La chaise longue victoriana & La torre, Marghanita Laski

Publicada en 1953, La Chaise longue victoriana es una novela corta que, bajo una aparente sencillez argumental, despliega un inquietante estudio sobre la identidad, el cuerpo y la vulnerabilidad femenina. Nos llega editada —reeditada más bien, fue uno de sus primeros títulos publicados— por Automática Editorial.  Marghanita Laski construye un relato que se sitúa entre el terror psicológico, la fantasía temporal y la crítica social, y cuya eficacia reside menos en el artificio fantástico que en la experiencia íntima del desamparo.

Marghanita Laski, una (otra) olvidada escritora

Marghanita Laski (1915–1988) fue una escritora, periodista y crítica británica, conocida tanto por su ficción como por su trabajo ensayístico. Nacida en Manchester en el seno de una familia judía, creció en un entorno intelectual —era sobrina del intelectual socialista Harold Laski— y desarrolló una carrera que incluyó novelas, cuentos, crítica literaria y estudios sobre el éxtasis religioso desde el punto de vista de una atea convencida. Trabajó como periodista, como profesora en Oxford y fue colaboradora en el Oxford English Dictionary. Ademas también fue participante habitual en programas radiofónicos como The Brains Trust y The Critics y  escribió sobre Jane Austen y George Eliot.

La chaise longue victoriana es, probablemente, su texto más recordado y, como bien comenta Rosa Belmonte, el más olvidado. Con el paso del tiempo, la novela ha sido recuperada y reivindicada, en particular por editoriales interesadas en rescatar voces femeninas del siglo XX que exploraron el terror desde perspectivas no convencionales. Resulta  muy difícil olvidar  en su lectura otra novela, El papel amarillo de Charlotte Perkins porque tienen ciertas conexiones además de esa mala costumbre de enviar autoras al territorio del olvido.

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Marghanita Laski

Un mueble como eje narrativo intrigante

La novela comienza en la Inglaterra de mediados del siglo XX. Melanie Langdon, una joven mujer que se recupera de una grave enfermedad pulmonar, es obligada a guardar reposo en su casa de campo. En ese contexto de fragilidad física, su marido adquiere una chaise-longue victoriana, un objeto antiguo y elegante que pronto se convierte en el eje simbólico del relato. Al recostarse en ella y quedarse dormida, Melanie despierta en un entorno radicalmente distinto: una habitación victoriana, en el cuerpo de otra mujer, Milly, también enferma, también inmovilizada, pero atrapada en el año 1864.

A partir de este punto, Laski evita cualquier explicación racional clara. No hay máquinas del tiempo ni justificaciones científicas; el relato se instala en una ambigüedad perturbadora. ¿Ha viajado Melanie en el tiempo? ¿Ha perdido la razón? ¿O ha quedado atrapada en la conciencia de otra mujer, borrando la frontera entre sueño, memoria y realidad? Esta indefinición es una de las grandes virtudes de la novela: el terror no procede de lo sobrenatural explícito, sino de la imposibilidad de comprender —y controlar— lo que está ocurriendo.

El horror que experimenta Melanie es profundamente corporal. Su conciencia moderna queda encerrada en un cuerpo victoriano debilitado, sometido a la autoridad médica masculina y a la estricta moral doméstica del siglo XIX. La chaise-longue, objeto que atraviesa ambos tiempos, se transforma en un símbolo de inmovilidad y pasividad, pero también de continuidad histórica: un mueble diseñado para el reposo forzado, para la contemplación sin acción, para el cuerpo femenino enfermo o fatigado.

Lo frágil de lo femenino y lo identitario.

Uno de los temas centrales de la novela es la fragilidad de la identidad. Melanie conserva sus recuerdos, su lenguaje interior y su sentido del yo, pero nadie a su alrededor puede reconocerlos. Su voz es ignorada o malinterpretada; sus protestas se leen como delirios propios de una mujer enferma. En este sentido, Laski articula un terror íntimamente ligado a la pérdida de identidad: la protagonista sabe quién es, pero no puede demostrarlo ni actuar en consecuencia. El cuerpo, lejos de ser un soporte de la identidad, se convierte en una prisión.

El contraste entre las dos épocas refuerza esta idea. En la Inglaterra de los años cincuenta, Melanie ya vive bajo ciertas restricciones impuestas por su enfermedad y por su rol como esposa, pero aún conserva una red mínima de comprensión y afecto. En el mundo victoriano, en cambio, su situación es extrema: el control absoluto del entorno médico y familiar, la infantilización constante y la ausencia total de autonomía revelan una estructura social que convierte la debilidad femenina en un estado permanente. Sin subrayados explícitos, la novela traza así una crítica feroz a las condiciones históricas que han normalizado el sufrimiento silencioso de las mujeres.

El estilo de Laski es contenido y preciso. La prosa evita el exceso descriptivo, pero logra una atmósfera asfixiante mediante pequeños detalles: la textura de las telas, la luz apagada de la habitación, los sonidos amortiguados que llegan desde el exterior. El ritmo es deliberadamente pausado, reflejo de la inmovilidad física de la protagonista, y esta lentitud contribuye a intensificar la angustia. No hay grandes giros espectaculares; el horror se acumula de forma progresiva, casi inevitable.

Un final controvertido e impopular

El final de la novela, deliberadamente desolador, ha sido objeto de numerosas lecturas críticas. Sin revelarlo, puede decirse que Laski opta por una conclusión coherente con la lógica interna del relato: no hay consuelo fácil ni restitución completa del orden. El lector queda enfrentado a una sensación de pérdida que trasciende la anécdota fantástica y apunta a una reflexión más amplia sobre el cuerpo, el tiempo y la memoria.

Para comprender mejor la singularidad de esta obra, conviene situarla dentro de la trayectoria de su autora. Marghanita Laski, aunque nunca se adscribió plenamente a un solo género, se caracteriza por una mirada incisiva sobre la psicología femenina, la moral social y las tensiones entre razón y experiencia interior.

La Chaise Longue victoriana es, probablemente, su texto de ficción más recordado. Leída desde el presente, la novela conserva una potencia notable. Su reflexión sobre la pérdida de control del propio cuerpo, sobre la medicalización de la experiencia femenina y sobre la fragilidad del yo sigue resonando con fuerza. Laski demuestra que el terror más duradero no necesita criaturas sobrenaturales ni escenarios grandilocuentes: basta un cuerpo inmóvil, una habitación cerrada y la certeza de no ser escuchada.

Un extra literario: La torre.

En definitiva, La Chaise Longue victoriana es una obra breve pero profundamente perturbadora, que combina elegancia narrativa y con agudeza temática. Su lectura deja una huella incómoda y persistente, como el eco de un sueño del que no se puede despertar del todo.

La edición de Automática editorial se completa con un segundo relato brevísimo, La torre. Es un relato extraño, difícil de definir, donde una mujer visita en soledad un castillo próximo a la ciudad de Florencia. En su afán de contemplar las vistas desde su torre, comienza a subir una escalera sin que al lector le quede claro si podrá retornar de ese paseo.

Cubierta_ La chaise longue Marghanita lascif, automática

  • Título: La Chaise longue & La torre 
  • Autor: Marghanita Laski (traducción De Laura Salas Rodríguez)
  • Editorial: Automática editorial (podéis leer más información sobre el libro aquí  y leer las primeras páginas aquí)
  • 136 páginas. 17,00 Euros (formato papel).

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