Después de muchos años, este otoño me he apuntado de nuevo a un club de lectura, algo que llevaba tiempo con ganas de hacer, pero sin tiempo. El tiempo sigue bastante escaso, pero aún así la idea de compartir en un plano más físico mi pasión por los libros me ha podido. No solo es ese el deseo: también está la sorpresa cuando te enfrentas a libros que, a priori y en algunos casos, no hubieras leído por tu cuenta. En cierto modo, aprecio la relajación en no tener que elegir, decidir entre cientos de libros en mis estanterías —miles si traspaso la puerta de una librería—, me gusta que me den esa parte de esa extraña mezcla entre ocio y dedicación que es la lectura.
En este año, el primer libro ha sido Estrella distante, de Roberto Bolaño. Un buen momento para hacer una de esas confesiones inconfesables: no había leído nada de Bolaño hasta el momento. ¿Por falta de interés? No. Más bien porque tengo la impresión de que los clásicos, y no tengo dudas de que Bolaño lo es ya, están siempre ahí, a la espera. No urgen, son una presencia confortable en la que depositamos nuestra fe cuando una lectura más actual se nos atraganta. Siempre estarán ahí mientras que las novedades van y vienen y desaparecen con rapidez, hay que asirlos antes de que suceda.
Estrella distante, que pudo haber sido Serial killers y poetas.
Desconocía la existencia del archivo Bolaño, custodio de sus libretas, notas y cuantos documentos tuvieran relación con el autor y su obra, pero en las páginas finales de la edición que yo tengo de Estrella distante se reproducen algunas notas sobre la obra, entre ellas una decena de títulos alternativos que nos llevan a concluir que el definitivo es, sin duda alguna, el más acertado entre todas las opciones. Imaginemos que llega a titularse Serial killers y poetas —sí, una de las opciones anotada—. Bolaño quizás sería menos Bolaño.
En Estrella distante, que es, por otra parte, una novela muy breve y cómoda de leer y al tiempo compleja y llena de sutilezas e insinuaciones y denuncias directas, Roberto Bolaño se sumerge de pleno en una exploración de tal cantidad de temas que es difícil comprender cómo los ha podido incluir en apenas ciento ochenta páginas (con tamaño de fuente generoso). Por la novela se deslizan arte y horror, poesía y barbarie.
La novela se engarza —y no es la primera vez que Bolaño recurre a ese recurso— con La literatura nazi en América, su tercera novela donde, disfrazada de manual, expone la vida y obra de autores inexistentes de una literatura que tampoco es real. Al final de esa novela aparece brevemente un teniente y Bolaño decide que esta historia necesita más espacio. Surge así Estrella distante.
El golpe de estado chileno del 1973 y un tal Wieder
La novela se ambienta a partir del golpe de estado en Chile de 1973. El narrador, Arturo B, alter ego del propio Bolaño, es un narrador testigo, habla en primera persona pero mantiene una pared entre la historia y él mismo, se separa de la función de protagonista. La novela sigue la pista de Alberto Ruiz-Tagle, un poeta autodidacta que se sumerge en los círculos poéticos universitarios, y de Carlos Wieder, poeta y piloto que convierte los cielos de su país en un lienzo para su poesía. Ambos personajes se revelan rápido como dos caras de una misma persona que se mueve con sigilo por la historia sembrando la violencia con impunidad, y el narrador va desentrañando fragmentos de su existencia, hilando o persiguiendo algo que se le escapa o que no quiere ver con precisión.
A través del recuerdo y la investigación de un narrador anónimo la historia se convierte en una reflexión que combina temas como la memoria, el arte o la culpa. Mientras el narrador y sus compañeros de juventud desaparecen, mueren o parten al exilio, Wieder es una figura que se erige en símbolo a pesar de la realidad, en mito y descenso a los infiernos. Como dice en el texto, “La historia de Chile es una historia de terror”.

Roberto Bolaño, el aura de una estrella literaria.
Se comentaba en el club de lectura que ya no quedan escritores que tengan ese aura de grandes divas de la literatura, de grandes estrellas mediáticas. Roberto Bolaño, tal vez también por una más bien temprana muerte, puede situarse en esa categoría, junto a otros como David Foster Wallace (fallecido en 2008). Por si hay curiosidad, el único nombre actual que salió a relucir en el club de lectura fue Mariana Enríquez.
Nacido en Santiago de Chile en 1953 y fallecido en Barcelona en 2003, Roberto Bolaño es una de las voces más singulares de la narrativa hispanoamericana contemporánea. Pasó su adolescencia en México, donde fundó con otros jóvenes poetas el movimiento infrarrealista, antes de regresar a Chile durante los primeros meses del golpe militar. Vivió luego entre España y México, dedicándose a la escritura en condiciones precarias hasta que el reconocimiento internacional llegó con Los detectives salvajes (1998) y, póstumamente, con 2666. Su obra, atravesada por la errancia, la amistad, el fracaso y la memoria política, combina la pasión literaria con una mirada lúcida sobre la violencia del mundo moderno.
Una matrioska de historias enlazadas.
Los detractores de Bolaño enarbolan como razón que no es un prosista muy entregado. Es cierto que sorprende en una primera mirada la falta de melodía en su estilo, que se acerca más a una narrativa periodística, contundente en la forma pero no tanto en el estilo, con herramientas más bien descriptivas pero no ornamentales. La narrativa destila cierta frialdad, cierto distanciamiento que contrasta con otros poetas-prosistas. Pero también es cierto que su estilo tiene un cierto humor, a veces negro, que se hace necesario para dar aire a un relato que por momentos tiene tintes terroríficos.
Otra característica de la novela es que es más cercana al relato que a la novela por momentos. Como en Las mil y una noches, la historia de Wieder se articula como una matrioska, a partir de pequeñas biografías de otros personajes que tuvieron contacto con él, de primera mano o no, y que a su vez tuvieron contacto con Arturo. Biografias dentro de biografías en una trama que se rompe a cada capítulo para dar lugar a otras pequeñas historias que concluyen de forma más o menos satisfactoria.
También el género es mutable a lo largo de la novela: de historia de jóvenes poetas cuyo futuro se. trunca con rapidez, a novela de terror, a novela histórica, a historia detectivesca. Bolaño permuta un género por otro y los manipula para llevar al lector por un camino inesperado por momentos, adecuado a lo que quiere narrar.
El arte y la política abrazados
De fondo, una exploración del arte, de la poesía, de la sensibilidad artística manipulada por el régimen político, por la autoridad que impone qué es arte y qué no. La pregunta sobre si lo que hace Wieder es arte o no, si se le puede separar como artista de como un asesino, siembra de dudas incluso al protagonista que se aparta, muestra una actitud confusa, crítica pero al mismo tiempo culpable por no haber actuado. Carlos Wieder usa el arte al servicio del terror —género que Bolaño desarrolla con pericia quirúrgica—. Su exposición de fotografías de mujeres torturadas hace de la dictadura una cuestión estética, de la violencia un motivo justificado por el arte.
La dictadura de Augusto Pinochet se percibe en cada página de Estrella distante. La novela describe un tiempo en que la represión y la censura distorsionaron la experiencia estética y vital de toda una generación. Bolaño intenta que la memoria reconstruya lo que el horror y la violencia trataron de borrar, con un resultado tal vez un poco decepcionante.

- Título: Estrella distante
- Autor: Roberto Bolaño
- Editorial: Alfaguara (podéis leer más información sobre el libro aquí y leer unas páginas de muestra aquí)
- 176 páginas. 16,90 Euros (formato papel)
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