La seca

Arrancamos, esta vez sí, con las novedades de 2024. En cosas que los libreros tememos, odiamos y anhelamos al mismo tiempo, están las campañas de novedades de los grandes grupos, que tenemos que completar con entre tres y cuatro meses de adelanto respecto a su fecha de publicación definitiva. En general esto se transforma un poco en «no sé qué estoy pidiendo» y «para qué tanto pedir si cuando se publiquen igual ya estoy muerta» —obviad, por favor, mi humor funesto en ciertas ocasiones—. Pero muy de vez en cuando nos salta a los ojos un título que sí esperamos con auténtica ansia. En mi caso, con vistas al primer semestre, han sido dos las novedades que esperaba con ganas: «Chamanes eléctricos en la fiesta del sol», de Mónica Ojeda en Random House Mondadori; y La seca, de Txani Rodríguez, en Seix Barral. 

Es precisamente del segundo, La seca, del que tengo la suerte de escribir a unos días de su publicación en todo el país. 

Txani Rodríguez, un costumbrismo a caballo entre lo urbano y lo rural. 

txani rodriguez
Txani Rodríguez.
Fotografia: Pankra Nieto

Txani Rodríguez, periodista y escritora, colaboradora habitual del programa radiofónico dedicado a la literatura Pompas de Papel, columnista en El diario Vasco y El correo, viene de ganar el Premio Euskadi de literatura en castellano en el año 2020 con Los últimos románticos, también en Seix Barral, y antes de eso ya nos había encandilado con obras como Agosto, en 2013, o Si quieres, puedes quedarte aquí en 2016, novela que por cierto es, diría yo, mi favorita de ella.

Es una autora a la que tengo la suerte de conocer en persona y, por tanto, soy testigo de sus estivales y obligados posados acuáticos en la Serranía de Ronda, cual posado de Ana Obregón, si se me perdona la comparación y teniendo en cuenta que las nuevas generaciones no sabrán ni quién es esa y, sino, tiempo al tiempo. Y es la cercanía que mantengo con ella la que me genera el ansia por leer su obra de la que, orgullosa, puedo decir que estoy al día. 

La seca, buscando los orígenes en tierras gaditanas 

Como decía, la próxima semana se publica “La seca”, su nueva novela con la que nos lleva de nuevo de la mano de su narrativa tan personal y reconocible a tierras de Cádiz. Allí pasa los veranos desde su infancia Nuria, la protagonista, en un pueblo que vive de la extracción del corcho de los alcornoques en un área protegida del sur español. Allí será donde asistamos a un quiebro que separa la tradición de los tiempos modernos, el conflicto entre el turista, que busca esa tradición como forma de ocio y la población local, que ve como la seca, una enfermedad propia de estos árboles, está dando al traste con su única forma de subsistencia y se enfrenta a la incertidumbre de un cambio obligado para poder seguir adelante.

La seca sigue, en ciertos aspectos, la senda marcada por Los últimos románticos. Si hay algo que Txani hace con maestría es enfrentarnos a esos puntos de inflexión que marcan la diferencia entre pasado y presente, entre tradición y modernidad. Lo hace en Andalucía, un territorio que fue y es origen de muchos vascos que vieron cómo sus padres emigraron al norte en busca de trabajo y terminaron por asentarse aquí, un lugar donde Txani tiene raíces también y por lo tanto un espacio al que vuelve tanto en su vida real como en la narrativa. Así sucedía, por ejemplo, en su novela Agosto.

Un espacio natural cambiante y dominado por lo económico.

Será en este pueblo donde asistiremos al principio del fin del cultivo del corcho, a la imposición de la agricultura extensiva del aguacate, acicateada por una generación moderna que ha ensalzado este fruto pero que es a su vez un cultilvo mucho más exigente en agua para regadíos que obliga, entre otras cosas, a modificar el curso de los ríos para abastecer esta necesidad.

Y en este instante de cambio, económico, pero también muy enlazado con el calentamiento global, nos encontramos a Nuria, que viaja con su madre a la casa materna. Nuria está también en ese filo: no es completamente una turista porque tiene vínculos familiares con el pueblo, pero no es capaz de entender qué desgracias tienen lugar cuando acaba la temporada estival y cada cual tiene que buscarse las castañas donde puede una vez los turistas regresan a sus casas.

Nuria como eje emocional que orbita entre lo estático y lo cambiante 

Es además un personaje interesantísimo porque tiene un gran número de aristas que hacen que, como lectora, no sepa si sentirme a gusto con ella o no. Hay momentos en que inspira una gran ternura, como cuando asistimos a su angustia ante cambios que no entiende, pero también genera animadversión cuando vocaliza esa misma angustia, esa incertidumbre, de forma muy agresiva, atacando muchas veces a quienes más la quieren y más tratan de ayudarla, como es el caso de su madre que tiene un papel clave en el desarrollo de la novela. Nuria es, no nos vamos a engañar y lo digo desde la experiencia personal, carne de psicólogo que aún no se ha decidido a buscar ayuda. Ayuda para sobreponerse a lo que la vida le ha puesto en el camino, ayuda para manejar unas emociones que la desbordan, que la mueven por caminos erróneos o mal atendidos. 

Su relación con su madre es un remedo del Perro del hortelano, de ni contigo ni sin ti: no quiere cuidar de ella ni tampoco sentir que su madre es una persona autónoma, capaz de valerse por si misma; no quiere orbitar a su alrededor pero sin ella se torna satélite desplazado, perdido de un centro que  ejerza sobre ella el influjo gravitatorio. Mientras, a su alrededor, Nuria ve cómo todos evolucionan, pasan página, tienen más o menos claro —tal vez hay aquí cierta mentira que nos da observar sin estar en las tripas del resto— lo que quieren, se arrejuntan o separan según esas necesidades. Nuria no, Nuria parece estática, ajena al cambio, añorante de que todo sea igual cuando esa quietud es, precisamente, la que la está destruyendo. 

Una novela que desasosiega desde la calma 

La seca es una novela que se desarrolla con mucha calma, lo que no quiere decir que no pasen cosas. Al contrario, pasan muchísimas pero el sosiego con el que Txani las narra nos dejan espacios para respirar, para reflexionar, para aprender, de lo más interesantes. Todo ello sin renunciar a plantear interrogantes más allá de las relaciones que pueda tener su protagonista, llevándonos de la mano por espacios naturales que, en el norte, nos resultan cercanos pero a la vez lejanos por extraños, por distintos. Porque no toda la naturaleza es idéntica en todas partes y esta, la de los bosques de alcornoques, se transforma en algo muy específico y apegado a la novela. 

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  • Título: La seca
  • Autor: Txani Rodríguez 
  • Editorial: Seix Barral  (más información del libro aquí y puedes empezar a leerlo quí)
  • 272 Páginas. 19.00Euros (formato papel); 9,99 euros (formato digital). 

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1 comentario en “La seca”

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