa de comprar el cuaderno y no rellena más de dos páginas, que es algo que nos sucede a muchos cuando nos da por comprar papelería especializada. 

El libro comienza con una preciosa reflexión sobre qué es el extranjero. Cuando era pequeña, para Ana Flecha el extranjero era, ni más ni menos, el restaurante chino de la esquina de su calle, porque las sensaciones que le transmitía cuando lo visitaba eran sensaciones de otredad, de algo que no es aquí y, por lo tanto, se nos presenta como otra cosa a la que no sabemos bien cómo dar forma. Sin embargo, la primera vez que visitó Nueva York no tuvo esa misma sensación porque sentimos la ciudad como nuestra, como no extranjera, al haberla incorporado a nuestro imaginario a través de series y películas. 

Ser de aquí y de allá en un mundo globalizado. 

En Planeta solitario hay espacio para reírse entre reflexión y reflexión. Hay un hueco para pensar en que hacer la maleta es un arte que se aprende de la experiencia, aunque un poco de talento natural nunca está de más; que ahora en los aviones no sea obligatorio apagar los aparatos electrónicos puede ser una molestia que interrumpe el único momento que teníamos para desconectar de todo y de todos; que podemos —y debemos— admitir que la playa no nos gusta si así es sin miedo a que nos tomen por pueblerinos; que aprender un idioma es también, a su manera, viajar, porque en ese aprendizaje interiorizamos como otras personas en otros lugares construyen la lengua a partir de sus experiencias y, por contraste con las propias, nos abrimos a un mundo por descubrir. 

Planeta solitario es un libro exquisito construido con una enorme precisión y atención al detalle. Es un texto que roza la autoficción porque combina lo vivido con los recuerdos que no siempre son fieles a lo vivido, con las sensaciones que esos recuerdos provocan en quien los rememora. Esta pequeña delicatessen que funciona como un espejo en el que vamos a reflejar nuestros propios recuerdos. Es un libro que no puede no gustar y que, por su tamaño, es perfecto para llevarlo en el bolsillo cuando nos vayamos de viaje y tengamos añoranza de volver a casa. 

planeta solitario, ana flecha marco, mr. Griffin, portada

  • Título: Planeta solitario 
  • Autor: Ana Flecha Marco 
  • Editorial: Mr. Griffin (más información del libro aquí)
  • 160 Páginas. 16,00 Euros (formato papel)

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