Si se toman la molestia de ir a un tablero de mi cuenta de Pinterest titulado “Libros que caerán en mis manos”, podrán ver que Música acuática, de T. C. Boyle, lleva ahí eones. El tiempo verbal de “Caerá” es la cuestión clave. Algún día. Como algún día leeré Jane Austen —al menos ese ya anda dando tumbos por casa—. Qué voy a decir: poco tiempo y mucho libro. Eso que me viene bien recomendado. Si no, ni la molestia de guardar ese recordatorio me habría tomado.

En estas, con esa novela resonando en mi subconsciente, llega a la mesa de novedades Los terranautas. La editorial Impedimenta hace una jugada de las que una no sabe bien si sirven para algo o no: enviar muestras del primer capítulo a las librerías a disposición de quien tenga curiosidad. No es lo más habitual pero tampoco es algo fuera de lo común. Si no tienen librerías a su alcance, pueden leer esas mismas páginas aquí. Y entre ratito y ratito —no se imaginan lo que interrumpen los clientes cuando una quiere leer más de una página del tirón—, me dejé convencer y me embarqué en una aventura de casi seiscientas páginas.

T c boyle

T. C. Boyle

No voy a negar que la extensión me dio un poco de pereza. Pero la verdad es esta: Los terranautas es un entretenimiento que se disfruta casi del tirón y se puede terminar en apenas tres o cuatro sesiones. Se devora. Tal vez por las razones equivocadas.

El planteamiento es atractivo: estamos en el año 1994 y ocho personas —cuatro mujeres y cuatro hombres— se van a confinar de manera voluntaria bajo una cúpula durante dos años para probar que es posible la supervivencia de un grupo pequeño aislado en condiciones adversas. El motivo final es testar en un entorno controlado qué poblemas podrían enfrentar en caso de que se acometa trasladar a un grupo de humanos a otro planeta, por poner un ejemplo.

Toda la experiencia de Los terranautas está bañada de un precioso halo científico: los participantes, que llevan al menos dos años trabajando para esta oportunidad, son todos ellos científicos, con especialidades en principio útiles para lo que van a emprender: un médico, una oceanógrafa, una experta en cultivos, un ingeniero… La ciencia se alía además con lo militar: una férrea disciplina, horarios controlados, tareas definidas y repartidas…

Ese es el marco que T.C. Boyle (Nueva York, 1948) plantea para después sumergirnos en la realidad: En Los terranautas estamos presenciando un enorme y hasta cierto punto desternillante Gran Hermano enfundado en un traje rojo de aspirante a astronauta. Su lectura no es divertida pero el poso que deja pasados unos días brilla por su ironía.

Boyle nos lleva por la historia de la mano de tres de los protagonistas que se alternan por capítulos para ofrecernos su visión de lo que está sucediendo: Dawn, que será la EAD (encargada de animales domésticos) en la misión dos —pronto sabrá el lector que hubo una primera misión fallida—; Linda, eterna aspirante a entrar en alguna de las misiones; y Ramsay, encargado de comunicación con el exterior y prensa. Tres personas con tres objetivos que se pueden resumir como entrar en la Biosfera 2 y adquirir el gran compromiso: una vez dentro, nadie sale hasta que se completen los dos años de estancia. Bajo ningún concepto.

El autor parte de un experimento real que tuvo lugar en el  desierto de Arizona y que no acabó con los resultados deseados. Su interés en este enfoque ecologista ante un planeta que se sume en una destrucción autoinducida por la especie más inteligente lleva a desentrañar de qué va la novela: el hombre es un lobo para el hombre y el mayor fracaso de la especie humana es, sin duda, su propia humanidad.

En Los terranautas esboza, con ritmo preciso que consigue llevar al lector hacia un clímax,  contundente una red de emociones. El punto débil de todo experimento científico es, como siempre, el factor humano: el amor, el odio, el miedo, los celos, la ansiada notoriedad… La novela es un baile de equilibrios entre egos que, por momentos, se inclina de uno u otro lado: ¿conseguirá el gran gurú que planificó todo el experimento que la prensa y la atención mediática de todo el mundo gire su cabeza hacia una pequeña cúpula donde ocho personas se desgastan, día a día, no solo en lo físico sino también en lo mental? ¿Servirían de algo, en un hipotético viaje estelar, experimentos como el presente, para poder así vaticinar qué problemas se darían y ponerles fin antes de que ocurran?

Pero al final la gran pregunta es: ¿está el ser humano —algún ser humano— preparado para someterse a un ejercicio de constante adversidad? Boyle es crítico con la personalidad humana y vemos como, poco a poco, parecen imponerse más las emociones destructivas —hacia uno mismo  pero sobre todo hacia los demás— que las positivas. El necesario compañerismo para acometer un encierro semejante se va degradando hacia un montón de rencillas internas que si no acaban por reventar la misión es solo por la firme fe —la novela no escapa de la terminología bíblica— de los participantes.

Decía al principio que Los terranautas se devora por las cuestiones equivocadas. No dudo que hay interés en el concepto ecológico de la novela, en su llamamiento a dejar de destruir ecosistemas, en su análisis del comportamiento humano. Pero no es el comportamiento de los ocho terranautas el que está el juego. Boyle convierte a los lectores en espectadores del Gran Hermano, en personas que dejan de lado sus propias vidas para sumergirse con morboso placer en las de los demás. Nos aferramos a Los terranautas con un poco de culpabilidad ante sus rasgos de telenovela de alta alcurnia. Pero qué placer encontramos en sus páginas.

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  • Título: Los terranautas
  • Autor: T.C. Boyle (traducción de Ce Santiago)
  • Editorial: Impedimenta (más información del libro aquí y puedes leer un fragmento del libro aquí)
  • 568 páginas. 25,95 Euros (formato papel).