Dos o tres cosas que tengo claras

Dos o tres cosas que tengo claras es una frase, no lo vamos a negar, un poco de abuela. No diría que tenga un tono resabidillo porque, lo de que es frase de abuela, lo digo desde el respeto. Si me autoanalizo un poco —cosa que por otro lado me da bastante pereza— creo que, en. algunos temas, también tengo dos o tres cosas claras. Así que defiendo que  es una frase que sólo se puede decir desde dos vertientes, la de la sabiduría que da la experiencia o la de la completa ignorancia. 

Intuyo que Dorothy Allison pertenece al primer grupo. Lo corroboro cuando veo su edad. Por alguna razón, tras leer su libro, hubiera dicho que era muchísimo más joven de lo que en realidad era cuando Dos o tres cosas que tengo claras se publicó en 1996. Para entonces Allison contaba ya con cuarenta y siete años, tenía un buen puñado de traumas a sus espaldas, había conseguido rehacer su vida y luchaba para que lo que le había sucedido a ella no volviera a ocurrir. 

Dorothy Allison: una corta trayectoria literaria para una vida inmensa 

La vida de Dorothy Allison tiene mucho de aterrador Nació en 1949 en Greenville, Carolina del Sur, cuando su madre tenía quince años —me sorprendió mucho la fecha porque asumí, después de leer el libro, que la autora sería mucho más joven por la actualidad en su forma de narrar. Sufrió abusos sexuales por parte de su padrastro desde los cinco años; a consecuencia de ello una gonorrea no detectada hasta los veinte años acabó con su posibilidad de ser madre por vía biológica. Esto determina en buena parte el trasfondo de su obra. 

Allison fue la primera de su familia en graduarse en secundaria y asistió becada al Florida Presbyterian college donde estudió Antropología. En su aspecto literario, fue en la universidad cuando empezó a escribir gracias al apoyo de otros miembros del colectivo feminista al que se unió para reivindicar los derechos de las mujeres en general y del coletivo LGTBI, al que pertenece, en particular. 

Hasta que fue reconocida como escritora, ha tenido numerosos trabajos: de 1973 a 1974 fue editora de la revista feminista Amazing Grace en Florida. Durante este tiempo, también fue gerente fundadora de la librería feminista Herstore en Tallahassee.  Trabajó como mesillera, empleada doméstica, niñera y maestra suplente. También trabajó en una guardería, contestó teléfonos en un centro de crisis por violación y trabajó como administrativa en la Seguridad Social. Allison ha abogado por el sexo más seguro y participa activamente en comunidades feministas y lesbianas. Junto con Jo Arnone cofundaron Lesbian Sex Mafia en 1981, el «grupo de educación y apoyo para mujeres más antiguo del país»

Dorothy Allison
Dorothy Allison en 2011

En lo que respecta a su producción literaria, comenzó publicando poesía en 1983 con el título The Women Who Hate Me. En 1988 llegó su primera colección de cuentos Trash, con la que ganó dos premios literarios Lambda y el premio de la Asociación Estadounidense de Bibliotecas por escritura lésbica y gay.

El reconocimiento general llegó con su novela Bastarda —publicada también en Errata Naturae— (1992), finalista del Premio Nacional, ganadora del premio Ferro Grumley, un premio ALA de escritura lésbica y gay, sun éxito de ventas y adaptada al cine. 

Dos o tres cosas que tengo claras: una vida teatralizada 

Lo más complicado de comenzar a escribir sobre Dos o tres cosas que tengo claras es intentar clasificar esta obra en algún género literario. Resulta casi imposible. De entrada no es novela porque se basa en la vida de la autora pero tampoco podríamos asegurar a ciencia cierta que es una autobiografía. Allison nos recuerda constantemente que contar historias es algo que se le da muy bien, algo que aprendió como mecanismo de defensa desde que era pequeña. Eso, junto con las medias verdades que fue recabando en sus conversaciones familiares, son la base de esta historia. 

Tal vez lo más interesante sería decir que es un monólogo teatral y fue escrito a tal fin. La autora lo concibió para ser declamado en un estrado, un escenario o una tarima a lo alto y ancho de los Estados Unidos: esta es mi historia y si no les gusta, seguro que puedo crear otra. 

No hay necesidad para ello. El texto de Allison es lo suficientemente potente, crudo, descarnado y real —o asimilable a lo que podemos considerar real, si nos ponemos más técnicos– como para abarcar en sus poco más de cien páginas varias décadas y varios lugares que se corresponden con su propia vida.

Un paseo por la white trash 

En cada uno de esos sitios cuenta historias, las suyas propias o las que le contaban su madre y sus tías y que ella captaba en un intento de exorcizar el destino, de buscar un resquicio que la alejara de una tradición de mujeres que encajan como un guante en la White Trash: blancos pobres en la periferia de la sociedad, despreciados por los demás y, sin embargo, racistas ellos mismos, los que no tuvieron antecesores dueños de plantaciones, los que están abocados a una vida de miseria.

En el caso de las mujeres, Allison las describe como ese prototipo de robustez de aquellas que se encogen de hombros cuando las violan a edad temprana porque todas las mujeres a su alrededor han vivido lo mismo, madres a edad muy temprana, malviviendo de trabajos mal remunerados o de la asistencia social. Familias, en fin, donde cada desgracia es un grano de arena que apenas se intuye en la duna de la herencia familiar de la que es casi imposible huir. 

De todo ello es consciente Allison desde la más tierna infancia y busca con miedo y tesón algo que la diferencie, que la permita distinguirse del resto a pesar de los abusos en su infancia que, entre otras muchas cosas, la llevan a odiar su propio físico, del desprecio y acoso de otros niños y adultos, de una homosexualidad  que no afianzó hasta casi la mayoría de edad, que le provoca más dudas que certezas y que no supo vivir en una relación sana hasta bien entrada la etapa adulta. 

Escribir desde la reconciliación emocional 

Sin embargo, a diferencia de lo que pueda creerse, Dorothy Allison no escribe desde el odio. En sus letras hay una reconciliación con su pasado, en especial con las figuras femeninas que fueron pilar de su desarrollo frente a los hombres mutables, viajeros o, directamente, ausentes. Después de alejarse de su madre y hermanos a finales de los sesenta, cuando por fin huyó de los abusos y enfiló su futuro, Allison pudo hacer las paces o plantar al menos la semilla para ello casi dos décadas después. Tanto Bastarda, su novela de corte también muy autobiográfico, como Dos o tres cosas que tengo claras han sido escritas desde el amor por si misma, desde los puentes de paz que ha tendido hacia su pasado como vía para sanar. 

Hay en Allison espacio para que se viertan todas las emociones en pocas palabras: hay ira pero también hay amor, hay tristezas y alegrías e, incluso, hay humor y sagacidad y una ironía oscura que baña algunos pasajes arrancando sonrisas del lector. El libro juega también a tantear al lector, yendo de lo anecdótico a las raíces de lo que araña las entrañas de una mujer que ha dedicado su vida a ayudar a otras y sumiéndolo en una angustia creciente. 

Dos o tres cosas que tengo claras viene con fotografías de archivo de la autora que, por desgracia, no incluyen los pies de foto por lo que, aunque en general van bien ajustadas al texto, no siempre es fácil saber quién es quién en la basta familia de Allison. 

Dorothy Allison es brutal pero sucinta, es lírica pero explícita y es un gran exponente de la literatura de lo social, en concreto de los blancos desheredados, condenados a repetir patrones. Dos o tres cosas claras es el libro que querría —debería— haber leído después de Bastarda, algo que espero hacer más pronto que tarde. 

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  • Título: Dos o tres cosas que tengo claras 
  • Autor: Dorothy Allison (traducción de Regina López Muñoz)
  • Editorial: Errata Naturae (más información del libro aquí y leer las primeras páginas aquí
  • 112 Páginas. 16,00 euros (formato papel)

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