E Unibus pluram: David Foster Wallace y la televisión.

Mientras leía el recién publicado en Debate ensayo E Unibus Pluram que es, por otra parte, un título puesto un poco a propósito para no recordarlo, al menos en lo que a mi respecta que tengo los recuerdos del latín del instituto más que olvidados, no podía dejar de pensar “¿Y si David Foster Wallace hubiera llegado a vivir la era de Instagram, del Internet más allá de lo que él llegó a conocer, del selfie y el postureo como máxima en redes, de la proyección de imágenes perfectas pero irreales?”. ¿Qué hubiera dicho de la explosión absoluta —aunque ya la viviera en parte— de las plataformas de vídeo por demanda, de un capitalismo exacerbado que va mucho más allá de lo que ya denunciaba?

A pesar de que una parte de los críticos de la cultura pop presupone que el pobre público televisivo, en el fondo, desea “novedades”, todas las pruebas indican, más bien, que el publico realmente desea lo de siempre pero cree, en el fondo, que tendría que desear novedades. De aquí la mezcla de devoción y burla por parte de muchos espectadores.

Volver a David Foster Wallace es recordarme que leer sus textos me supone más esfuerzo que leer a otros autores, pero que ese esfuerzo tiene siempre una recompensa a nivel personal. Puede que E Unibus Pluram no me haya entusiasmado tanto como otros de sus libros, pero su escritura tiene algo de hogareño para mi que compensa un aspecto con el otro.

David Foster Wallace en el inicio de la era digital

David Foster Wallace (Nueva York, 1962-California, 2008) fue para muchos el novelista más importante de su generación, algo que también está influido por su muerte por suicidio después de una profunda depresión en 2008, uno de tantas jóvenes —o ya no tanto— promesas de la cultura de quienes nunca sabremos si llegarían a mantener ese estatus o lo perderían  .

David Foster Wallace
David Foster Wallace

Publicada en 1987, La escoba del sistema fue su debut literario. Tres años después publicó La niña del pelo raro, relatos con los que captó la atención de la crítica. Su siguiente obra es la monumental y reconocida novela La broma infinita, que  la revista Time ha considerado una de las cien mejores novelas en lengua inglesa.

Por estas páginas ha pasado sobre todo el Wallace ensayista, con Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (2001), Esto es agua,  El tenis como experiencia religiosa y Hablemos de langostas. También otras obras de relatos como  Entrevistas breves con hombres repulsivos y obras sobre él como Todas las historias de amor son historias de fantasmas. Para. terminar, Aunque por supuesto, terminas siendo tú mismo cuando, en marzo de 1996 David Foster Wallace —contaba por entonces treinta y cuatro años— encaraba la recta final de la promoción de su mastondóntica Broma infinita. Durante los últimos cinco días se une a él David Lipsky, redactor de la revista Rolling Stone, encargado de escribir un reportaje sobre él, reportaje que nunca se llegó a publicar y que David Lipsky volcó en este libro en 2010.

Revisando estas reseñas, veo que Foster Wallace era más devoto a lo analógico que a lo digital, aunque su afición por la televisión también alcanzaba cotas legendarias.

E Unibus pluram: la ya no tan nueva narrativa televisiva

E Unibus pluram es un ensayo que fue publicado originalmente en la revista The Review of Contemporary Fiction, volumen 13, número 2, en el verano de 1993, y que después se incorporaría en su colección de ensayos Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer –no, sin embargo,  en la edición que tengo yo, que incluye una sola obra a diferencia de otras antologías.

El título  juega con la frase latina “E Pluribus Unum” (“De muchos, uno”), adaptándola para sugerir “de uno — muchos” o “desde uno, hacia muchos”, implicando una expansión más plural o fragmentada del sujeto. La elección del título, aun a pesar de lo que he sugerido al principio, no es baladí. Aunque su origen está encuentra en un poema de Virgilio, en referencia a la combinación de ingredientes para completar una receta, es también uno de los primeros lemas nacionales de los Estados Unidos y alude a la integración de las Trece Colonias británicas en Norteamérica para crear un solo país independiente, aunque hoy en día  y debido a la inmigración, se le da un sentido más amplio.

El ensayo estructurado en varios capítulos aunque los temas se van desplazando de uno a otro con continuidad, versa en la relación entre la televisión y la ficción estadounidense, el papel de la ironía en la cultura contemporánea y la crítica a cómo los escritores enfrentan este medio como una forma cultural dominante frente a la literatura.

Si queremos saber qué es la normalidad americana —es decir, lo que los americanos perciben como normal—, podemos confiar en la television. Porque la razón de ser misma de la televisión es reflejar lo que la gente quiere ver. Es un espejo. No el espejo stendhaliano que refleja el cielo azul y el charco de barro. Más bien el espejo iluminado del baño ante el cual el adolescente calibra sus bíceps y decide cuál es su mejor perfil.

Los desafíos del escritor contemporáneo.

Hay académicos e investigadores que estudian la obra del escritor que creen que el ensayo refleja su cosmovisión y sirve como base de la mayoría de sus obras literarias.

En concreto, algunos de los temas en los que se involucra, siempre asociados a la narrativa televisiva, son as adicciones de los estadounidenses causadas por su soledad e insatisfacción con la vida; el consumismo como una actividad improductiva; el individualismo como la encarnación del egoísmo y la falta de voluntad para buscar el bienestar comunitario. También entra Wallace a fondo en la ironía del posmodernismo: los escritores basan sus narrativas en la realidad que nos presenta la television, porque la entienden como “lo auténtico” sin detectar que la tele nos muestra no lo que somos, sino lo que creemos que somos. Escribimos de nosotros sin vernos, sin intuirnos realmente, porque la televisión nos ofrece una visión real que nos engaña y nos deprime al mismo tiempo.

No sólo eso: en el momento en que Foster Wallace escribió el ensayo, la irrupción de los ordenadores personales, las conexiones infinitas, la elección múltiple era ya una realidad.

Foster Wallace no habla de la televisión en términos despectivos, siguiendo la tónica de sus ensayos.  No juzga ni propone soluciones. La televisión no es buena ni mala, todo depende de lo que esperemos de ella y de cómo interactuamos con sus mecanismos de manipulación. Su ensayo además inauguro la corriente literaria “Nueva sinceridad”, una vuelta a la realidad como reacción a la ironía.

La predicción de las nuevas tecnologías

Comenzaba reflexionando cómo viviría Wallace el futuro de lo digital. Muchos críticos señalan que sus pronósticos sobre lo mediático, como el aumento de la ironía en lo cultural, lo autoparódico de los medios… ha sido una profecía hecha realidad en la era de las pantallas múltiples.

E Unibus pluram es un ensayo que va un paso más allá de su sapiencia habitual y que por momentos cae en el ensayo académicista, perdiendo parte de su encanto habitual. No es una obra mayor en su bibliografía pero los estudiosos de los medios encontraran demasiados indicios en sus vaticinios como para ignorar su ensayo.

La soledad ensalzada de la publicidad que promueve la separación, por tanto, no solamente vende productos comerciales. Se las arregla de forma brillante para asegurar —incluso en los anuncios que la television paga para emitir— que en última instancia es la tele, y no ningún producto o servicio específico, lo que Joe Briefcase va a considerar el árbitro último del valor humano.

  • Título: E Unibus Pluram. Television y narrativa norteamericana.
  • Autor: David Foster Wallace (traducción de Javier Calvo)
  • Editorial: Debate, para su colección En Debate (podéis leer más información sobre el libro aquí)
  • 120 páginas. 12,90 Euros (formato papel)

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