La impostora: una escritora que traduce o viceversa

Nuria Barrios, escritora y traductora, habla en su ensayo La impostora de la suspensión de la incredulidad del lector. Como lectores cogemos un libro en una biblioteca, en una librería, en la estantería del vecino, y nos sumergimos en él, asumiendo que estamos leyendo las palabras de su autor, del escritor que dio forma a su instinto creativo a través de la escritura. Pero cuando se trata de una obra traducida tendemos a olvidar que, en realidad, leemos las palabras de otra persona —de unas cuantas tal vez, si tenemos en cuenta a editores y correctores– que no siempre aparece en la portada del libro: el traductor o traductora. 

Sucede con los libros pero no de forma exclusiva: esta misma suspensión se mantiene también con otros textos: las redes sociales que usamos a diario y que tanto roban nuestro tiempo están traducidas como lo están muchas aplicaciones móviles o páginas web. Si pensamos en ello, estamos en manos de profesionales que bailan sobre hilos muy precarios. No sólo son los hilos de sus condiciones laborales; debemos pensar que, simulando ser relojeros, trabajan con enorme precisión para trasladarnos qué quiere contar el autor pero también cómo nos lo quiere decir.

El libro ganador de XIII Premio Málaga de Ensayo es, sin dudarlo, una maravillosa reflexión sobre los procesos de escritura y traducción, tan engarzados y sin embargo tan diferentes. No en vano el subtítulo que acompaña a La impostora reza «Cuaderno de traducción de una escritora». Esta escritora es, en concreto, Nuria Barrios.

Nuria Barrios

Nuria Barrios es autora de las novelas Todo ardeEl alfabeto de los pájaros y Amores patológicos; de los libros de relatos Ocho centímetros, El zoo sentimental y Balearia, y de los libros de poemas La luz de la dinamo, Nostalgia de Odiseo y El hilo de agua. Pero además es la traductora al español del novelista irlandés John Banville/Benjamin Black y de la poeta estadounidense Amanda Gorman, a cuya reciente polémica dedica uno de los capítulos del ensayo. Por cierto, sobre esta polémica bien puede servir atender a lo que dicen los traductores en ACE Traductores (para muestra este artículo de su revista).

Quien lee por placer está pendiente sobre todo del impacto que genera el texto: el desasosiego, la inquietud, la ternura, la excitación, la tristeza, el asombro, el rechazo.Es una actividad absorbente que no admite más deseo que seguir leyendo. Sin embargo, cuando una persona lee para traducir solo está pendiente del texto: de sus atractivos y de sus trampas. Sobre todo de sus trampas

Nuria Barrios se define como impostora porque es una escritora que traduce y también una traductora que escribe. Se mueve entre dos mundos que usan la misma herramienta: la palabra. Pero mientras que en la escritura la usa de forma más emocional, intentando expresar, volcar sensaciones y sentimientos, en la traducción pasa a convertirse en una herramienta. Y sin embargo, como bien destaca al mencionar al teórico de la traducción Douglas Robinson, los traductores no deberían ser dispositivos de traducción impersonales o neutrales, sino que sus experiencias personales son indispensables para el ejercicio de su trabajo. 

Un repaso a la labor de la traducción desde todos los ángulos

En la impostora muestra, dividiendo el ensayo en capítulos cortos, cada uno centrado en un tema diferente, cómo nuestro orden político, cultural y religioso se basa en traducciones erróneas; cómo un oficio considerado casi doméstico está manchado por la sangre de quienes lo ejercen. En tal penosa categoría se encuentran los intérpretes locales en guerras como la de Afganistán.

Caso aparte es el del escritor Salman Rushdie, explicado con detallada delicadeza, que coincide por infortunio con el nuevo intento de asesinato el pasado mes de agosto. Allí donde verdugos que reconocen no haber leído apenas un par de páginas de su obra fracasaron, otros tuvieron éxito asesinando a algunos de los traductores de su obra . En julio de 1991, Histoshi Iragashi, el traductor japonés de Rushdie, murió apuñalado. Un mes antes Ettore Capriolo, traductor al italiano, fue atacado en su departamento en Milán. Su traductor al noruego también sufrió una agresión. Dos años más tarde, en Turquía fallecieron 37 personas cuando incendiaron el hotel donde se encontraba su traductor turco, que sobrevivió. 

Pero no es la única reflexión que recorre las páginas del ensayo de Barrios. En sus páginas pesa la eterna duda de si el prestigio de los escritores que se aventuran en la traducción es cuestionado o, más bien, cómo lo es. También incide en reflexionar sobre la presencia de la mujer en el sector, abrumadora en volumen pero escasa tanto en escalas institucionales como en premios recibidos.

La impostora se suma a otras obras que perfilan el oficio de la traducción

El de Nuria Barrios se suma a otros títulos que tienen la traducción de fondo, como El fantasma en el libro, de Javier Calvo, o Los enemigos del traductor, de Amelia Pérez de Villar. Es de los tres el que ejerce una mayor crítica pero al tiempo lo hace en una forma narrativa muy bella, muy introspectiva. Es fácil recrearse en su autora hablando ante el espejo, buscando enfoques y ángulos. Hay un ejercicio de desnudar su propio trabajo, de darse cuenta de que sus herramientas como  escritora a veces le permiten dar un salto en el vacío cuando se hace necesario abandonar la traducción literal para respetar la esencia del texto original. 

  • Título: La impostora
  • Autor: Nuria Barrios
  • Editorial: Páginas de Espuma (más información del libro aquí y puedes leer las primeras páginas aquí)
  • 168 páginas. 15,00 Euros (formato papel); 5,99 Euro (formato digital)

Si quieres, puedes escuchar el especial «Libros sobre traducción» en Kultura.eus, de Radio Euskadi, haciendo clic en la siguiente imagen:

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