Como supongo que a estas alturas os habréis dado cuenta, uno de mis objetivos para la sección Libros de piscina en Graffiti (Radio Euskadi) ha sido abrir en lo posible el campo de lecturas y enfrentar a los lectores a géneros que igual no son los habituales pero que esconden auténticas joyas si les prestamos un poco de atención y de cariño.

Uno de esos mundos en los que parece que estás o no estás, es el del cómic. Los que hemos crecido con cómics desde pequeños —y quien dice cómic dice novela gráfica, tebeo o lo que quiera— los sentimos muy nuestros y los incorporamos a nuestra cultura literaria; pero hay a quien le resulta un género complicado, con multitud de autores, de estilos, de temáticas… y tienen dudas sobre cómo abordarlos. Yo recomendaría, como siempre, consultar primero a un librero —tengo mis propios libreros de cabecera en el mundo cómic, claro– y luego ya, ir probando hasta dar con lo que más guste.

En este programa, que finalmente se desdobló en dos partes por falta de tiempo, me apetecía hablar de dos de mis autores de cómic favoritos. Más concretamente, de dos de mis mangakas o creadores japoneses de historias favoritos: Junji Ito y Jiro Taniguchi.

Os dejo aquí los enlaces por si preferís escuchar los programas:

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Libros de piscina 04: Mangakas (I): Junji Ito

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Libros de piscina 05. Mangakas (II): Jiro Taniguchi

Mangakas (I): Junji Ito, el maestro del manga de terror.

Junji Ito (1963) es considerado uno de los maestros del manga de terror. Muy joven mostró su interés por el manga y por el género de terror, influenciado por autores como Kazuo Umezu, Hideshi Hino o Shinichi Koga, gracias a quienes dio forma a sus primeras historietas, abordando el medio como un mero hobby que simultaneó con su formación como protésico dental.

En 1987, cuando la revista Gekkan Halloween (Asahi Sonorama) convocó el Premio Kazuo Umezu para descubrir a jóvenes autores, Ito decidió remitir una historia que finalmente se alzó con una mención honorífica, y que con el tiempo se convertiría en una exitosa saga adaptada al cine y a la televisión: Tomie, todo un clásico recientemente recuperado por ECC Ediciones.

Iniciada su nueva carrera como mangaka profesional, Ito demostró un talento especial para dominar los mecanismos del terror, que supo combinar con elementos sobrenaturales y fantásticos para idear perturbadoras historias que conforman un universo propio inmediatamente reconocible. Considerado como un maestro del género, en su bibliografía destacan las historias cortas recopiladas en volúmenes como Punzadas de fantasmas; pero también desarrolla con maestría obras más extensas, como Black ParadoxGyoHellstar Remina o Uzumaki, todas originalmente serializadas en la revista Big Comics de la editorial nipona Shogakukan, siendo recopiladas en ediciones posteriores.

Junji ito

Junji ito

Su talento ha sido reconocido con nominaciones a galardones tan prestigiosos como los Premios Eisner o la selección oficial del Festival de ‘Angoulême.

Cuando le preguntan sobre sus ideas, Ito las considera fruto de una mente infantil, sin madurar que está sumergida en una suspensión de la credulidad. Su público es más adolescente que adulto y más femenino que masculino, a pesar de que sus protagonistas femeninas que responden a un arquetipo de erotismo que aquí no encaja bien y que son terriblemente pasivos.

Ito tiene una colección enorme de historias breves y algunas de mayor recorrido de las que estoy disfrutando enormemente desde que le descubrí hace unos meses. Hace no tanto tiempo escribía aquí sobre Uzumaki, una de sus joyas en largo formato y una vuelta a sus referencias, entre las que confiesa están Hideshi Hino, Furuka Shinichi, Yasutaka TsutsuiEdgar Allan Poe y HP Lovecraft. 

1.- Tomie (富江)

Tomie es un manga de horror serializado en la revista mensual Monthly Halloween de la editorial Asahi Shinbum de 1987 a 2000, algo muy frecuente en el manga. El manga fue el trabajo debut de Ito y es considerado por sus fanáticos como una de las obras más representativas del autor y de su carrera. Ha tenido numerosas adaptaciones cinematográficas, televisivas y teatrales.

La trama principal del manga sigue a Tomie Kawakami, una misteriosa y hermosa joven japonesa poseedora habilidades extraordinarias como la capacidad de sanar rápido —siempre vuelve, no importa cómo acaben con ella— y de cautivar y esclavizar a las personas para que hagan su voluntad. Es la causante de innumerables tragedias conforme se va topando con varias personas que caen víctimas de sus planes. Por su trabajo en Tomie, Junji Ito ha recibido varias críticas favorables y ha sido el ganador del premio Kazuo.

El gran valor de Tomie es, por una lado, que se trata de un trabajo que se alargó por casi trece años, lo que desmerece la parte narrativa (es imposible saber con tanta antelación hacia dónde va la historia o cómo cerrarla) pero sí es clave para apreciar con detenimiento su desarrollo como artista. En todo caso, es llamativo que, a pesar de que sus obras largas son más conocidas, es en sus relatos breves donde consigue la máxima expresión de la pulsión narrativa.

Hay momentos en los que Tomie genera una cierta empatía, transmite la sensación de que la protagonista solo busca una forma de encajar en una sociedad a quien perturba con su sola presencia; pero hay otros donde se despoja de esa máscara humana y se transforma en el mal en estado puro, en especial hacia el final del volumen, y el terror es aún más palpable. En todo caso hay una relación entre la combinación belleza-maldad, como si la primera abocara a lo segundo en una unión irremplazable.

2.- Indigno de ser humano

Indigno de ser humano es la adaptación narrativa de la novela de Osamu Dazai  (1909 – 1948)  y es también la segunda novela más vendida en Japón tras Kokoro de Natsume Sōseki. Narra, con un estilo llano y delicado, carente de descripciones y centrado en las acciones, el declive como persona de Yozo, un joven de provincias que marcha a la ciudad a estudiar pero acaba cayendo en el alcoholismo y la adicción a la morfina, incapaz de mantener una relación coherente ni sana ni con mujeres ni con allegados.

La obra tiene mucho de autobiográfico, pero también de premonitorio: sobre los intentos de suicidio literarios de Yozo, incluido el intento de ahogarse en el río con su mujer, se suma la realidad de la muerte de Osamu Dazai. En 1948 —poco antes de cumplir los treinta y nueve años— se suicidó con su amante en Tokio arrojándose a un canal del río Tama. Fue el último de los cuatro intentos que había llevado a cabo a lo largo de su vida. Así, la obra tiene la forma de un grito silencioso, oculto entre las páginas; tal vez incluso una petición de ayuda.

Junji Ito tiene mucho callo en crear atmósferas opresivas y aterradoras, y en ‘Indigno de ser humano’ vuelca de forma magistral el oficio acumulado durante tres décadas. Los retorcidos vericuetos de la mente del protagonista se muestran en las ya consabidas escenas de pesadilla en las que es experto, pero donde realmente sobresale es en los momentos más cotidianos. Cuando Ooba quiere hacerse el gracioso, Ito sabe mostrar la falsedad tras su sonrisa; cuando yace con una mujer -cosa que, por cierto, ocurre bastante a menudo-, cubre el erotismo de una pátina de desazón y desagrado.

A pesar de mi reticencia habitual a las adaptaciones de novelas al formato gráfico, en este caso creo que se trató de un acierto por la comprensión de la obra que muestra Ito.

Mangakas (II): Jiro Taniguchi, el dibujante que pasea

Todavía está bastante arraigado en el público que el manga (o cómic japonés) son un compendio de obras que giran en torno a robots, futuros apocalípticos y que cuentan en su trama con enormes dosis de violencia y sexo. De hecho, hace un par de años, surgió una fuerte polémica entre los otakus (aficionados al manga) debido a la inclusión de la palabra en el diccionario de la Real Academia Española. Lo que que debería haber sido un motivo de celebración, se convirtió en fuente de enojo por la acepción que contemplaba: género de cómic de origen japonés, de dibujos sencillos, en el que predominan los argumentos eróticos, violentos y fantásticos. Por suerte el diccionario en su versión digital ya incluye una corrección de cara a la próxima actualización en la que la definición se reduce a: “Cómic de origen japonés”.

Y es que el manga no tiene por qué ser sencilo en su concepción gráfica y desde luego podemos encontrar obras de cualquier género. Y para quienes prefieran obras de corte más reflexivo, intimista o familar, recomendaría sin duda la obra de Jiro Taniguchi.

Jiro Taniguchi

Jiro Taniguchi

Jirō Taniguchi (prefectura de Tottori, Japón, 1947), es un dibujante de manga que comenzó trabajando como asistente del dibujante Kyota Ishikawa. Ha publicado, entre otras, las obras  Kareta Heya (La habitación ronca), Botchan no Jidai (La época de Botchan),  Aruku Hito, Chichi no koyomi (El almanaque de mi padre), Kodoku no gurume (El gourmet solitario)… En 2001 creó la serie Ícaro a partir de textos de Moebius. Ha ganado, entre otros, el premio Tezuka por Botchan no Jidai, el premio Shōgakukan por Inu wo kau (Tener un perro), y en 2003 el Alph’Art del mejor guion en el Festival Internacional de Cómics de Angoulême (Francia) por Harukana machi-e (Barrio lejano), por el que también ha obtenido el premio a la mejor obra en el Salón del Cómic de Barcelona de 2004.

En el blog he hablado ya de El almanaque de mi padre, una obra sublime, tanto en su historia como en su desarrollo.

1.- El caminante

El caminante, publicada en España por Ponent Mon en 2004, es una colección de relatos breves casi mudos con los que Jiro Taniguchi nos da una lección sobre el valor de la soledad, del tiempo entendido como un espacio para el disfrute y no para su ocupación y de los placeres sencillos.

Si Barrio lejano pertenecía a su etapa nostálgica, El caminante encaja dentro de sus obras rutinarias, donde también encontramos, por ejemplo, El Gourmet solitario, publicado por Astiberri. Son obras en las que no pasa nada extraño pero al tiempo se abre un mar de reflexiones.

Nos encontramos de nuevo con un hombre de mediana edad, afable, tranquilo, bondadoso y con un punto de ingenuidad y curiosidad que llega a rozar lo infantil, como demuestran su afición por subirse a los árboles o dormir bajo ellos o su aventura bañándose desnudo en una piscina pública en la hora del ocaso, pues muchos de sus paseos sin objetivo marcado tienen lugar en esas horas solitarias, vacías de multitudes, que suceden a primera o última hora del día. A pesar de que los rasgos de su carácter se muestran en cada viñeta, en cada pequeña historia, poco más sabemos del protagonista, aparte de que vive con su mujer y con un perro que ha adoptado y que a veces, pocas, le acompañan en sus caminatas.

Taniguchi logra tan sólo con su dibujo —con un enorme nivel de detalle, minimalista, lleno de profundidad y muy limpio en su trazo— transmitirnos lo que siente el protagonista, mostrarnos lo que él ve, detenernos para observar lo que él observa, y nos lleva a reflexionar sobre nuestras propias vidas sin dejar de sumergirnos como atentos espectadores en la del protagonista. Es una obra que carece de textos profusos y que, sin embargo, no deja de tener una enorme amplitud de miras a pesar de carecer de aires de grandeza.

2.- Barrio Lejano

Publicada originalmente en 1998 —en España su edición corre a cargo, de nuevo, de Ponent Mon—, nos cuenta la historia de Hiroshi Nakahara, hombre de mediana edad, casado y con hijas. En un viaje de trabajo se confunde de estación de tren y se baja en la ciudad de su infancia. Paseando por ella acaba junto a la tumba de su madre. Es un ejercicio que combina la casualidad y el destino, sin que sepamos bien a qué obedece el desencadenante de la historia.

Allí vuelve, en un ejercicio de fantasía que en Taniguchi no es tal, a 1963 y se sumerge en su yo pasado, vuelve a ser el niño de 14 años pero conservando sus recuerdos de la edad adulta. A partir de ahí —que nadie confunda la obra con un viaje en el tiempo, porque hasta en sus elementos de género es contenido e intimista– va recordando las situaciones que vivió en su adolescencia y, poco a poco, va tomando conciencia de que las elecciones que tomamos a esa edad, las contradicciones que nos guían, son las que dan forma al adulto que seremos.

Tal vez lo más hermoso es que lo plantea desde la serenidad; no culpa a su yo presente por ser como es, sino que acepta que sus decisiones le llevaron ahí y no hay cambio posible en ello. Además aprovecha para intentar descubrir por qué va a suceder algo que marcará su vida.

Junto con Barrio Lejano, compartiendo también la figura del padre ausente, se enmarcaría en sus obras más nostálgicas. Ganó el premio a mejor guión en el festival de Angouleme y también en el Salón de Barcelona, entre otros muchos.

3.- Furari

En sus obras, Taniguchi abarca siempre parte de la historia de su país aunque no sea ese el objetivo principal. Sus paisajes, sus destinos, los recuerdos de sus personajes están invariablemente unidos al devenir de un país marcado por sus actos bélicos y su forma de encarar como nación su destino.

Si unimos eso a su pasión por el paseo, poco más hay que alegar para justificar su última novedad reeditada por Ponent Mon: Furari. Ahí nos narra, a través de pequeños relatos anecdóticos, la historia de Tadataka Ino (1745- 1818), el primer hombre que completó un mapa de Japón midiendo las distancias a partir de contar los pasos al caminar, un trabajo que le llevó diecisiete años. A partir del momento en que se retira de la vida activa acomete, primero con curiosidad y después con un firme convencimiento, una tarea que gozó del apoyo de gobierno de Edo —antigua denominación de Tokyo— y del emperador de Japón.

A pesar de la magnificencia de la tarea, Taniguchi nos muestra a un hombre tranquilo que aprende a disfrutar o a reencontrarse en sus paseos con las cosas más pequeñas: un día para recoger mariscos o para visitar los cerezos en flor con su esposa, un rato para saltar en los charcos de barro con los niños o una conversación casual con el que llegaría a ser uno de los grandes autores de haikus, Issa Kobayashi. Los títulos de los capítulos nos llevan a la naturaleza y abundan las referencias culturales del Japón del siglo XVIII con lo que Taniguchi nos arrastra del pasado al presente para recordarnos que hay ciertas cosas que no cambian en la naturaleza humana.

Con esto termino el repaso a algunas de las obras de estos célebres mangakas, al menos por ahora, porque toda su obra es brillante y merece ser revisada.

jiro taniguchi, Junji Ito, their art