A mí lo de «ya has leído una cosa rara de las tuyas» me ofende más bien poco. Más bien nada. Qué sería de la literatura si no hubiera gente dispuesta a aceptar en sus ratos de ocio propuestas más o menos al margen de los grandes éxitos literarios. Cómo se reduciría el abanico de opciones. Qué aburrimiento todo. Tengo la impresión de que la editorial Wunderkammer es de mi mismo parecer, ya que editan poco o nada que se pueda considerar convencional. Sin entrar en conceptos como el diseño de sus libros. Para muestra, este vídeo que muestra cómo imprimen sus portadas en una Minerva:

De todas formas, tampoco creo que la historia de La condesa sangrienta, de la húngara Erzsébet Báthory, sea tan rara. De hecho, es el segundo libro que leo sobre esta mujer que, entre finales del siglo dieciséis y principios del diecisiete torturó y mató a cerca de seiscientas cincuenta mujeres. ¿Qué nos lleva a, no ya investigar y escribir, sino leer sobre una psicópata de semejante calibre, porque no podemos darle otra acepción? Tal vez el simple y puro morbo. Tal vez la incredulidad, porque Báthory fue testigo de atrocidades que pocas veces caen dentro del género femenino. O quizás el deseo de abarcar de una vez las profundidades oscuras de la mente humana, la forma en que sus mecanismos hacen de tanto en tanto —por suerte— conexiones extrañas, locas, perversas.

Pero, dejadme decir que, si es el morbo lo que buscáis, no lo vais a encontrar en el texto de Valentine Penrose. La condesa sangrienta es, sí, una biografía de un personaje histórico tristemente famoso. Pero Penrose no ahonda tanto en los crímenes que se cometieron en los sótanos de sus alojamientos como en indagar en una época de oscurantismo generalizado, cuando las artes oscuras caminaban de la mano de la religión más intransigente, cuando los poderosos podían reducir a sus vasallos a poco más que objetos sin capacidad de decisión ni de queja.

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Copia del retrato original perdido de 1585 de Elizabeth Báthory.

Valentine Penrose (1898 – 1978) fue una escritora y artista plástica francesa vinculada al surrealismo. En 1962 publicó un relato histórico sobre Erzsébet Báthory que impresionó tanto al público como a la crítica. Quien lea el texto de La condesa sangrienta no siempre va a estar seguro de la veracidad de lo que Penrose expone, pero le será imposible escapar del ambiente que la escritora consigue crear con un lenguaje que se balancea entre la narrativa y la poesía y que, en muchas ocasiones, cae del lado de la segunda. El éxito de la obra no cae por tanto en la morbidez de las torturas que se describen, sino en la capacidad de trasladar al lector a un tiempo que apenas logra vislumbrar en su imaginación.

Aunque no siempre resulta sencillo abarcar el texto, en especial cuando Penrose pierde la línea narrativa y avanza y retrocede para explicar tal o cual suceso, el esfuerzo nos llevará a un tiempo de superchería, supersticiones, amuletos, brujas de los bosques, estancias heladas y distancias que se antojan eternas recorridas a caballo o en carruaje.

valentine penrose

Valentine Penrose en Londres TATE. EILEEN AGAR

La condesa sangrienta tiene ese aura mezcla de goticismo y romanticismo que asociamos tal vez al género vampírico y a obras como Drácula o Carmilla. Es un relato de deseos primigenios: belleza, salud, vida eterna, en un ambiente en que los pocos afortunados que ostentan el poder no se limitan por la moralidad ni por una concepción del bien y el mal que consideran no va con ellos.

Ya sea por truculento o por auténtico interés científico, la historia de la condesa Erzsébet Báthory ha perdurado a lo largo de los siglos y ha generado oscuros deseos. Su vida se ha trasladado de texto en texto. Alejandra Pizarnik (1936 – 1972) se basó en el texto de Penrose para escribir su propia versión  en 1971 de La condesa sangrienta, en un momento en que pocos entendieron ese supuesto descenso de su calidad escritora frente a lo que ya había publicado. Leídos ambos dos, el de Pizarnik pierde el interés histórico al prestar mucha más atención al ejercicio físico de la tortura. No por eso deja de tener interés la edición publicada por Libros del Zorro. En especial las ilustraciones de Santiago Carusso trasladan con una lúcidez que atormenta la combinación de poesía y horror del que Penrose hizo gala.

Portada de La condesa sangrienta, de Alejandra Pizarnik. Ilustración de Santiago Caruso para la edición de Libros del Zorro Rojo

Ilustración de Santiago Caruso para La condesa sangrienta. Edición de Libros del Zorro Rojo.

La condesa sangrienta es, a la fin, una delicia de texto que atormenta y confunde, que hace dudar de la esencia de la naturaleza humana y que transforma a Erzsébet Báthory en un personaje que se sumará a los anales de los psicópatas que no podemos llegar a comprender, por mucho que lo intentemos. Valentine Penrose logra difuminar la línea entre realidad y ficción novelada y nos acompaña a lo largo de un truculento viaje.

  • Título: La condesa sangrienta
  • Autor: Valentine Penrose (traducción de Mª Teresa Gallego Urrutia y Mª Isabel Reverte)
  • Editorial: Wunderkammer (puedes leer más información del libro aquí)
  • 248 páginas. 23 Euros (formato papel)