La única chica

 A lo mejor el nombre de Robin Green no nos dice mucho así, de entrada. Hasta hace unas semanas, a mi tampoco. Pero a día de hoy eso ha cambiado y os puedo asegurar que, aunque no hayáis oído su nombre, sí habéis con bastante seguridad —y si sois de mi quinta— visto algo de su trabajo. Porque Green  ha sido una figura clave en la contracultura estadounidense desde finales de los años sesenta hasta hoy en día.

En los orígenes de Rolling Stone 

Por ponernos en contexto: A finales de 1960 Jann Wenner creó la revista Rolling Stone, una publicación insigne del nuevo periodismo que captó inmediatamente la atención de los lectores por su combinación de artículos musicales, actualidad, política… A eso se sumaba además tener una periodicidad quincenal, lo que le permitía acercar rápidamente las noticias al público, frente a otros competidores de esa época como la revista Esquire.

Como en buena parte del panorama cultural de la época, la revista era un campo profesional masculinizado, donde los redactores y editores fueron Durante un tiempo exclusivamente hombres. Por eso el nombre de Robin Green es tan importante visto desde la actualidad, porque fue la única mujer redactora cuyo nombre apareció en los créditos de la revista entre 1971 y 1974. Y ella misma nos narra su periplo y cómo llegó —y se marchó— de la revista en sus memorias tituladas “La única chica” y subtituladas “De única redactora en Rolling Stone, a guionista en Doctor en Alaska y Los Soprano.”, en traducción de Patricia González y publicada por la editorial bilbaína Liburuak.

Una vida cerca de las letras —aunque no de los libros—

Como buen espóiler, el subtítulo ya nos cuenta mucho más de su vida. Esta será la tónica de unas memorias que resultan en su lectura muy adictivas con ese recurso de ir soltando pequeños avances que generan una cierta ansia por saber qué sucederá después. Después de años dedicada al nuevo periodismo, a Green le entró el gusanillo por escribir ficción y terminó por formar parte del equipo de guionistas de Doctor en Alaska durante varias temporadas, así como del equipo en Los soprano desde la primera a la quinta temporadas. Todo esto le valió, entre otros premios, Tres Emys y dos globos de oro. 

Hoy en día, a sus 78 años, Robin Green sigue en activo como guionista y cocreadora junto a su marido de la serie Blue Bloods y la semana pasada estuvo de gira en España, con paradas en Bilbao y Donosti, para promocionar sus memorias. Fue en Bilbao donde tuve la oportunidad de entrevistarla y ahondar un poco más en su periplo que da para varios libros. 

Presentando a Robin Green y su libro La única chica en Bilbao el pasado 15 de abril
Presentando a Robin Green y su libro La única chica en Bilbao el pasado 15 de abril

Sexo, drogas y rock and roll 

La única chica es una trayectoria vital que se acopla perfectamente a la expresión Drogas, sexo y rock and roll, porque por sus páginas hay mucho de las tres cosas, sobre todo de las dos primeras. Digamos que, a cierta edad, poco importa ya lo que puedan decir de uno y Green aplica esta máxima con creces describiendo un ambiente, en especial en los años setenta, que se acopla a la perfección al estereotipo de lo jipi que tenemos aquí: idas y venidas en coches un poco destartalados sin otra propiedad, dormir en casas ajenas donde la única pieza que se da por segura es un reproductor de discos, drogas en un bol sobre el piano a disposición de todo el mundo y cierta promiscuidad sexual que Green llega a replantearse en algún punto. 

Las memorias no son un libro donde se entre a fondo en los mecanismos de una redacción de una revista o de una sala de producción de una serie televisiva, así que quien piense en él en ese sentido quedará decepcionado. Aunque sí se dejan caer ciertos chismes o cotilleos de lo más jugosos que dan color a la maquinaria de la ficción televisiva y muestran parte de su trastienda oscura.

La única chica es la historia de una mujer que, sin ser consciente del papel pionero que tuvo en un momento de increíble riqueza cultural en los Estados Unidos, estuvo en contacto con las figuras más relevantes de campos como la música, la fotografía, el periodismo, la política, la literatura o la televisión. Pasear por las páginas de su libro es reescribir la cultura pop de su país, sembrada de momentos brillantes, como cuando está a los pies de Borges escuchándole tras una conferencia en la Universidad de Iowa. 

Un talento combinado con suerte

Las memorias están construidas en orden cronológico y en ellas se combinan la parte personal y la profesional de forma continua, no hay separación entre ellas, lo que puede resultar una forma de dotar humanidad a la historia —pero, de nuevo, si esperáis algo como un manual os sentiréis decepcionados—. Como ya comentaba, la forma de narrar de Green tiene mucho de guion televisivo porque ella misma se encarga de ir ofreciendo pequeños avances, ir regalando pequeñas dosis de información que sirven para que el lector se quede enganchado a la historia y no pueda dejar de leer.

La única chica son las memorias de una mujer de un indudable talento, cuyos artículos eran envidiados y alabados por su carácter sagaz pero también irónico, por la manera en que le gustaba poner al descubierto el lado más oscuro de figuras poderosas. Ella  diría que gustaba de poner en su lugar a los malvados.

Presentando a Robin Green y su libro La única chica en Bilbao el pasado 15 de abril
Presentando a Robin Green y su libro La única chica en Bilbao el pasado 15 de abril

Pero en ningún caso podemos escapar a la versión en la que era también el prototipo de una mujer jipi de su época, que viajaba con lo puesto pero con una familia que, en el fondo, era un colchón económico a su espalda a la que siempre hubiera podido recurrir en caso de necesidad. Sorprende en su lectura que, en una era sin internet, sin redes sociales… tenía un don que el libro no explica para estar en el momento adecuado en el lugar preciso —su entrada en la Rolling Stone, sin ir más lejos, tuvo mucho de fortuito—. Tal vez ahí lo más interesante sea caer en la enorme red social que creo y que fue la que la ayudó a encaminar su carrera por un camino donde la escritura fue una constante, de una u otra forma. 

la unica chica, robin green, liburuak, portada

  • Título: La única chica 
  • Autor: Robin Green (traducción de Patricia P. González-Barreda) 
  • Editorial: Liburuak  (más información del libro aquí)
  • 352 Páginas. 20,00 Euros (formato papel)

Piérdete en el archivo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *