Historias inverosímiles, en general

Me animo a hablar —otra vez— de mi nuevo amado Alasdair Gray en el tercer libro suyo que reseño por aquí, después de Pobres criaturas y Vestida de cuero. Tal vez tendría que haber planteado esto como una categoría aparte, algo así como: autores y autoras por los que tengo una obsesión manifiesta. Es, por otra parte, algo que no descarto mientras pienso en rediseñar el blog (admito comentarios a este respecto, sugerencias y demás. Es más, no solo los admito sino que os aliento a hacerlos: os estaría enormemente agradecida).

Nunca sé si esto os motiva a leer a un autor, aunque sea por la insistencia feroz por mi parte u os acaba causando cierto rechazo por pesadez. Espero que sea lo primero, que alguien al otro lado de esta bitácora se diga “pues igual me animo con uno”.  

Después de dos novelas, en esta ocasión traigo un libro de relatos: “Historias inverosímiles, en general”, el libro que junto a su gran novela Lanark son el resultado de veinticinco años de escritura y han sido calificadas por el diario The Guardian como uno de los hitos de la ficción del siglo XX. 

Alasdair Gray, ilustrador

Historias inverosímiles, en general, se publicaba así en 1983, apenas dos años después de la novela, y está acompañada —como ya vemos desde la misma portada de la edición de Rayo Verde— por sus ilustraciones, muy características por lo demás. 

Alasdair Gray autorretrato
Autorretrato de Alasdair Gray.

Alasdair Gray ingresó en la Escuela de Arte de Glasgow. En 1955 asistió a la clase de Murales y vitrales al ser rechazado en la de retratos, y eso determinó lo que serían sus líneas de trabajo como ilustrador. Gray se describía como “un artista que cayó en la escritura”. Varios murales y pinturas representan su obra y estilo, entre los mejor conocidos están The Greenhead Church of Scotland, Story of Jonah, y una de sus obras más populares, el Cowcaddens Streetscape in the Fifties.

Alasdair gray, mural, Greenhead Church of Scotland mural 1959-63
Mural de AlasdairGray en Greenhead Church of Scotland (1959-63)

Esta faceta de artista visual va inequívocamente unida a su labor como escritor, porque sus ilustraciones son a veces trabajos que ambientan las letras, pero otras llegan incluso a construir parte de la historia, como si de una narración de cómic se tratara, algo que es todavía más marcado en su novela Pobres criaturas.  

Como curiosidad, en 1977, la curadora Elispeth King se preocupó por la falta de obras de arte contemporáneo en la ciudad que representaran a la gente y los lugares de Glasgow. Por lo tanto, Gray fue nombrado “registrador artístico” de la ciudad, y produjo alrededor de 33 obras que representan a los habitantes de Glasgow en su vida cotidiana, así como la arquitectura y la vida callejera de la ciudad.

Historias inverosímiles, en general. 

Es  Historias inverosímiles, en general, como sucede siempre en las colecciones de relatos, la obra tiene un cierto desequilibrio, porque incluye tanto historias de una página, como Historia verosímil en marco no matrimonial, que es prácticamente un chascarrillo donde la ilustración que lo acompaña ocupa casi dos tercios de la página, a relatos de hasta setenta páginas, que podrían ser casi una novela, como en el caso de Logopandocia. 

Del mismo modo, la calidad de las historias es variable, de nuevo con las más largas siendo en mayor proporción un poco tediosas a veces. Aún así,  Alasdair Gray despliega una imaginación que desafía las convenciones del cuento y convierte lo absurdo en espejo de lo real. Sus relatos son parábolas juguetonas donde juega con sus habituales temas y  la sociedad se revela en clave satírica: jerarquías desquiciadas, cultos improbables, industrias ridículas. Cada historia, con su humor extraño, muestra cómo la exageración y la fábula pueden iluminar las grietas del poder, la lógica del mercado o el saber académico. 

Niños que comen estrellas para proteger la belleza del universo, hombres que se reproducen por mitosis y luego se enzarzan en diatribas legales para reclamar cuál de los dos tiene derechos sobre propiedades o esposas; el sol, una mujer celosa de la atención que se presta a la luna y no a ella, enfadada por el poco agradecimiento de quienes reciben sus rayos todos los días del año; unos estudiantes universitarios que excavan un túnel en la facultad para poder huir sin perder su beca y descubren que mucho tiempo atrás alguien tuvo la misma idea y ahora una civilización entera vive bajo sus pies… 

–¿Nadie les pregunta que derecho tienen a hurgar en esto?

—No. Ocurre como en todas las organizaciones grandes. El personal es tan numeroso que  basta que andes con cierto aire de seguridad para que puedas meterte donde quieras. 

El mundo en los ojos de Alasdair Gray

Entre los relatos, hay algunos que son más destacables bien por su estructura, más amena e incisiva o porque dejan muy a las claras las opiniones políticas, sociales y económicas de un Gray que puede llegar a estar desatado, que juega con las estructuras pero también con la composición de los textos, las tipografías… Gray, como sucedía en Pobres Criaturas puede recurrir a la literatura clásica para buscar inspiración pero también a fuentes como el cómic que le aporten los recursos necesarios para contar lo que le interesa, generando textos sorprendentes pero de gran belleza. 

Entre ellos, por ejemplo, tenemos El gran culto al oso, que retrata una sociedad donde gente vestida de oso acabó formando un culto con un poder tal que por poco ganaron unas elecciones, en un juego que, por un lado invierte el falso equilibrio que establecemos entre lo humano y lo animal, anteponiendo lo segundo, y que ademas resulta en un ascenso de un movimiento ridículo —léase un culto religioso pero también, por qué no, uno fascista—, sus mecanismos de poder y cómo la sociedad se aletarga ante lo absurdo cuando lo empieza a considerar normal. Además introduce la gestión de los medios de comunicación y su apoyo a estos movimientos. 

En La manivela que hizo posible la revolución, describe el trabajo de un inventor que convierte a los patos en mano de obra hasta el punto de que son explotados y considerados prácticamente maquinaria. No se escapa la feroz crítica al capitalismo, a un incremento de la producción que resulta ridícula porque, para empezar, no era necesaria en ningún aspecto pero que se embarca en un ciclo del que no parece saber salir. 

El nacimiento y el fin de las sociedades

El resto de los relatos,  mucho más extensos, se centran en sus obsesiones: relatos de proyectos que el hombre trata de levantar, mastodónticos, megalómanos, que consumen recursos y vidas humanos en pro de los deseos de unos pocos o que terminan por adquirir una dimensión casi de deidad que parecen exigir por sí mismos, sin intermediación de nadie. 

También hay críticas al uso del lenguaje como una obsesión académica, propia de eruditos, que acaba convirtiéndolo en una herramienta de esclavitud más que de erudición y que le hace perder su único valor real, que es alimentar las relaciones entre personas. 

Cada tema se trata con un nivel de absurdidad, de sátira e incluso de ridículo que hacen de Historias inverosímiles, en general, un libro de difícil clasificación pero donde Alasdair Gray rezuma por cada poro del papel.  El autor, que se autodefinía como un “gordo, gafotas, alopécico y cada vez más viejo peatón de Glasgow”, es también un sátira de sí mismo en sus textos, un perspicaz analista de la actualidad que escapa de la crítica a través de lo fantástico. El resultado es un libro inclasificable, de esos que dejan en el lector la sensación de que la imaginación, en manos libres y visionarias, es una forma de resistencia.

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  • Título: Historias inverosímiles, en general
  • Autor: Alasdair gray (traducción de Marcelo cohen)
  • Editorial: Rayo Verde (más información del libro aquí)
  • 320 Páginas. 20,95 Euros  (formato papel)

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