“Mi amiga me dejó. No, eso no lo puedo escribir así. Parece que se ha muerto. Las amigas no se dejan, las amigas son quienes te acompañan a lo largo de la vida”
Con este párrafo tan directo comienza “La amiga que me dejó”, la última obra publicada de Nuria Labari en la colección de ensayo breve En Debate. Hay libros que se leen como quien abre una ventana y deja que entre el aire; tal vez para Labari este libro ha tenido algo de eso, algo de necesitar entender una situación y hacerlo a través de la escritura, dándole el reposo y la reflexión que necesitaba.
Porque, de hecho, a Nuria Labari la dejó su mejor amiga, la que estuvo ahí en sus momentos más difíciles, la primera que abrazó a sus hijos cuando nacieron, la que creía amiga eterna, de las de la cuna a la tumba. Pero la dejó y lo hizo sin razón aparente, con un mensaje que cortó en seco todo contacto, sin justificación y sin respuestas. Y eso abrió una herida en la autora que perduró durante mucho tiempo y que le generó la necesidad de ahondar en muchos aspectos que rodean la amistad.
Nuria Labari, una mirada reposada e incisiva
Nuria Labari (Santander, 1979) es una escritora y periodista española que ha desarrollado una sólida trayectoria en el ámbito de la comunicación, pero es en la literatura donde su mirada alcanza mayor profundidad. Su obra se caracteriza por una prosa incisiva, reflexiva y estilísticamente cuidada, atenta a las tensiones entre identidad, poder, género y memoria.
Ha escrito libros de relatos como No se van a ordenar solas las cosas (2024, Páginas de espuma, libro para que tuve la enorme suerte de entrevistarla) o las novelas La mejor madre del mundo (2019) y El último hombre blanco (2022, ambas en Random Mondadori), obras que confirman su vocación de desentrañar las complejidades de la experiencia moderna.

La esfera pública de lo íntimo.
Desde sus primeras páginas, La amiga que me dejó nos propone un territorio íntimo y político a la vez: la amistad femenina se nos presenta como un espacio de construcción, traición, dependencia y emancipación. No es un ensayo sobre “una amiga” en el sentido anecdótico aunque parta de algo que para el lector, por no conocer personalmente a las implicadas, le pueda parecer eso; es una obra sobre lo que proyectamos en esa figura del amigo, sobre la manera en que elegimos —o creemos elegir— a quienes nos acompañan en la forja de nuestra identidad. La amiga que deja, la amiga que se va, la amiga que traiciona: todas son variaciones de una misma pregunta dolorosa que Nuria se plantea: ¿Quién soy cuando el espejo en el que me miraba desaparece?
Labari narra con una lucidez casi quirúrgica el ascenso y la caída de una amistad que parecía absoluta. Hay en su voz una mezcla de incertidumbre y vulnerabilidad que sostiene todo el artefacto narrativo. Labari escribe con una prosa afilada, pero no fría; reflexiva, pero nunca distante. Cada escena tiene la textura de lo vivido, de lo que ha sido pensado muchas veces antes de ser escrito. Se percibe un trabajo minucioso con el lenguaje, una voluntad de precisión.
La amistad como un espejo de quienes somos
Uno de los grandes aciertos de la novela es su capacidad para explorar la ambivalencia. La amistad que se describe no es idílica ni monstruosa; es ambas cosas a la vez. Es un refugio pero se torna en un cierto campo de batalla. Es el lugar donde una aprende a nombrarse, pero también donde puede quedar atrapada en un relato que no le pertenece del todo. La amiga funciona como una especie de alter ego idealizado, una promesa de lo que podríamos ser si fuéramos más valientes, más libres, más coherentes. Cuando esa figura se desmorona, no solo perdemos a alguien: perdemos una versión posible de nosotras mismas.
La obra se adentra además en la tradición literaria que ha explorado la amistad —masculina— como motor narrativo, pero Labari opta por la mirada se desplaza hacia lo femenino con una radical honestidad, si bien es cierto que, llegado a cierto punto, admite el uso del femenino como genérico aunque también se sumerge en las diferencias entre la visión de ambos géneros de la amistad.
La amistad diseccionada por capas.
En su estructura, Labari divide el libro en tres bloques, que van desde lo más autobiográfico a lo más ensayístico en tres apartados que, fuera del libro, la autora define como “vísceras”, “corazón” y “cerebro”. La amiga que me dejó también traza una radiografía generacional. Las protagonistas pertenecen a una clase media culta, urbana, atravesada por discursos de emancipación, éxito profesional y autoafirmación. Han crecido con la promesa de que podrían serlo todo, pero descubren que el “todo” es un territorio lleno de contradicciones.
Labari no se presenta como víctima. Ese es otro de los aspectos más interesantes del libro. Asume su parte de responsabilidad en la fractura, revisa sus decisiones, sus silencios, sus expectativas desmedidas. Hay una ética hacia la autocrítica que atraviesa todo el ensayo. La ruptura no es un acontecimiento aislado, sino el resultado de una acumulación de gestos, de pequeñas renuncias y pequeñas traiciones —a veces hacia la otra, a veces hacia una misma— que terminan por hacer inviable el vínculo.
Hay pasajes especialmente luminosos y emocionales, sobre todo en el primer bloque, en los que la autora describe la intensidad de la amistad en sus momentos más altos: la complicidad absoluta, la sensación de ser comprendida sin necesidad de explicaciones, la alegría de compartir un proyecto común. Esos fragmentos están escritos evitando caer en lo sensiblero. La emoción aparece contenida, como si la narradora supiera que el exceso podría traicionar la verdad de lo vivido.
Un relato que incomoda con elegancia
En términos formales, la obra se construye como una suerte de confesión reflexiva. La trama avanza entre recuerdos y análisis, entre escenas concretas y digresiones que amplían el foco. Esta estructura permite que el texto funcione en dos niveles: el emocional y el intelectual. Sentimos la pérdida, pero también la pensamos. Y en esa doble operación reside buena parte de su potencia.
Pero si algo distingue a esta novela es su capacidad para incomodar con elegancia. La ruptura no se presenta como una tragedia espectacular, sino como un proceso silencioso, casi inevitable. La distancia se instala poco a poco, y cuando la protagonista intenta nombrarla, ya es demasiado tarde. En ese desplazamiento gradual hay una lección amarga: a veces las relaciones no se rompen por un gran acontecimiento, sino por la suma de pequeñas desintonías.
El título mismo, con su formulación directa, casi infantil, encierra una complejidad notable. “La amiga que me dejó” puede leerse como una acusación, pero también como una constatación. ¿Quién deja a quién? ¿Quién se va realmente? A lo largo del libro, la narradora va desmontando esa aparente simplicidad. Descubre que la separación es, en cierto modo, una forma de crecimiento. Que perder a la amiga implica también ganar una conciencia nueva de sí misma.
Leer esta novela es enfrentarse a una pregunta incómoda: ¿qué esperamos de nuestras amistades? ¿Buscamos compañía, admiración, espejo, competencia? ¿Estamos dispuestas a aceptar que la otra cambie, que se desplace, que deje de ocupar el lugar que le habíamos asignado? Labari no ofrece recetas, pero sí una invitación a revisar nuestras propias historias.
Una experiencia colectiva
Con una prosa sobria y luminosa, la autora logra que una experiencia íntima se convierta en un espejo colectivo. Muchas lectoras —y lectores— reconocerán en estas páginas ecos de sus propias rupturas, de esas amistades que parecían inquebrantables y que, sin embargo, no resistieron el paso del tiempo. El ensayo no busca consolar, sino comprender. Y en ese gesto de comprensión hay algo profundamente generoso.
Al cerrar el libro, queda la sensación de haber asistido a una conversación sincera, de esas que no buscan quedar bien sino decir la verdad. La amiga que me dejó no es solo la historia de una pérdida; es la historia de una conciencia que despierta. Y ese despertar, aunque duela, ilumina.

- Título: La amiga que me dejó
- Autor: Nuria Labari
- Editorial: En Debate (podéis leer más información sobre el libro aquí y leer las primeras páginas aquí)
- 128 páginas.12,9o Euros (formato papel); 6,99. euros (formato Ebook)
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2 comentarios en “La amiga que me dejó”
¡Qué ganas de leerlo, desde que me enteré de su publicación!
Sigo a Nuria Labari en El País, es una de las pocas columnistas que siempre me gustan (mucho).
Es un tema complicado, el de la amistad, la verdad… ¡hay tanta película y literatura de las relaciones de parejas, “el género romántico”, y tan poco sobre las amigas, así, en femenino!
Gracias por este pedazo de post, Patricia!
Saludos!
¡Gracias por leerlo! Admito que soy lectora tardía de Nuria, la conocí gracias a poder entrevistarla con ocasión de su último libro de relatos, pero más vale tarde que nunca y ahora la sigo con muchísimo interés