Dorayaki

Como comentaba en la última entrada del blog, hay dos tendencias literarias que se van asentando. La primera, desde hace ya un tiempo, es la  literatura de lo fragmentario, de lo no lineal y lo narrativamente inconexo que, creo, va en relación con la sociedad de la inmediatez, de lo breve y de lo instantáneo que no da pie —o, al menos, da más pereza— a sumergirnos en narrativas más densas o extensas, más descriptivas y reposadas. Ese era el caso de Aún nos queda el teléfono, de Erica Van Horn. 

La otra tendencia de la que la novela de hoy, Dorayaki, es un claro ejemplo, es una de esas corrientes que se alternan por ciclos y, frente a la literatura del horror realista, del drama acuñado con sangre y sudor, nos ofrece una visión más amable del conflicto literario, más positiva y, por ende, nos deja un mejor sabor de boca. Puede ser, no lo niego, porque la literatura japonesa tiende a ser más reflexiva y no siempre da pie a actuaciones imperativas y agresivas aunque estas sigan estando en el fondo como causa de lo primero. En todo caso, bienvenida sea esta ola de literatura amable que nos deja un agradable sabor de boca. 

Dorayaki, la esencia de la pastelería nipona. 

La novela que os quiero recomendar hoy es una de esas pequeñas joyas que deslumbran venidas del lejano oriente. Se trata de Dorayaki, de Durian Sukegawa, que nos llega de la mano de la editorial Chai con traducción de Amalia Sato. Es una historia que tal vez sea conocida por algunos porque su adaptación cinematográfica, titulada «Una pastelería en Tokio», de la directora Naomi Kawase y que fue estrenada en 2015, pasó por nuestros cines y está en la actualidad en plataformas como Filmin. Admito que aún no la he visto por esa debilidad personal de disfrutar primero de la literatura antes de adentrarme en las adaptaciones. 

Igual lo primero es explicar qué es un dorayaki, ya que la novela usa como excusa su preparación para, alrededor de la cocina, ejecutar toda la narrativa. El dorayaki es un tipo de dulce japonés que consiste en dos bizcochos de forma redonda relleno de anko, que es a su vez una pasta de judías hecha con la variante de judías azuki. Posiblemente quienes disfruten de comer en un restaurante japonés de viento en viento habrán probado este postre, aunque tal vez en una versión más artificial y menos artesana. La elección de este postre no es baladí: es un producto tradicional del país que marcará la esencia de la novela, centrada también en otros valores nipones. 

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Durian Sukegawa y su única novela traducida al español 

Durian Sukegawa (1962) es en realidad el pseudónimo con el que escribe Tetsuya Sukegawa, también fue conocido con el nombre de Tetsuya Akikawa en sus obras publicadas de 2002 a 2011.  Es el director del PEN Club de Japón y jefe del Comité de Libros para Niños. Escritor, poeta, intérprete, cantautor, orador público y personalidad de la radio y la televisión, su obra más conocida fuera de los límites de Japón es Dorayaki y, hasta el momento, es la única traducida al castellano.

Dorayaki, esta vez sí, la novela, nos cuenta la historia de Sentaro, un joven solitario que pasa los días trabajando en una pequeña tienda de dorayakis a punto de quebrar. Una tarde conoce a Tokue, una anciana un poco excéntrica que prepara una pasta de anko excepcional. Ella se empeña en trabajar con él, algo que a sentaro no le interesa. Pero acaba cediendo y ella le enseña la manera precisa de preparar esa pasta y, poco a poco, el vínculo entre ellos se convierte en una inesperada y entrañable amistad. 

De sus encuentros conoceremos poco a poco el pasado de ambos: el de Sentaro, marcado por sus errores de juventud que ha pagado con creces, y el de Tokue que oculta una mancha oscura en la historia de Japón. A ambos se unirá una joven adolescente y, los tres, encarnarán tres edades, tres miradas y también tres reflejos de la sociedad japonesa que, sin embargo, tienen mucho en común.

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Durian Sukegawa

Una narrativa serena y delicada 

La escritura de Sukegawa es serena, delicada y se mueve lentamente para atrapar al lector en una tela de araña de la que no quiere salir, una tela en la que quien está al otro lado de las páginas es el encargado de rellenar emociones, reacciones y silencios. En muchos párrafos transmite emociones más allá de actos y narra los silencios con una precisión aplastante, dejando que indaguemos en la mente de sus personajes, en cómo les estará afectando el transcurso del tiempo, sus actos y los de quienes les rodean. 

Dorayaki nos traslada con su historia una creencia muy japonesa: la de que la paz, o incluso la felicidad, se pueden encontrar en los pequeños detalles, en los pequeños gestos que persiguen con ahínco la disciplina de la perfección. Hacer un dulce no es tarea baladí sino aquello en lo que Sento debe poner toda su atención, porque la perfección en una disciplina, la dedicación con toda el alma a una sola cosa, es suficiente para generar alrededor una energía positiva  que ayuda a equilibrar, a desdeñar lo malo y a encontrar respuestas a preguntas mucho más profundas. 

El terror nipón de la pesate 

Otro tema muy interesante es la respuesta a la pregunta “qué es la vida” que, desde una perspectiva nipona, se suele contestar con “ser útil a la sociedad”. Sin embargo la anciana Tokue no ha tenido oportunidad de serlo porque de pequeña sufrió lepra. Ahí Sukegawa introduce un pasado negro de la historia reciente su país ya que, de acuerdo a la legislación nipona y hasta el año 1996, las personas que habían sufrido esa enfermedad eran recluidas y aisladas a la fuerza de por vida a pesar de no ser contagiosas. ¿Cómo servir a los demás desde la reclusión? Tokue quiere ser útil, quiere encontrar su lugar y enfrenta esas normas para vivir a través de un joven perdido y de una pequeña pastelería. 

Dorayaki es una novela preciosa que nos habla del sentido de la vida, de lo que aportamos a los demás y de lo que vemos cuando nos miramos en un espejo. Todo eso lo hace desde la contemplación de las cuatro estaciones de un año que envejece el cerezo, otro símbolo plenamente japonés, que deslumbra a los comensales de una pequeña tienda de dorayakis.

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  • Título: Dorayaki
  • Autor: Durian Sukegawa (traducción de Amalia Sato)
  • Editorial: Chai Editora (más información del libro aquí y puedes empezar a leerlo aquí)
  • 200 Páginas. 21,00 Euros (formato papel)

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