En el mundo de la literatura —desde el punto de vista lector— hay una circunstancia recurrente: llegar tarde a todo. He llegado tarde a Chejov o a Zweig, por poner dos ejemplos, autores que murieron mucho antes de que yo naciera, como para tener que lamentar haber descubierto la poderosa escritura de Najat El Hachmi (Beni Sidel, Marruecos, 1979) con su última novela, El lunes nos querrán, ganadora del Premio Nadal 2021. El libro poco se parece a El mapa de los afectos, la novela desestructurada en fragmentos de Ana Merino que fue la galardonada. Es otra cosa y está bien que así sea. 

En todo caso, desde que pregunté, recibo consejos de todas partes recomendando tanto su breve ensayo Siempre han hablado por nosotras como su novela –entre otras— Madre de leche y miel. Nacida en Marruecos, se trasladó a Barcelona con ocho años y estudió Filología Árabe en la Universidad de la ciudad condal. El lunes nos querrán tiene un triste velo de atemporalidad bañado en un estilo que bloquea al lector. Es directo y, sin embargo a veces parece cargado de cierta poesía que revolotea para delicia de quien lee. 

En la novela dos jóvenes de diecisiete años buscan lo que muchas a su edad: un hueco en el que encajar. Pero más allá de la edad y el género, las protagonistas de Najat tienen que jugar, en su particular encaje de bolillos, con cuestiones religiosas y la presión de las costumbres de sus familias, más cercanas a su Marruecos natal que a su “nueva Europa”. Roles de identidad en los que no consiguen encajar, deseos de ser algo que no son o de dejar de ser algo que se les supone, no es posible ser indiferente a lo que el destino y sus propias acciones les depare. 

El Hachmi retrata una generación a caballo que ya no es esto ni aquello, que no pertenece a la vieja guardia ni se le permite encajar en la nueva sociedad en la que vive; una generación que tiene que justificar siempre sus acciones y que vive bajo la lupa constante del racismo de genes. 

El lunes nos querrán es una novela hermosa y dura, una ventana abierta a lo que está al otro lado de la pared de nuestro apartamento. El querer mirar o preferir hacer ojos ciegos es ya una responsabilidad individual. 

Najat El Hachmi

Najat El Hachmi  

El núcleo más profundo de Los lunes nos querrán es algo tremendamente bueno y alegre

Has escrito un libro maravilloso. El primero tuyo que leo pero estoy segura de que no el último. Lo he disfrutado mucho. Lo primero que te voy a preguntar es: ¿Por qué parece que no tenemos recuerdos alegres? Dicen los psicólogos que no, que siempre nos acordamos de lo bueno. Pero tu libro no es el recuerdo de lo bueno, es una sucesión de circunstancias que llegan y se sobrellevan como se puede.

No son buenas, pero el hilo principal, el vínculo de la protagonista con su amiga, es para mí lo mejor que pasa en la novela. Es como si ese tesoro, esa amistad tan única que a veces tenemos la suerte de encontrar, siguiera viva a través de las páginas, a pesar de que todo lo que les ocurre en contra. Al final muchas de las cosas que tenemos que afrontar acaban suponiendo una presión muy importante sobre los vínculos principales que tenemos. El núcleo más profundo de la novela es para mí algo tremendamente alegre y bueno. Pero está sometido a todo ese todo ese contexto que tienen que afrontar ambas protagonistas. Necesitamos conflicto para construir una historia.

El lunes nos querrán es un cúmulo. Partes un tema que que es común a todas las mujeres: el paso de la adolescencia a la etapa adulta sumado a la cuestión del cuerpo, de la obsesión de por la perfección física. Por si eso fuera poco, se añade el tema de de la libertad en un ámbito religioso que, por mis circunstacias, a mí no me resulta familiar, al menos de primera mano. 
 
Se van acomodando las prisiones de algún modo. Es lo que nos ha tocado a la mayoría de las mujeres: que sobre nosotras se vaya construyendo toda una serie de estructuras articuladas con normas sociales, con presiones que a veces son explícitas y otras veces son más sutiles, con mensajes que te van llegando desde que eres muy pequeña que dicen que tienes que adaptarte, encajar dentro de unos determinados moldes, cambiar continuamente…
 
Si analizamos, al margen del elemento religioso, o migratorio, o la clase social, que también nos condiciona mucho, todo lo que a una mujer, cualquier mujer, normal y corriente, le llega a lo largo de toda una jornada, de una jornada cualquiera, nos daremos cuenta de que nos bombardean todos los días con mensajes que van en esa dirección: hacernos sentir mal con lo que somos, que no sea suficiente. Además nos transmiten la idea de que si las cosas no nos van bien es porque algo falla en nosotras. El problema no está en lo que ocurre, en cómo está todo organizado. Si no llegas a todo es porque estás mal organizada, no es porque tengas que hacer demasiadas cosas. 

Hay una alienación del deseo de las mujeres 

En el caso de la amiga me he acordado de una entrevista que hice a Clara Usón donde, en un contexto distinto, la era del franquismo y el paso a la transición, comentaba que hubo una generación que confundió libertad con libertinaje, que pasó de la opresión a un extremo opuesto. La amiga también parece virar hacia un desenfreno absoluto que le acaba costando mucho a nivel personal. 
 
Una cosa es poder elegir lo que haces con con tu vida y decidir libremente y otra cosa es que sepas lo que realmente quieres y necesitas. Ahí, en la cuestión del deseo, un tema muy importante en la novela, tengo la impresión de que esa revolución sexual tan interesante que se produjo a finales de los sesenta, y en España aún más durante la transición, a las mujeres nos salió mal, no nos salió a cuenta. Se acabó con el sistema anterior de una represión insoportable sobre este terreno; todos teníamos que sentirnos absolutamente libres y no tenía que existir la censura en el sentido de establecer qué es lo que está bien y lo que está mal en el disfrute del propio cuerpo.
 
Pero creo que muy rápidamente esa posibilidad de que las mujeres pudiéramos hacer lo que quisiéramos con nuestros cuerpos y nuestra vida sexual fue enseguida explotada por distintos agentes que nada tenían que ver con con nosotras.Tuvo como dos direcciones distintas: por un lado hubo una explotación del deseo masculino, dándole productos para consumo. El capitalismo como que se infiltró en una esfera tan privada como como el ámbito de la sexualidad. Al hombre se le despertó el deseo colonizándolo por ejemplo con la pornografía. Y a las mujeres se nos convirtió en el producto que se ofrecía a los hombres.

Ahí no hay igualdad, ni hay libertad, ni hay revolución sexual. Para que realmente podamos ser libres tenemos que estar en el mismo plano. El destape lo analizas con con ojos de hoy y es escandaloso: cómo puede ser que en un momento en el que se suponía que todo era liberar el deseo las mujeres se convierten en objetos de objetos sexuales y los hombres son los únicos que desean. 

Todo se articula en base a cómo ellos viven el deseo. Eso lo contaba muy bien un psicoanalista italiano, Massimo Recalcati: de algún modo esa liberación sexual había sido  automáticamente y muy rápidamente explotada por el capitalismo. El deseo se puede ver muy muy afectado por toda esa cultura, puede llegar a distorsionarlo mucho.

Cuando creces con con unos referentes de lo que ocurre en este ámbito de la sexualidad, en el que constantemente se te representa en una situación de sumisión en ese juego de dominación, muy probablemente llegues a pensar que lo que quieres es ser dominada de esa forma. 

Creo que ahí hay una alienación del deseo de las mujeres: se nos ha hecho creer que nos gustan cosas que a muchas no les gusta, a otras a lo mejor sí, pero la mayoría de los referentes culturales que tenemos que representan la sexualidad yo no creo que estén representando lo que realmente las mujeres quieren. Empezamos a ver chicas jóvenes que hablan de una forma más clara y más abierta sobre este terreno y lo que transmiten muchas veces es un malestar porque estamos lejos de tener unas vidas sexuales satisfactorias. Primero hay que hacer todo este trabajo de comprender en qué consiste realmente nuestro deseo. 
 
No es un tema del que hablemos mucho, nadie quiere pasar por puritana nadie quiere que se le asocia al orden antiguo que era el de la represión. Pero sabemos lo que queremos en el fondo. 

Creo que se representa más a nivel literario lo que ocurre en la clase media como si el dolor de los pobres no fuera tan importante

También hablando con Gemma Ruiz Palà, ha escrito un libro donde habla de la situación de inmigrantes chinos, te mencionó porque decía que su libro estaba escrito desde el respeto pero hacían  falta las voces de la gente que ha venido de fuera, que está aquí y que está viviendo la situación día a día. ¿Te sientes representante de esa voz o te cansa ser vista de esa forma?

Lo que me gustaría es que hubiera un cambio de marco mental. Soy muy ambiciosa. Lo cansado es que no seamos conscientes de que las voces de personas que nacimos fuera o somos hijas de inmigrantes nacidas aquí no somos una realidad ajena a la sociedad. Formamos parte del nosotros. Las historias que contamos tienen que ser incorporadas como historias que pertenecen a lo que nos es propio. Muchas veces parece que estás hablando de Irán o de una realidad que no tiene nada que ver con con esta sociedad y hace demasiado tiempo ya que hay personas que procedemos de otros países que formamos parte.

En el ámbito literario también a veces cuesta que nos demos cuenta de que las historias que yo pueda contar son historias nuestras también.  Muchas veces lo que lo que más se representa es un malestar que tiene que ver, primero, con una clase social que muchas veces no es la más baja de la sociedad. Creo que se representa más a nivel literario lo que ocurre en la clase media y a veces la alta. Es como si el dolor de los ricos fuera más importante que el dolor de los pobres.

De hecho, teniendo en cuenta el alcance de un dolor y del otro, creo que tendríamos que estar hablando más de los pobres. Pero seguimos con esa fascinación por los hijos de personas que han tenido el tema económico resuelto. Evidentemente los ricos también lloran pero hay otros llantos que tienen que ver con con cuestiones materiales que no se quieren atender. 

Luego, lo que les ocurre a mujeres que tienen que estar viviendo un contexto cultural distinto o que tienen una herencia religiosa distinta a día de hoy es parte de lo que nos pasa. No entiendo que en España todavía no se haya producido ese cambio. En otros países como Francia o el mundo anglosajón las autoras que escriben sobre personas que tienen determinada preferencia no son consideradas autoras externas a su sociedad, están absolutamente integradas. Aquí cuesta mucho derribar ese muro. Yo sigo existiendo y voy a seguir hablando de esto

Otra cosa que te dicen cuando te quejas de que, a pesar de todo lo que has trabajado y todo lo que has conseguido, se te sigue poniendo esa etiqueta, es que escribas sobre personas normales y no sobre inmigrantes. Este es un comentario que me han hecho. Lo que tenemos que cambiar es la idea de que la normalidad es lo que te resulta más familiar. La normalidad también es esa parte de la sociedad que nunca sale en las representaciones culturales. Lo que no sale es que no existe.

Es muy importante que podamos seguir trabajando para plasmar también esa parte de nuestra sociedad. Yo creo que si ahí no hubiera historias interesantes que contar, a lo mejor no sería pertinente. Pero hay muchas historias que dan fe de conflictos profundamente humanos y universales. La sensación, por ejemplo, de no encajar, de sentirte  fuera de lugar siempre es algo que creo universal. Pero lo escribe un señor bien y parece mucho más universal que si lo escribo yo.  
 
Son fronteras que tienes que ir derribando. Creo que es importante que hagamos este trabajo a través de la literatura, de la escritura, de la creación artística en general. Yo sigo creyendo, no sé si estoy ya muy desfasada, que es un instrumento muy poderoso para poder transformar nuestra visión del mundo. 

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  • Título: El lunes nos querrán
  • Autor: Najat El Hachmi
  • Editorial: Destino. Colección Áncora & Delfin (más información del libro aquí y puedes leer un fragmento aquí)
  • 304 páginas. 20,90 Euros (formato papel); 9,99 euros (formato electrónico)