Lo único que recuerdo con claridad del pasado confinamiento en marzo es que ordené la biblioteca. Es así porque se desencajaron tres o cuatro baldas que mi pareja tuvo que recolocar. Lo recuerdo porque conté los libros que tenía pendientes de leer: 192. Lo escribo con cifras para que destaque más. Los números escritos con letra no provocan el mismo impacto en nuestras mentes. Lo recuerdo también, con cierto pesar, porque tuve que renunciar a mi sistema preferido para ordenar los libros en favor de uno que optimizara el poco sitio del que dispongo: por tamaños.

No me da vergüenza alguna admitir que mi sistema favorito es: por colores. Conozco muchos grandes lectores que se horrorizan cuando lo comento. Pero mi memoria visual funciona a las mil maravillas. Puede que no recuerde el título de un libro ni el nombre de su autor, pero no tengo problemas en describir el volumen. Por lo general lo primero que hago es asociarlo a su editorial, siempre que esta tenga un diseño definido.

Lo de ordenar la biblioteca parece cuestión baladí pero a los lectores nos trae por el camino de la amargura. En general lo que nos preocupa es cómo meter libros que ocupan dos metros cúbicos en baldas que ofrecen soporte para uno. Pero Leticia Sánchez (Oviedo, 1980) nos introduce en su novela La biblioteca de Max Ventura en un nuevo frente tormentoso: ¿Qué dicen los libros que guardamos de nosotros?

Leticia Sánchez Ruiz

Leticia Sánchez Ruiz

De Leticia Sánchez ya había recomendado su anterior novela: Cuando es invierno en el mar del norte. Y con cierto nivel de inocencia esperaba de esta nueva obra algo parecido: una novela negra en corte clásico bien engranada. Pero nada se puede dar por sentado. Lo que se puede vender como novela de misterio —y sí, hay un misterio— bien podría haberse reformulado como un ensayo: esos escritores y sus manías.

En La biblioteca de Max ventura conocemos a Julia Thompson, una escritora de renombre tan conocida por sus obras literarias como desconocida en la vida real. Como tantos otros escritores en la historia, McCarthy Pynchon por poner un ejemplo, prefiere que nada trascienda de su vida real. Pero en el caso de Thompson esta obsesión la lleva al extremo: interpreta un papel en público que poco tiene que ver con su vida real. Así la conocemos. Se somete a una entrevista enfundada en su disfraz, real y metafórico, para descubrir, cuando el periodista se marcha de su casa, que su disfraz incluye desorganizar los libros de su biblioteca para que nadie sepa cómo los ordena en realidad.

Thompson es un personaje que cae mal. No por mal definido sino, tal vez, por todo lo contrario: es fácil visualizarlo, es fácil incluso meterse en su cabeza e intuir cuál será su próxima acción. Así que no sorprende al lector que acepte un encargo de lo más peculiar: ordenar la biblioteca del desaparecido Max Ventura, un hombre obsesionado con la memoria histórica de su ciudad del que poco más se sabe.

La biblioteca de Max Ventura no es un libro de misterio aunque haya misterios encerrados en él: ¿dónde está el marido de Thompson? ¿Qué le ha sucedido a Max Ventura? ¿De dónde sale Eduardo, el joven tembloroso que ayuda a Julia en la reconstrucción de la biblioteca? Pero, la verdad, creo que por encima de eso está la sensación cálida de reencontrarse con viejos olvidados y nuevos desconocidos: Leticia Sánchez se ha enfundado los guantes de escritora para deslizar entre la narración anécdotas de escritores —esas a las que nos tiene tan bien acostumbrados en redes sociales—, detalles sobre libros, títulos que forman parte de su propia biblioteca, reflexiones sobre el arte de escribir pero, sobre todo, sobre el arte de leer.

Si me preguntan qué es La biblioteca de Max Ventura respondería sin dudarlo que es un canto al lector. Es un hilo del que, al tirar, se pueden extraer las propias memorias sobre lo que nos llevó a ser lectores, los libros que nos marcaron, los que no comprendimos, los que nos enorgullecemos de poseer aunque no los hayamos abierto jamás. La novela es, hasta cierto punto, una excusa que funciona porque logra un objetivo muy cálido: hacer que el lector se sienta feliz y orgulloso de serlo.

Tampoco voy a negar cierto agrado al ver Bilbao como espacio en el que se desarrolla la trama, aunque no se mencione nunca la ciudad. Muchas de las localizaciones me resultan conocidas, otras me desesperan porque no consigo ubicarlas. Pero en todo caso La biblioteca de Max Ventura tiene algo de difuso tanto en tiempo como en el espacio.

Comenté antes de terminarlo que esta novela parecía hecha a la medida de un día lluvioso y no me equivocaba. La biblioteca de Max Ventura te transporta a un lugar cálido, a un sofá mullido y una chimenea de leña. El libro permite que el mundo real resbale a su alrededor y nos protege como un paréntesis, una burbuja que aísla a los lectores que conectan con ese espíritu del libro como refugio:

Lo que hizo Ventura fue entender el gran poder de los libros. […] Protegernos de la ignorancia, la mediocridad, la soledad o las sombras. Protegernos de todo. La literatura es la lancha de salvamento de la humanidad. […] Créeme, he conocido a pocas personas que hayan entendido tan bien el poder de los libros.

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  • Título: La biblioteca de Max Ventura
  • Autor: Leticia Sánchez Ruiz
  • Editorial: Pez de Plata (más información del libro aquí )
  • 528 páginas. 23,90 Euros (formato papel)