El mapa de los afectos, la primera novela destinada a un público adulto de Ana Merino, ha sido galardonada con el Premio Nadal 2020. 351 obras se presentaron al certamen en su 76ª edición que conmemoró el pasado 6 de enero el Centenario Delibes, cuya obra La sombra del ciprés es alargada también recibió el mismo premio en 1947.

Esta historia que no siempre es fácil de tildar como novela al estar fragmentada en personajes y espacios, trata de llevar a término la construcción de una sociedad y las emociones que la someten. Maldad y bondad se dan la mano para definir cuál será el destino de un grupo de personas que proceden —o llegan— de un entorno rural en el seno de Estados Unidos. Entre tornados, talleres mecánicos y guerras, Merino busca cerrar un círculo que trasciende más allá de la muerte y obliga al lector a reflexionar sobre su postura frente a las cuestiones universales que la autora hila entre individuo e individuo.

El pasado miércoles 12 de febrero tuve la oportunidad de charlar con ella sobre el libro. A continuación os dejo con sus respuestas:

el mapa de los afectos

El mapa de los afectos muestra una perspectiva que he vivido y que se ha convertido en literatura.

El mapa de los afectos es un texto que se forma a través de pequeños relatos, de experiencias vividas por personajes interrelacionados. ¿Crees que realmente estamos ante una novela?

Sí, lo es porque tiene ese ritmo continuado que te hace avanzar. El sentido del mundo que está representando se cierra cuando haces todo el recorrido. No te puedes quedar en mitad del viaje, de ese mapa. Lo que sucede es que cubre muchas temáticas, tienes muchos personajes que dialogan y que forman ese todo. Reivindico esa construcción y me interesa mucha ese lugar en el que estamos todos y las sensaciones encadenadas que genera la vida.

Es una novela que abarca muchas emociones y, aunque hay buenos momentos, bondad, personajes que ayudan a otros…, parece que el Mapa de los afectos alcanza una mayor potencia narrativa cuando nos enfrentamos a lo negativo. 

Las emociones negativas son las que generan trauma, y las positivas las que nos permiten seguir viviendo. Esto último es algo que no siempre apreciamos. El trauma es ese poso que nos causa un dolor. Y el dolor lo sentimos. Sin embargo, esas sensaciones positivas de llegar, de conocernos, de alegrarnos, de mirarnos, de disfrutar de los detalles… esa contemplación plena de los demás que me parece tan poética y que reivindico en la novela. Están las imágenes de los lugares, la aceptación o no del ser.

Están también las edades. Eso es importante porque la forma en que escuchas a los demás es distinta, las emocionalidades son distintas. En la novela hay personajes que se hacen mayores. Valeria, el personaje con el que arranca la novela, es una joven profesora que no sabe lo que quiere y que, al no saber lo que quiere, a veces hace daño a los demás de forma inconsciente, sin planearlo. Luego nos encontraremos con ella de nuevo cuando ha aprendido a contemplar el mundo. Eso me interesaba mucho, porque con cada edad tenemos un planteamiento de la vida y un tipo de pulsión existencial. Son las vivencias, lo que nos muestran los demás, lo que nos hace evolucionar. Yo quería que viésemos como crecen los personajes, no quedarme en lo anecdótico.

La novela está ambientada en un entorno rural de la América profunda, pero tal vez no sea tan trascendente esa localización. Podría estar ilocalizada y funcionar de la misma forma. Sí veo cierta transcendencia a que se trate de una comunidad pequeña en la que todos se conocen y no hay casi secretos.

El entorno rural, que es el que he vivido durante muchos años desde 2001, me ha ofrecido una atmósfera que me interesa. Hay una serie de texturas, de plasticidad, que me resultaban muy atractivas. Esa imagen, los colores, los árboles… eran escenografías que alimentaban mi impulso creativo.

¿Sería fácil construir una imagen semejante en un entorno más urbano donde no nos conocemos ni a veces queremos hacerlo? 

Eso ya lo hace Cela en La colmena: construye un mundo en un edificio. La Rue del Percebe es también un edificio. Rulfo sin embargo lleva Pedro Páramo a un pueblo. Las novelas de personajes que dialogan se pueden construir en todo tipo de entornos. El lugar lo hacen los personajes. A mí me gustaba el paisaje que veía cuando me levantaba y lo interioricé. Pero creo que todas las novelas tienen posibilidad de construirse en todo tipo de paisajes. La ciencia ficción construye mundos, te puedes ir a un entorno medieval…

El pueblo es el primer paisaje pero luego hay una serie de viajes, a la guerra, al sur de España… esos viajes son parte de nuestra existencia. También hay un viaje en el tiempo cuando un personaje abre el Antiguo Testamento y localiza los mismos conflictos que nos hacen reflexionar sobre la existencia humana.

Me ha gustado mucho cómo planteas, en medio de este enjambre, la ausencia de personajes. Hay un capítulo en El mapa de los afectos en el que una mujer vuelve a la casa de su tía fallecida intentando encontrar algo bueno, algo que la redima del recuerdo que tiene de ella. A veces la ausencia tiene mayor fuerza que la presencia. 

Intenta borrar un recuerdo y, en su caso, es el único familiar que asume una cierta responsabilidad, consciente del daño que ha generado, del penoso rastro de intransigencia, prejuicios, toxicidad… Busca una especie de luz en el rastro de esa persona, es un tipo de bondad. Además en ese fragmento hay dos guiños, porque también está la vecina bondadosa que va a despedir a los muertos. En su ritual de vida la muerte es una continuidad. Eso me interesaba: cómo cada uno somos distintos y nos comunicamos con diferentes elementos y damos sentido a nuestra vida con lo que sabemos. Me gusta crear personajes que dan otras opciones.

el mapa de los afectos dedicatoria

También me ha llamado la atención la forma en que partes de lo individual para transformar sus cuitas en cuestiones universales que nos afectan a todos. Por poner un ejemplo: la periodista que ha sobrevivido en una redacción masculina y que, cuando cambian las tornas y asume la dirección un equipo de mujeres, la despiden. Hay ahí algo de crítica a un feminismo mal entendido o que sigue cediendo al enchufismo más que a los valores. 

En este caso pongo a hablar a dos mujeres sobre cómo han vivido ser mujer, el espacio de poder que asumen. Cuando Diana P., la periodista, no encaja en la perspectiva del nuevo equipo directivo y es despedida, va al encuentro de su madre y le transmite su pesar y su dolor. Su madre interpreta el feminismo de otra forma y le da otro sentido, reflexiona sobre su propia época, sobre el absurdo de la guerra y que la masculinidad se tenga que anunciar en el campo de batalla…

El nombrar, el asumir que es y que deja de ser el feminismo es una forma de hacer reflexionar al lector. Lo bueno de la literatura, del espacio que crea es que puedes hacer hablar a los personajes y hacer pensar sobre los temas que planteas, sobre cómo vamos a definir, matizar, las grandes cuestiones.

Otra cuestión que tratas es la muerte, vista desde diversas perspectivas y, puntualmente, también la cuestión de la religión, con una mirada muy crítica, por ejemplo, en la figura del sacerdote, figura con la que te permites, entre comillas, ser vengadora

Sí, pero por otro lado vemos el diálogo de algunos personajes con la fe. Una cosa es la religión y otra la espiritualidad, y lo vamos a ver con los matices del espacio. Con respecto al sacerdote, digamos que ha sido la justicia poética literaria la que ha generado una respuesta que va a sorprender. El lector no puede asumir que todo se lleve a cabo con impunidad, como sucede en la primera parte de la novela.

Esa impunidad a veces la trasladas a situaciones que nos suenan muy a película estadounidense, como el hombre al que se le condena por un crimen no cometido. 

Pasa en todas partes, pero aquí se ve el efecto del azar doloroso, que genera equivocaciones desde un principio.

Se está vendiendo El mapa de los afectos como una primera novela, pero en realidad ya habías escrito otra antes. 

Tengo una novela juvenil, El hombre de dos corazones —podéis leer un fragmento aquí—, editada por Anaya y hoy ya difícil de conseguir. Pero es diferente el matiz de una novela adulta. La otra fue un cuento largo, un relato de una madre y una hija a la que cuenta cuentos. Pero desde la perspectiva de novela, de construcción narrativa, esta es la primera. He publicado también teatro, álbum ilustrado, poesía, ensayo… He trabajado mucho la plasticidad de diferentes tipos de libros.

Ana Merino

Ana Merino. ©Xavier Torres-Baccheta

Otra cuestión que me ha llamado la atención es que desarrollaste un postgrado orientado a escritores en la Universidad de Iowa. ¿Es realmente posible crear una formación reglada que de pie a futuros escritores, más allá del manido consejo de “leer mucho y escribir mucho” ?

Se puede potenciar el talento. Lo que hacen los talleres es acercar el diálogo con otras personas, algo que ayuda muchísimo. La formación reglada en Estados Unidos se creo, primero, por las grandes distancias. Encontrar un lugar donde puedes dialogar y encontrar otras personas que tienen las mismas inquietudes que tú por la literatura y la escritura, enriquece.

En España eran las grandes tertulias literarias las que cumplían con ese papel. Los escritores iban y lo que hacían era un taller.

Lo que se puede hacer es ayudar a un escritor con talento a que, en lugar de tardar veinte años en escribir una novela, lo haga en un par de años. Un caso sería el de Elisa Ferrer, ganadora del XV Premio Tusquets Editores de novela en 2019 con Temporada de Avispas. Ha logrado consolidar su talento, indudable, gracias al espacio de un taller. Lo hubiera alcanzado de cualquier forma, pero en más tiempo. Los talleres son catalizadores de talento. En un espacio donde hay tan poco lugar de encuentro de literatura, si además te enseñan a sacar lo mejor como escritor, qué más se puede pedir.

Hay muchos autores que salen de este tipo de formaciones porque se les lleva a un nivel de reflexión sobre la construcción del texto, cómo trabajar el estilo… hay cosas que se pueden aprender de forma más racional y que van a permitir al escritor enriquecerse. Yo creo mucho en los talleres comunitarios, algunos con niños orientados a la animación a la lectura…

¿Se puede enseñar arte? Yo creo que sí. Todo lo que sea potenciar las humanidades, crear oportunidades para la reflexión sobre el proceso de escritura, para reivindicar la literatura es sano, saludable, bueno y suma.

En relación a la animación a la lectura, te defines como “activista de la alfabetización”. Es un término que me gusta mucho pero no sé cómo podemos llevarlo a cabo.  

Primero, soy forofa de los niños, a veces los entiendo mejor que a los adultos. Creo que tenemos que llevar a cabo un compromiso para ilusionar a los maestros. La literatura nos ayuda a evolucionar, pensar, reflexionar… hay otros espacios lúdicos, pero el sosiego que da la lectura es muy importante. Luego hay otros, como  el espacio cibernético que es un espacio de comunicación y respuesta instantánea. Pero la literatura es una propuesta que te puede gustar o no, interesar o no, emocionar o no, pero es alguien que te está hablando.

Va relacionado con tu faceta de estudiosa del cómic, en un momento en que hay un boom de literatura de género de cómic infantil y juvenil. 

Yo crecí con los cómics de La pequeña Lulú. MI padre encuadernaba los cuadernillos en tomos de tela. La historieta fue muy importante en el desarrollo de mi imaginación y mi formación lectora. En mi casa no se discriminaba entre la novela, el libro de poemas y el cómic. Eso fue una suerte que he querido transmitir. El taller literario yo lo tenía en casa, pero quiero que esté en las casas de todos los niños en todas sus modalidades.

¿Supone un gran estímulo que no sea ya la primera novela para adultos, sino que además El mapa de los afectos venga avalada por el Premio Nadal? 

Sí, es una alegría mágica. De pronto un jurado ha apostado por una propuesta muy personal, porque es mi voz, mi mundo. Ver que comunica con las personas es una gran satisfacción. Además mi generación ha crecido con las voces fascinantes

  • Título: El mapa de los afectos
  • Autor: Ana Merino
  • Editorial: Destino (puedes leer más información del libro aquí)
  • 224 páginas. 20,00 Euros (formato papel); 9,99 euros (formato digital)