Hotel Splendide

A veces se menosprecian las propuestas cómodas. A veces, al margen de lo que pueda pensar quien opine que solo busco libros complicados, amargos o profundos, me deleito con libros amables, libros agradables, entretenidos, libros “para pasar el rato”. Sin renunciar a su calidad literaria. Libros que abundan un poco menos ahora que estamos sumergidos en la época de premios varios cuando nos encontramos narrativas más profundas, con una fuerte carga dramática y que tratan temas a veces incluso difíciles desde el punto de vista emocional. Son libros que a veces desplazan a otros que pueden parecer más inofensivos, más poca cosa vistos de entrada, pero que son maravillosos para pasar una tarde o unos días entretenidos, disfrutándolos y sintiéndonos bien. Son esos libros que nos dejan una sonrisita en la boca.

Uno de esos libros podría ser, por ejemplo, la reedición, después de estar muchísimo tiempo descatalogado, de Todas las criaturas grandes y pequeñas, de James Herriot, que ha vuelto por fin a nuestras bibliotecas de la mano de Blackie Books y con traducción de Pablo Álvarez. Si además habéis tenido la oportunidad de ver la adaptación de la BBC de esta serie sabréis que son las divertidas y muy tiernas aventuras de un veterinario de ciudad al que destinan a una clínica veterinaria en la campiña inglesa. Es uno de esos libros con los que creo que acertamos casi de pleno en navidades.

Pero el libro del que vamos a hablar hoy es otro. Se trata de Hotel splendide, de Ludwig Bemelmans que nos llega a través de la editorial Gatopardo con traducción de Irene Oliva.

Ludwig Bememans, un escritor criado en hoteles. 

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Ludwig Bemelmans

El escritor Ludwig Bememans nació en 1898 en Merano, una ciudad de Austría-Hungría que en la actualidad pertenece a Italia. Fue colaborador habitual como columnista e ilustrador de cabeceras como The New Yorker y guionista para la Metro Golden Mayer. Además se da una situación interesante: pasó casi toda su infancia viviendo en hoteles.De hecho, las malas leguas cuentan que Bemelmans llegó a Estados Unidos después de haber disparado y casi matado a un compañero de trabajo en el hotel que regentaba su tío en su Austria natal. De allí llegó con dos pistolas para «luchar con los indios» y una de ellas se supone que es la del trágico y desafortunado incidente.

También a su llegada al país de las oportunidades se dedicó a trabajar en hoteles hasta mediados de los años treinta, durante casi quince años antes de poder dedicarse a la escritura en exclusiva. Esto es importante porque todo su conocimiento del sector está volcado en su novela Hotel Splendide, nombre con el que escondió, con poco disimulo, al hotel Ritz-Carlton donde trabajó muchos años.

Hotel Splendide, una era de esplendor ya olvidada. 

¿De qué va Hotel Splendide? De algo que ya no existe, de una época donde se combinaba lo más alto y estirado de la sociedad neoyorquina con lo más bajo de su clase proletaria. Una combinación que solo podía darse en lugares muy concretos, como los hoteles. En otros lugares sería impensable que la clase más pudiente se rebajara a hacer sus propias compras o recados.

Hotel Splendide es un retrato muy costumbrista y bañado en un adorable sentido del humor, de lo que sucede en esas estancias de los hoteles que, como clientes, nunca vemos: las cocinas, las lavanderías, las sastrerías… y de esos empleados que intentan sobrevivir con un mísero sueldo mientras se ven obligados a rendir pleitesía a lo más alto de la sociedad neoyorquina de la época.

La novela está dividida en varios capítulos y escrita desde el punto de vista de un inmigrante alemán —trasunto del propio Bemelmans— que va ascendiendo en el escalafón del servicio del hotel. En cada capítulo habla de uno de esos personajes que acarrean bandejas y conducen coches de lujo para otros y se inclinan muchísimas veces al día en un servilismo que raya a veces en lo humillante. Es un observador sagaz, que desde un lugar secundario sabe sacarle chispa a cada anécdota y nos lo presenta como algo hilarante y muy divertido.

Un retrato social clasista y no ajeno a la crítica

De este libro decía Anthony Bourdain —cocinero rebelde y autor de numerosos documentales sobre el mundo de la gastronomía—que algunas de las historias que se narran en Hotel Splendide no son tan originales y autobiográficas como cabría suponer en un momento y que responden más bien a una traslación de lo oral a lo escrito de los muchos bulos, leyendas urbanas o dimes y diretes que bullían en cocinas y pasillos y almacenes y que se engrandecían o reducían en función de quién las contara. 

También hay que tener en cuenta que, a pesar de su tono amable, Hotel Splendide es una  clara crítica al organigrama tan rígido que regía la sociedad de la época, a las diferencias abismales entre la clase alta y la trabajadora. Está además ambientado finales de los años diez o principios de los veinte del siglo pasado, pero en todo caso antes de la crisis que se originó tras el crack del veintinueve. En todo caso  y puesta en una balanza, la crítica se salda casi siempre —con alguna excepción— a favor de la clase obrera y cierra filas ante una burguesía que describe siempre de manera un tanto soez y burlesca. 

Así, por sus páginas pasan fiestas de rancio abolengo que caen en lo soez, ricos que lo son aún más dejando de abonar lo que deben, hombres que se pasean del brazo de sus «sobrinas» (una distinta en cada estancia en el hotel)… Pero tampoco evita algún trato degradante del personal hacia algunos clientes, una suerte de venganza que no llega a equilibrar la pugna entre entre ambas partes. 

Una precisa lengua no materna. 

Llama mucho la atención que, siendo el inglés una lengua aprendida para Bemelmans, la domine con tanta brillantez y precisión para ofrecernos un retrato de lo que ya no es y, por tanto, solo se debe leer bajo la ley del disfrute personal. 

Hotel Splendide es un libro delicioso de leer, es una de esas historias que no te van a cambiar la vida, pero sí te van a poner una sonrisa en la cara sin renunciar a hacer una radiografía social siempre desde la caricatura y el humor. Los editores llegan a compararla con el camarote de los hermanos Marx donde se juntan un buen montón de personajes de lo más peculiares en una botella y la agitamos bien para ver qué puede salir de ahí. Es un libro muy, muy agradable y perfecto para desconectar un rato.

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  • Título: Hotel Splendide 
  • Autor: Ludwig Bemelmans (traducción de Irene Oliva Luque) 
  • Editorial: Gatopardo (más información del libro aquí y puedes leer las primeras páginas aquí)
  • 224 Páginas. 19,90 Euros (formato papel); 9,50 (edición digital) 

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