Recién publicada, Llamas en Nuncanada es la sexta novela de Catriona Ward y consolida su trayectoria como una de las voces más singulares del horror contemporáneo. Es una autora de la que he tenido el placer —o el disgusto, quién sabe, atendiendo al género al que se adscribe— de leer cinco de ellas, quedándome pendiente justo la que abrió su éxito: La casa al final de Needless Street. Algo a lo que espero poner pronto solución (el libro está ya en mis estanterías).
En esta novela, la autora regresa a sus temas recurrentes —el trauma, la memoria y la infancia herida—, articulándolos en torno a un espacio cargado de simbolismo: un valle remoto conocido como Nuncanada, en una obra que combina elementos del thriller, el horror gótico y el cuento oscuro, construyendo una narración polifónica que avanza a través de distintos puntos de vista y líneas temporales. El resultado es una historia densa y atmosférica que exige una lectura atenta, si bien no tanto como en obras anteriores.
Catriona Ward, reina del horror
Catriona Ward es una escritora británica —si bien estadounidense de nacimiento— reconocida por su contribución al género del horror literario contemporáneo. Debido al trabajo como economista de su padre, la familia se trasladaba con frecuencia, y ha vivido en Estados Unidos, Kenya, Madagascar, Yemen y Marruecos. Antes de dedicarse por completo a la escritura, trabajó como actriz y residió tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos, experiencias que han influido en la ambientación y los registros culturales de su obra.
Debutó con Rawblood (2015), novela galardonada con el British Fantasy Award a la mejor novela de terror. A partir de entonces, su carrera se ha consolidado con títulos como Little Eve (2018), The Last House on Needless Street (2021), Sundial (2022) y Looking Glass Sound (2023). Su narrativa se caracteriza por el uso de narradores poco fiables, estructuras fragmentadas y una exploración constante de la psicología de personajes marcados por el trauma. Ha sido reconocida con diversos premios y nominaciones, entre ellos el Shirley Jackson Award y el Bram Stoker Award.

Llamas en Nuncanada y los niños perdidos
La novela sigue a Riley, una adolescente de catorce años, y a su hermano menor, Oliver. Tras la muerte de su madre, ambos quedan bajo la tutela de su Primo —no queda claro si la relación familiar es real—, cuyo comportamiento autoritario y abusivo convierte su hogar en un entorno infernal. En este momento, Riley recibe la visita de un misterioso joven que le habla de un lugar llamado Nuncanada: un refugio escondido en las montañas donde viven niños fugitivos, lejos del control de los adultos.
Movida por el deseo de proteger a su hermano, Riley decide escapar y emprender el viaje hacia ese enclave. Su llegada al valle de Nuncanada marca el inicio de una nueva etapa, pero también la entrada en un espacio cargado de historia y violencia.Años atrás, el lugar había pertenecido a un actor de Hollywood, quien construyó allí una propiedad aislada. Un incendio devastador destruyó la casa, y tras el desastre salieron a la luz crímenes perturbadores vinculados al propietario.
La narración alterna la historia de Riley con otras líneas argumentales: la investigación de un periodista interesado en los llamados “niños de Nuncanada”, por un lado, y episodios del pasado relacionados con el actor y el origen del valle, por otro. A medida que estas tramas convergen, la novela revela cómo los acontecimientos del pasado continúan influyendo en el presente y cómo lo que en un principio parece un refugio seguro comienza a mostrar sus grietas. La comunidad de niños que habita Nuncanada se rige por sus propias normas, y el lugar, lejos de ser un paraíso, encierra peligros latentes. Riley deberá enfrentarse no solo a amenazas externas, sino también a las dinámicas internas de ese mundo aparentemente libre.
La exploración del trauma infantil en una novela dirigida por niños
Uno de los ejes centrales de la novela es el trauma infantil y sus consecuencias. Los personajes que llegan a Nuncanada lo hacen huyendo de situaciones de abuso o abandono, y la historia se centra en cómo esas experiencias moldean su comportamiento y su percepción del mundo. La relación entre Riley y Oliver constituye el núcleo emocional del relato: un vínculo de protección que resiste en medio de la incertidumbre.
El valle de Nuncanada funciona como una comunidad sin adultos, lo que remite inevitablemente a imaginarios como Peter Pan —imposible no establecer la relación con Nunca Jamás— o El señor de las Moscas, aunque en una clave más oscura. Incluso podemos encontrar esas mismas referencias en autores actuales como Jesse Ball y Los niños 6. La aparente libertad de los niños se revela pronto como un equilibrio precario y Ward plantea así una reflexión sobre la construcción social de las normas: incluso en ausencia de autoridad, surgen jerarquías, tensiones y formas de violencia. La infancia no es un territorio idealizado: aunque queramos creerlo, los niños no tienen que ser buenos por naturaleza sino que exigen su propio sistema de ética donde la inocencia y la crueldad existen y cohabitan bajo unas reglas diferentes.
Por cierto, la historia también remite mucho a Neverland, el famoso rancho en el que Michael Jackson vivió y que tenía entre otras cosas un parque de atracciones y un zoológico. Y en la novela hay tanto una noria como un cocodrilo, que puede hacer referencia tanto al zoológico como al famoso perseguidor del capitán Garfio.
El espacio físico y la estructura
El escenario de la novela tiene un peso fundamental. El valle resulta un lugar aislado y marcado por las ruinas de la casa incendiada, y actúa como capas de memoria acumuladas, una sobre otra, que dejan rastros y migas que hay que desenterrar para entender cómo lo físico hace mella en lo mental. El pasado no permite olvidos, permanece activo y deja su huella. La figura del incendio adquiere así una dimensión metafórica: representa tanto la destrucción como la revelación. Lo que arde no desaparece del todo; deja restos, huellas, cicatrices que condicionan el presente.
La novela se construye a partir de múltiples perspectivas y saltos temporales.Ward no ofrece una narración lineal ni completamente transparente. La ambigüedad forma parte esencial del texto: algunos elementos pueden interpretarse como sobrenaturales, mientras que otros admiten una explicación psicológica. Esta indefinición contribuye a la atmósfera inquietante de la obra, que no llega a las cotas de sorpresa que generan otras de sus novelas, pero sí generan la suficiente intriga para llegar hasta el final, un final un poco lastrado por las prisas en la corrección de las últimas páginas que tienen algunas erratas que espero se corrijan si se dan más ediciones.

- Título: Llamas en Nuncanada
- Autor: Catriona Ward (traducción De Cristina Macía Orio)
- Editorial: Runas, Alianza (podéis leer más información sobre el libro aquí y leer las primeras páginas aquí)
- 288 páginas. 21,95 Euros (formato papel); 11,99 euros (formato digital)






