Hay autores que se cuelan por tu bitácora y no eres especialmente consciente de ello. Los hay buscados, pretendidos, con su goteo de libros y otros que, cuando haces la cuenta de la vieja, te das cuenta de que ya forman parte de tu memoria lectora sin que necesites esforzarte en recordarlos. Es el caso de Txani Rodríguez, que aparece en estas páginas virtuales por tercera vez con Los últimos románticos, tras Agosto y Si quieres, puedes quedarte aquí.

Es la novela de una época que se extingue sin que podamos terminar de valorar si eso es positivo o negativo. Quedaron atrás, al menos en nuestro país y en su mayor parte, los ejercicios de solidaridad entre trabajadores, las huelgas agresivas, el apoyo a un colectivo que supere el círculo más próximo. Los últimos románticos toman la forma de Irune, una mujer joven y aislada que ve cómo la forma de vida que conoció se hace añicos a su alrededor; la fábrica de papel en la que trabaja está despidiendo a personal, sus vecinos se niegan a ayudar a una mujer desamparada y su único consuelo parecen ser las llamadas telefónicas a un operador de Renfe que le propone viajes a ninguna parte.

Los últimos románticos es una novela triste, amarga de leer, pero guarda entre sus páginas un poso de dulzura y una pequeña vela que titila al final con luz muy temblorosa.

txani rodriguez

Txani Rodríguez.
Fotografia: Pankra Nieto

Los últimos románticos habla de un mundo que está a punto de extinguirse

El título puede llevar a una cierta confusión al menos al principio, porque Los últimos románticos no es una novela de amor, o no es tal vez su tema principal. ¿Lo escogiste tú?

Sí, al título llegué yo sola después de un montón de opciones que no me gustaban demasiado o que no gustaban en la editorial. Se da la circunstancia de que hay un libro homónimo de Baroja, pero tiene más de cien años. En el fondo creo que era un runrún que tenía en la mente. Me gusta mucho Quique González y en una canción dice «a las siete y media de la mañana los últimos románticos acaban por acostarse con cualquiera». Así que no me extrañaría que una parte se la tuviera que atribuir a él.

El libro habla de un mundo que conocimos y que ya está a punto de extinguirse en algunos aspectos: la solidaridad obrera, la vida de comunidad de los vecinos que eran una red de apoyo, el paisaje que nos constituye y que se está transformando rápidamente… hay un mundo que se va. Irune está anclada al principio en ese pasado, paralizada, vive con esa melancolía que sí es romántica como movimiento filosófico. El romanticismo tuvo cosas muy buenas, reivindicaba la originalidad de cada persona, pero era muy melancólico, miraba siempre hacia atrás. Yo creo que hay que mirar al pasado pero no hasta el punto en que se transforma en una trampa mortal que no te permite vivir el presente.

Pero luego Irune retoma un poco su vida de alguna forma; sería romántica porque sigue extrañando ese mundo pero ya no hay tanta melancolía. También el personaje de Miguel María parece, por cómo conectan, algo tiene de ese sentimiento.

La gente es ferozmente crítica con todo

¿Ser buena persona es de tontos? Porque Irune es lo que podríamos decir una buena persona. 

Está súper desprestigiado. Creo que Ana Merino también lo comentaba en su novela El mapa de los afectos. Está desprestigiada la bondad, la maldad se confunde a veces con la inteligencia, la gente es ferozmente crítica con todo y creo que piensan que eso demuestra más inteligencia que ser comprensivo. Venimos de una época muy rara en la que se han confundido los términos. Durante el confinamiento leí Las ilusiones perdidas y había una frase que decía algo así como que las personas muy inteligentes a la fuerza están obligadas a comprender las virtudes de los demás pero también los defectos. A mí me gustaría ser capaz de ser comprensiva, no siempre lo logro, pero desde luego no me parece un demérito, me parece símbolo de inteligencia.

El texto es pretendidamente atemporal, dejando de lado referencias que puedan dejarlo obsoleto. ¿Es un reflejo de tu uso de la tecnología?

Hay alguna mención, como cuando pretende usar una red del estilo de Tinder y nadie le hace caso. Usa el teléfono que es algo que está muy viejo. El otro día entrevisté a Alberto Marcos que tiene un cuento entero que es estados de Facebook y réplicas que da la gente en la red. A mí me gustó pero él me decía que tenía dudas porque se iba a quedar viejo enseguida, no solo por la plataforma en si sino también por cómo se interactúa. Yo sí uso las redes, al menos Facebook.

¿Tanto eucalipto hay en la zona del valle de Ayala? Para mí la lectura es particular desde el punto de vista de que conozco el espacio físico en el que mueves a los personajes, pero también las circunstancias laborales del entorno, por ejemplo. En ese aspecto lo veo como un libro terriblemente personal, algo que tal vez no capte quien no sea del entorno. Identifico algo de ti en Irune o tal vez solo sea la impresión porque te conozco en persona. 

No, todavía no hay tanto eucalipto pero habrá, ya se va viendo. Mi padre era obrero de aceros y cuando iba a cerrar la fábrica se organizaban durante semanas huelgas en los instituto, se cortaban carreteras, la red de ferrocarriles…se llegaba a un punto de violencia pero todo el pueblo estaba a favor de los trabajadores. Eso ahora es inviable. En la novela en lugar de la industria de acero traslado la acción a la industria del papel y por eso hay tanta referencia a los eucaliptos.

Hay cosas que sí están ahí, como que yo también soy muy hipocondriaca, pero en ocasiones me ha costado mucho meterme en los esquemas mentales del personaje porque es muy disparatada, necesita que esté todo ordenado, que no se muevan las cosas de sitio… es un poco TOC.

Es muy interesante lo que sucede con su vecina y que se une a esa solidaridad entre vecinos que comentabas antes y que ya no existe. 

Ella va a socorrer a la vecina porque tiene remordimientos de conciencia, por esos valores del viejo mundo que ya no existen pero que su madre le inculcó. Son poca gente pero adquieren protagonismo apegados a una vida que ya pasó. Desprenden cierta ternura aunque en la novela hay cosas muy duras.

Hay que hacer un esfuerzo lector como el que hace gimnasia

Me ha gustado la redacción de la historia. Se aleja de esa tendencia de simplificar los textos, de hacerlos más fáciles y exigir cada vez menos. 

Hay que acostumbrarse, hacer un esfuerzo lector como el que hace gimnasia. Yo he llegado a escuchar, por ejemplo, a gente a quien no le gustan los cuentos de Alice Munro porque son tristes o duros, pero están escritos de maravilla, nadie que lea esos libros se van a olvidar, como les pasará con otros muchos que les han gustado. La mente es selectiva. Yo voy a mi aire, me gusta que el texto me satisfaga. Sino, ¿Para qué escribo?

La elección de la primera persona que utilizas es también muy interesante y resulta en parte engañosa porque parece más una tercera que una primera. 

Me ha costado. Es que ella está muy extranjerizada de todo, su visión está alejada y no contrasta la realidad, por eso dice cosas tan raras o absurdas. Si hablara con alguien limaría o daría una vuelta a las cosas, pero como no habla ni se comunica parece que no está en este mundo. Durante un tramo de la novela realmente no está.

Es un personaje muy solitario, pero llevado al extremo. 

Es que a mi me da mucho miedo la soledad, ahí sí está reflejada una de mis inquietudes. Si es buscada, sabiendo que tienes un círculo de apoyo de familia o amigos, está bien. Pero yo me refiero a la soledad de personajes como Paulina, que no tienen a nadie, que no tienen un amigo con quien hablar, que sepan que no le amargan o aburren sino que le interesa. No es tanto vivir solo como estar solo en realidad. Eso para mí es terrorífico. Las redes sociales te pueden animar y acompañar en un momento dado pero no puedes ser invasivo y tratar de contarles tus problemas a alguien a quien no conoces.

La lectura de evasión cumple una función muy valiosa

¿Hay una literatura de evasión que tenemos que diferenciar de otra literatura con otros objetivos más pretenciosos?

Yo no estoy nada de acuerdo con eso. Leer está bien siempre. Hay cosas que tienen más ambición literaria o más calidad pero la función simple de evasión ya es muy buena. Y eso no es fácil de hacer, hay que reconocer el mérito de quien hace un libro y consigue distraer durante unas horas. A lo mejor no es un preciosista de las frases ni le interesa la innovación del lenguaje ni todos esos criterios que luego se toman en cuenta para el canon literario. Pero cumple una función muy valiosa.

¿Y ahora quién marca el canon literario?

No tengo idea. Mientras estamos en el momento presente creo que somos incapaces de verlo. ¿Qué quedará de todos los que estamos ahora? Es un misterio porque no sabemos cómo va a funcionar nada.

Veo una ansiedad en muchos autores por dar salida a los libros muy rápido. Tal vez el objetivo debiera ser una visión más a largo plazo. 

Yo lo entiendo. En mi caso estoy confiada en el boca oreja. Pero en el momento de la salida tienes un poco de importancia dos días y luego llegan otros libros que te sacan del mercado. Va todo muy rápido. Hay libros que aguantan más, pero por que se han vendido mucho. Teniendo otros mil libros a mano es muy difícil competir.

Todos tus libros, los que yo he leído al menos, son un reflejo de ti. Lo interesante será ver cómo funciona fuera de cierto límite geográfico más delimitado. 

He intentado que no fueran periodistas, ni escritoras… para que no fueran tan como yo, pero se ve que disimulo mal. La gente que me conoce bien ve rasgos como la aprehensión. A ver qué dice la gente, de momento estoy recibiendo comentarios positivos.

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  • Título: Los últimos románticos
  • Autor: Txani Rodríguez
  • Editorial: Seix Barral (más información del libro aquí y podéis leer las primeras páginas aquí)
  • 192 páginas. 18,00 Euros (formato papel); 9,99 Euros (formato digital).