En Muertes ejemplares, la escritora francesa Gabrielle Wittkop —de quien ya he hablado con títulos anteriores como El necrófilo— despliega una breve pero intensa colección de relatos que orbitan en torno a un mismo núcleo: la muerte como experiencia estética, como culminación narrativa y como revelación moral. Publicado originalmente en 1998 y recuperado en español por Cabaret Voltaire, el libro reúne cinco historias ambientadas en distintos lugares y épocas —desde la selva malaya hasta el París del siglo XVIII— que funcionan como variaciones de un mismo motivo: el instante final entendido como culmen secreto de toda una vida.
La obsesión de Wittkop con la muerte
Nacida en Nantes en 1920, Gabrielle Wittkop fue una figura singular dentro de la literatura francesa del siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial se instaló en Alemania y desarrolló una obra que oscila entre la ficción, el ensayo y la literatura de viajes. Alcanzó notoriedad con El necrófilo (1972), un texto tan provocador como refinado que la situó en la tradición del decadentismo europeo.
Su escritura, profundamente influida por autores como Charles Baudelaire se caracteriza por una fascinación constante por la belleza en lo abyecto. La crítica francesa la ha descrito como una autora “barroca y negra”, capaz de transformar lo macabro en una experiencia estética de alto voltaje literario.
Wittkop se describía a sí misma como sobrina de Sade, como un hombre libre, transgresora de toda norma social y férrea defensora de las libertades individuales. Y, desde luego, como una férrea defensora de la desmitificación de la muerte y de derribar los tabúes que pesan sobre ella. En Wittkop la muerte deja de ser un final para convertirse en el acontecimiento central que organiza el sentido de la existencia.

La muerte como sentido del relato
Buen ejemplo de ello es esta colección de relatos. Desde sus primeras páginas, Muertes ejemplares propone una inversión de valores: la muerte deja de ser el final trágico para convertirse en el verdadero centro del sentido de la historia. Los relatos no están construidos como simples historias que desembocan en una desaparición, sino como trayectorias cuya lógica interna solo se revela plenamente en el momento de morir. Cada personaje parece avanzar, consciente o no, hacia una forma de destino que da coherencia a su existencia y la muerte actúa como un cierre lógico a su devenir.
Wittkop no describe la muerte desde un punto de vista psicológico o moralizante, sino como un fenómeno estético. Este tratamiento se percibe en la precisión del estilo.Lo decadente y lo mórbido se convierten en materia de belleza. La muerte no es solo un acontecimiento, sino una forma de composición. La prosa de Wittkop es fría, minuciosa. No hay sentimentalismos. La prosa de Wittkop es elegante, incluso refinada, pero lo que describe es brutal. Esta tensión es, en gran medida, la fuente de su poder. Wittkop escribe como una autora del siglo XVIII pero sus temas la sitúan en una modernidad extrema.
También hay en su prosa un efecto sinestésico, de alteración de los sentidos: leemos sus palabras pero, con ellas percibimos sonidos, olores y sabores, el tacto de aquello que nos pone delante. Su imaginación desbordante nos traslada sin asomo de duda a espacios que nunca hemos pisado, a tiempos en los que nunca hemos vivido y que, sin embargo, podemos percibir con total claridad.
Muertes ejemplares, una galería de extrañas defunciones.
Los cinco relatos que componen el libro funcionan como una especie de galería. Cada uno presenta una situación distinta —un viaje, una relación, una obsesión— pero todos convergen en un desenlace que revela algo esencial sobre el personaje.
En este sentido, el título no es irónico: las muertes son “ejemplares” porque contienen una lección, aunque esta no sea moral en un sentido tradicional. No se trata de advertencias ni de castigos, el lector no aprenderá gran cosa porque su vida nunca llegará a un destino ni remotamente similar al de los personajes variopintos que nos regala la autora. Se trata de formas de conocimiento, de experiencias. La muerte, en Wittkop, es una clave hermenéutica: solo a través de ella se comprende la verdad de una vida.
Algunos críticos franceses han subrayado el carácter casi fabulístico de estos relatos, aunque desprovistos de moraleja explícita. Hay en ellos algo de cuento filosófico, pero filtrado por una sensibilidad moderna, escéptica y profundamente materialista. La trascendencia está ausente: lo que queda es el cuerpo, su degradación y su inscripción en un mundo indiferente.
El erotismo de la muerte
Uno de los aspectos más perturbadores del libro es que, en ocasiones, se plantea una relación entre erotismo y muerte, como sucede en otras de sus obras. Wittkop no los presenta como opuestos, sino como fuerzas complementarias. Esta idea, central en su obra, ha sido ampliamente comentada por la crítica francesa, que ha visto en ella una herencia directa del decadentismo y del surrealismo más oscuro.
Sin embargo, lo que distingue a Wittkop de otros autores que han explorado estos temas es su rechazo de cualquier dramatización. No hay exaltación ni condena: el texto se limita a mostrar. Esta neutralidad produce un efecto inquietante, porque obliga al lector a enfrentarse sin mediaciones a situaciones extremas sin ninguna guía ni sugerencia respecto a cómo debería sentirse.
Una obra incómoda más en su biografia
Muertes ejemplares puede resultar un libro de lectura incómoda. No es un libro que busque la empatía ni la identificación. Más bien al contrario: el lector se convierte en un observador, casi en un cómplice, de una serie de escenas donde la violencia y la degradación se presentan con una claridad implacable.
Al terminarlo, queda una sensación ambigua: fascinación por la precisión del estilo, inquietud ante la frialdad de la mirada. Wittkop ofrece es algo raro: una forma de lucidez. Y, como ocurre con toda lucidez radical, su efecto es tan perturbador como inolvidable.

- Título: Muertes ejemplares
- Autor: Gabrielle Wittkop (traducción De Lydia Vázquez)
- Editorial: Cabaret Voltaire (podéis leer más información sobre el libro aquí)
- 256 páginas. 20,95 Euros (formato papel).
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