Los crímenes del burlesque

Me cuestiono si el mundo del burlesque americano, del cabaret, tiene su equivalente en nuestro país. Tal vez ese glamour viene dado por las sicalípticas, esas reinas de los templos de varietés, muchas veces simples tugurios pintados con dorado y purpurina. En Estados Unidos algunas de estas reinas alcanzaron un estatus que, de entrada, poco tenía que ver con los barrios bajos de los que muchas de ellas eran originarias. Es el caso de Louise Hovick (1911 – 1970), que llegó a ser una de las figuras más destacadas del género burlesque de la primera mitad del siglo XX bajo el nombre de Gypsy Rose Lee.

Gypsy Rose Lee, el burlesque hecho mujer

Gypsy Rose Lee fue una actriz y vedette estadounidense, artista del género burlesque, género en el que se inició a los 15 años espoleada por su madre, quien no dudó en falsificar la fecha de su nacimiento para cumplir su sueño de verla convertida en estrella, ademas de empujarla  a desnudarse en teatros de medio pelo hasta convertirse en la mejor. Poco a poco su fama creció hasta ser invitada a las fiestas más exclusivas. En la década de los cincuenta la consideraron una reina del género.

Pero también fue una escritora cuyas memorias de 1957, escritas como homenaje a su madre, fueron llevadas al musical y al cine con el nombre de Gypsy: A Musical Fable. Otra de sus obras, firmada en 1941, fue una novela tan insólita como deliciosa: The G-String Murders, ahora disponible en castellano como Los crímenes del burlesque gracias a la traducción de Raquel García Rojas y la edición de Hoja de Lata. Una oportunidad perdida de llamarla los crímenes del tanga, aunque con una solución bastante más elegante, es cierto.

Como es probable que aquí su nombre sea bastante menos conocido, no me resisto a incluir un pequeño vídeo de la artista interpretando Put the Blame on Mame. Sí, la de Gilda:

Los crímenes del burlesque, una magnifica ambientación.

El Old Opera no es precisamente el cabaret más glamuroso de Nueva York. Sin embargo, allí se dejan la piel cada día en caóticas sesiones de burlesque una entrañable corte de artistas venidas de los Estados Unidos profundos, como la aguerrida vedette Gypsy Rose o la irritante prima donna Lolita La Verne. Todas se quieren a su manera y todas odian a la Princesa Nirvena, la nueva, exótica e insoportable estrella del teatro. Son mujeres valientes que luchan por ganarse el pan rodeadas de novios mafiosos, tramoyistas ermitaños o policías casi tan corruptos como babosos.

Una no siempre armoniosa familia teatral que, sin embargo, cierra filas cuando dos actrices de la troupe aparecen estranguladas entre bambalinas con sus propios tangas. Todo el mundo deambula alegremente por los bastidores del Old Opera y cualquiera puede ser culpable.

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Gypsy Rose Lee

Los crímenes del burlesque es, ante todo, una puerta abierta al backstage de un teatro de variedades un poco venido a menos: olor a polvo de escenario, camerinos estrechos, rivalidades entre mujeres que aspiran a encabezar el número principal y chascarrillos afilados que quizás funcionan mejor como retrato de ambiente que como rompecabezas policial clásico pero que, a pesar de ello, son una delicia y desprenden una frescura poco impostada y que desborda naturalidad, brillo y, por qué no decirlo, diversión e ironía a pesar de que la cohorte de personajes que se deslizan por sus páginas no son precisamente gente feliz. O, por plantearlo  de otra manera, sobreviven a su destino con toda la dignidad que les es posible y poniéndole como quien dice buena cara al mal tiempo en un ambiente plagado de camaradería, sí, pero también de envidias y rencores.

Una narración salpicada de humor

La voz narrativa —la propia Gypsy actúa aquí como protagonista y observadora y que es difícil de evitar pensar que buena parte de su narración es autobiográfica o, al menos, muy inspirada en su entorno como artista del burlesque— es el gran motor del libro. Sus observaciones son irónicas, compasivas y salpicadas de un humor negro que humaniza a las bailarinas y desactiva el melodrama. La obra brilla sobre todo por su atmósfera y un retrato de un mundo del espectáculo que ya no existe: muchos leen la novela por la vivacidad de sus personajes antes que por la destreza deductiva de la trama.

Es cierto quizás lo que dicen de que Lee fue una de las primeras “famosas que escriben libros” pero, al menos, no buscó la pretenciosidad literaria: su texto es en buena parte una extension de ella, de su mundo, de lo que conocía, y lo cuenta con naturalidad y con desparpajo, con una mirada cómplice al lector al que pretende embaucar con sus encantos —esta vez narrativos pero no carentes de picardía— como si sobre un escenario se hallara contando algún chiste o chascarrillo picante con el que ganarse unos dólares.

Una caso no tan redondo

La acción se desarrolla sin tregua, los espacios de respiro son más breves, pero a la novela quizás lo que le falte es un buen desarrollo de la búsqueda del criminal. Para el lector que quiera una novela policial «pura», Los crímenes del burlesque puede resultar un poco frustrante: la investigación y el tramo final quizás sean un poco endebles; pero si aceptamos el libro como comedia negra ambientada en la farándula,  su mérito principal es mostrar un ecosistema marginal con honestidad y cariño. Gypsy Rose Lee dota a la novela de autenticidad —detalles, costumbres y el código no escrito entre las artistas— que pocos novelistas podrían reproducir con la misma gracia sin su trasfondo y, cuando menos, nos ofrece una historia entretenida con la que empatizamos, nos reímos e incluso, sufrimos en ocasiones y ese no es mérito baladí.

Los crímenes del burlesque, Gypsy Rose lee, portada

  • Título: Los crímenes del burlesque
  • Autor: Gypsy Rose lee (traducción de Raquel Garcia Rojas)
  • Editorial: Hoja de lata (podéis leer más información sobre el libro aquí)
  • 272 páginas. 22,90 Euros (formato papel); 

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