Los niños 6

En un verano en el que el género fantástico ha sido mi máxima, toparse con una rareza como la edlición anticipada de Los niños 6, del escritor estadounidense Jesse Ball, es sumirse en un descubrimiento de difícil digestión. Es el libro una rareza desde un primer momento cuando su traducción al castellano de la mano de Virginia Rech adelantó edición en inglés gracias a la editorial argentina Sigilo que este mes la acerca a los lectores españoles.

Los niños 6 y Las distopías por bandera

Con un inusitado miedo al género poco plausible cuando las distopías se enarbolan como parte de una literatura más común, es ahí donde Los niños 6 se enmarcan, en la línea de grandes clásicos como Un mundo feliz o 1984 de Aldous Huxley y George Orwell, respectivamente.

Frente a ese mundo utópico con el que soñamos, donde existe una sociedad ideal y todo funciona a las mil maravillas, es distopía la reina de las lecturas con su presentación de un futuro incierto, a menudo con tintes muy catastrofistas, donde suelen hacer acto de presencia gobiernos totalitarios, una sociedad deshumanizada, el miedo o la presión psicológica, la coacción o la falta de libertad, por nombrar algunas minucias. Esas distopías mordernas que abundan y se expanden aún más en tiempos de crisis tienen su origen hace ya algo más de un siglo con la obra Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, publicada —casi seguro— en 1921. 

Los niños 6 arranca con una narrativa muy abrupta que irá mudando de piel pero mantendrá su predilección por los párrafos sucintos. Sin mediar introducción alguna, una especie de ataque de rabia masiva lleva a todos los adultos, jóvenes y adolescentes mayores de 10 años a suicidarse o morir asesinados de una forma muy violenta –narrada de forma algo explícita– sin que se llegue a saber por qué y sin que ello sea, en realidad, necesario. No se pierden por el camino las referencias a obras como Cell, de Stephen King aunque éste último sí daba una explicación asociada a las ondas emitidas por los teléfonos móviles. En un intervalo brevísimo hemos alcanzado una sociedad gobernada por niños.

Jesse Ball

De Stephen King y William Golding hasta lo más profundo de la mente

Las voces protagonistas son las de Devlin y Mina, un niño de diez años –salvado por la campana– y su hermana pequeña que, además, es ciega. Como el resto de los niños se encuentran de repente solos sin nadie que les guíe y toman cierta consciencia de que la única sociedad posible es la de los niños. Deciden emprender el camino a pie hacia la casa de sus abuelos y en la novela los acompañaremos en un viaje que no augura nada bueno. 

Hay referencias de Cell, pero esta novela también tiene ecos de El señor de las moscas, de William Golding, publicada en 1954. Pero mientras que Golding nos ofrecía una narración más estable, más ordinaria en lo narrativo si queremos plantearlo así, en Los niños 6 el lector va a percibir la historia de una transformación: partiendo de una escena dominada por el miedo y el horror, la novela muta, se transforma un artefacto literario que nos lleva en pos de un análisis mucho más filosófico. Esto se hace aún más evidente cuando los niños, a medida que pierden esperanzas y toman real consciencia de su existencia como la única posible, comienzan a expresarse de un modo más complejo, no asociable a su edad, hasta que el propio autor inunda el escenario teatral en el que parece haberse transformado una sociedad extinta.

Poco y nada nos cuenta Jesse Ball en esta novela. Nada pero un poco de todo. De la narración pura y dura al ejercicio metaliterario, Ball nos plantea una historia donde, al desaparecer la figura del adulto, los niños tienen que decidir entre seguir adelante o rendirse, entre mantener los pocos principios que, en función de su edad, han conseguido implementar o crear una nueva sociedad porque ya no existen las normas de comportamiento, ya nadie dice si algo está bien o mal, ya no hay normas ni reprimendas ni límites a cómo nos podemos comportar.  Es una interesante vuelta de tuerca al paso a la etapa adulta donde el futuro se plantea como una hoja en blanca.

Un camaleón etéreo

Es en ese espacio, en un tablao donde Devlin asume la voz propia y la de los otros, la de quienes ya no están, los niños también pasan a ser una hoja en blanco, desaparecen de la narrativa porque no son más que una excusa. Los niños 6 pasa de ser una historia física a una etérea, de algo concreto a algo que solo existe en la mente de un escritor con la ropa arrugada en una habitación de hotel.

Los niños 6 invita a conocer el resto de la obra de su autor porque su influjo es extraño pero irresistible. En un lapso de apenas dos días nos adentra en un mundo donde tomamos consciencia de lo frágil y supérfluo que es todo. Nos acerca al tópico del paso a la edad adulta pero desde una cierta sordidez y desesperanza que dejan un regular sabor de boca. En España tan solo hay dos obras más disponibles pero se me antojan imprescindibles: Cómo provocar un incendio y por qué (también editado en Sigilo y también con traducción de Virginia Rech) y Censo (en Rata, con traducción de Carlos Mayor).

Los niños 6 es un libro diferente, una historia que bien pudiera ser teatralizada, un juego de espejos donde el morbo inicial se desvanece para abrir camino a la reflexión. Como final qué menos que dejar en el aire una de las preguntas que se plantean:

¿Por qué deberíamos permitirnos ser adultos?

los niños 6 Jesse ball portada sigilo
  • Título: Los niños 6
  • Autor: Jesse Ball (traducción de Virginia Rech)
  • Editorial: Sigilo (más información del libro aquí y puedes leer las primeras páginas aquí)
  • 168 páginas. 18,50 Euros (formato papel); 8,54 Euros (formato digital)

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