Galleteras, de Laura Sanz

Vamos a hablar hoy de un libro que huele muy bien, que huele a desayuno de la infancia. Huele a galletas, pero no a cualquier galleta. Huele a mis galletas, las que me acompañaban en el desayuno y en la merienda, en la cena en ocasiones, las que formaban parte de esa mezcla que era mi “papilla para cuando estaba enferma” (galletas, frutas varias, zumo de naranja y un chorro de miel). La galleta maría Fontaneda fue una presencia permanente en las despensas, las televisiones y las radios de los hogares españoles del siglo XX. Y ahora un libro recoge una parte de su historia. Se trata de Galleteras, que con el subtítulo La otra memoria de la galleta María, nos acaba de llegar publicado de la mano de Laura Sanz Corada y la editorial La Caja Books.

Laura Sanz, de la poesía al ensayo literario

Laura Sanz Corada
Laura Sanz Corada. Fotografía de Luz Soria

Laura Sanz Corada (Aguilar de Campoo, 1993)en sabe bastante de galletas porque su madre trabajó en una fábrica que las fabricaba.  Es escritora, poeta y antropóloga social. Su formación académica y vital la ha llevado a Granada, Montevideo, Friburgo, Buenos Aires y Nueva Delhi, ciudades donde aprendió a mirar su tierra con otros ojos. Ha publicado los poemarios Matar la geografía de los cuerpos de piedra (Premio en el mar, 2022) y bruma calima (RIL, 2024), así como el ensayo La nostalgia del pastor es la mía, en la revista digital Wimblu. En 2024 fue ganadora del I Premio de Poesía al Natural de Huétor Santillán, y su obra aparece en antologías y revistas como Anáfora, Caracol Nocturno y Zéjel.

Galleteras es uno de esos casos poco frecuentes en los que un ensayo o no ficción logra, sin renunciar al rigor documental, transmitir las emociones de una auténtica obra literaria. No se trata únicamente de rescatar una historia olvidada —la de las trabajadoras de la fábrica de Fontaneda en Aguilar de Campoo—, sino de transformar esa historia en un material emocionante, que se percibe por los sentidos.

Una reconstrucción de la memoria colectiva obrera en una fábrica de galletas

Desde sus primeras páginas, el libro plantea un desplazamiento crucial: aquello que durante décadas fue presentado como símbolo amable de la infancia española —la galleta María, omnipresente en despensas y meriendas— es reescrito por Laura Sanz como el resultado de una “cadena de trabajo silenciosa y feminizada”. El texto no quita presencia a lo que recordamos, sino que nos permite adentrarnos en lo que no es visible, lo que forma parte de una memoria no tan colectiva —sí para las trabajadoras de la fábrica, no para el resto de consumidores—.

La autora parte de una implicación personal —es hija de una galletera que trabajó en esa fábrica—, pero evita un tono confesional complaciente o quejica sin sentido, sino que busca confrontar la historia con su realidad y sus ángulos ocultos para lograr así reconstruir un fragmento de la memoria obrera que, como corresponde a lo que significa la memoria, es oral, recopilada a partir de testimonios y tiene lagunas que no se pueden más que intuir. Como ella misma sugiere, el libro funciona como un “rompecabezas” armado a partir de documentos, archivos familiares y testimonios . Esa condición fragmentaria se traduce en una estructura y una voz que describen territorio híbrido donde confluyen el ensayo, la crónica, la antropología y la auto ficción.

Las galletas: De lo local a lo extensivo 

Uno de los grandes aciertos de Galleteras reside en su capacidad para jugar con las escalas de la historia. Lo que comienza siendo una historia local —la de una fábrica en un pueblo del norte de Palencia— se expande hacia una reflexión más amplia sobre la desindustrialización, la globalización y la pérdida de identidad territorial. La venta de la fábrica a una multinacional, los despidos y el cierre definitivo en 2002 no son presentados como un episodio aislado, sino como parte de un proceso histórico más vasto que ha afectado a numerosas comunidades y a numerosos sectores, dentro y fuera de la industria alimentaria.

Galleteras dialoga con una tradición contemporánea de escritura sobre la España vaciada y la memoria industrial, pero lo hace desde un ángulo singular: el de las mujeres trabajadoras. Sanz Corada recupera el término “galleteras”, antaño cargado de connotaciones peyorativas, y lo resignifica como emblema de dignidad y resistencia. Las mujeres que pueblan el libro no son heroínas idealizadas, sino figuras complejas, atravesadas por la fatiga, la precariedad y una triple jornada —fábrica, hogar, militancia—. En lugar de construir un relato épico, la autora opta por una épica de lo cotidiano, donde la repetición de gestos (alinear, empaquetar, revisar) adquiere una dimensión casi coreográfica.

La atención al cuerpo en un texto bañado por lo emocional

Frente al imaginario publicitario de la galleta, Galleteras insiste en la lo material del trabajo: los dedos vendados, el dolor acumulado, la mecanización de los movimientos. Hay una voluntad explícita de devolver al producto su densidad física, de recordar que cada galleta es también el resultado de un desgaste corporal.

A la vez la galleta María aparece como un objeto cargado de significados —alimenticios, afectivos, simbólicos— que atraviesan generaciones. Sanz Corada explora su presencia en la vida cotidiana, pero también su relación con otros aspectos, como a la historia del azúcar y sus vínculos coloniales. De este modo, el libro conecta lo íntimo con lo estructural, lo doméstico con lo geopolítico.

En su apartado literario, el ensayo se caracteriza por una insistencia clara sobre lo sensorial, sobre las texturas, olores y sonidos que se vinculan a la galleta y a su producción: la masa en proceso, las cintas transportadoras, la caja y su aspecto y las sensaciones que desata en el consumidor con su simple presencia, antes incluso de percibir su característico aroma.

Un ensayo con dimensión política

Galleteras plantea una pregunta que atraviesa toda la obra: ¿qué queda de un lugar cuando desaparece su motor económico? La demolición de la fábrica y su transformación en un espacio vacío —un aparcamiento, un solar— adquieren un valor simbólico que trasciende lo urbanístico. Se trata de una pérdida de referencias, de una crisis de identidad que afecta tanto a quienes trabajaron en la fábrica como a las generaciones posteriores. La autora, situada entre la pertenencia y el desarraigo, encarna esta tensión: escribe desde fuera, pero no puede dejar de volver.

El ensayo  no pretende cerrar una herida, sino mantenerla abierta, hacerla visible. Hay en sus páginas una conciencia clara de que la memoria no es un archivo estático, sino un proceso en construcción, siempre incompleto. De ahí la importancia de los silencios, de los olvidos, de las contradicciones entre los testimonios. Sin caer en el panfleto, cuestiona las narrativas dominantes sobre el trabajo, el progreso y el consumo. Al mostrar las condiciones materiales detrás de un producto cotidiano, invita al lector a reconsiderar su relación con lo que consume. Al mismo tiempo, al poner en el centro a las trabajadoras, contribuye a una reescritura de la historia desde una perspectiva que ha sido tradicionalmente marginalizada.

En resumen, Galleteras se inscribe en una línea de no ficción literaria que apuesta por la hibridación de géneros y por una escritura implicada y personal. Su principal virtud reside en su capacidad para hacer visible lo invisible, para transformar un objeto cotidiano en una puerta de acceso a cuestiones más amplias: el trabajo, la memoria, la identidad, el género.

Galleteras, portada, Laura Sanz, la caja books

  • Título: Galleteras. La otra memoria de la galleta María
  • Autor: Laura Sanz Coradas 
  • Editorial: La Caja Books (podéis leer más información sobre el libro aquí )
  • 204 páginas. 19,90 Euros (formato papel).

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