Cuando somos pequeños y estudiamos los libros de texto de casi cualquier materia pero, en especial, de algunas como historia o ciencia, los cambios se producen de forma grandilocuente, en saltos significativos que se presentan como un bloque unificado: “se produjo una guerra”, “surgieron las estrellas”. Cuando crecemos y nos hacemos mayores incorporamos un saber que parece más definitivo: los cambios se producen a partir de cosas nimias, de pequeñas acumulaciones que acaban por agotar el estado tradicional de las cosas para llevarlas a un nuevo estado.

Somos más una estalagmita en formación que una explosión de dinamita.

Algo así sucede con Donde Wenling, la segunda novela de Gemma Ruiz Palà (Sabadell, 1975): da forma a la realidad a partir de pequeñas anécdotas, de frases comunes y de equívocos que, para más descaro, tienen lugar en un territorio tradicionalmente femenino, como es una peluquería, y generalmente denostado, como es una peluquería regentada por personas de nacionalidad china.

Esos pocos metros cuadrados le dan pie para crear una acumulación de reflexiones en torno a la memoria, los prejuicios, el feminismo, el racismo, las raíces familiares, las costumbres, el idioma… Una pequeña gran torre de Babel en la que nos incluye con un tono familiar para que, nosotros también, miremos un poco más fuera de nuestros ombligos.

gemma ruiz pala

Gemma Ruiz Palà

Donde Wenling es un ejercicio de observación

Donde Wenling es un libro estupendo.

Gracias, Patricia. Salió congelado, con la pandemia. Si eres autora que traduces al castellano y escribes en catalán ahora la cosa está más peliaguda para asomar la cabeza. Pero es que además el libro se publicó en castellano una semana antes de que nos quedáramos todos confinados.

¿Lo estáis intentando mover más ahora, entiendo?

Bueno, lo estamos intentando. La presentación de hoy con Katixa Agirre es un regalo. Porque al menos toda la matada con la traducción en la que me impliqué mucho era una espinita que tenía ahí y bueno, ahora estoy súper contenta con el recibimiento aquí.

La cuestión de la traducción es bastante interesante. La nota que incluye Concha Cardeñoso Sáenz de Miera al principio de la novela me recuerda, en tono irónico, a los westerns donde en versión original los indios hablaban en español y, cuando se doblaba al castellano nos quedaba la duda de ¿y ahora qué hacemos con el lenguaje de los indios? Has comentado que ha sido un trabajo conjunto de Cardeñoso y tuyo

Concha es muy buena, en las traducciones del catalán al castellano diríamos que la mejor en los últimos años. Ha ganado recientemente el XIII Premio de Traducción Esther Benítez. Ella tradujo a Jaume Cabré, que no se comía una rosca hasta que ella le hizo dar un vuelco.

Pero me impliqué mucho porque con la lengua soy muy, muy pesada y quería encontrarme a mí misma cuando lo leyera en castellano. Fueron dos meses casi sin dormir, pero estoy contenta.

¿De dónde surge la idea de la novela? Me refiero más a la forma que al fondo, a decidir ambientar la narración en un salón de manicura y peluquería regentados por chinos y, a partir de ese microcosmos, crear un pequeño gran universo.

Partí de la observación. Yo veía en sitios de manicura a los que había ido cuando viajaba a Estados Unidos esta falta de empatía. Iba poco a poco por indignándome, recogiendo retales de conversaciones, se me ocurrían cosas… y de una serie de situaciones sin fin acabé por pensar: aquí hay muchas cosas que quiero estudiar y quiero saber por qué pasan. Una cosa es la observación y otra las raíces de los comportamientos.

Quería dar un poco más de sustento. Al ser periodista me gusta ir siempre al fondo, con más tranquilidad. Cuando hablo de cosas quiero saber de qué vienen vienen, no me gusta aventurarme. Hice un trabajo de investigación que duró cuatro meses, fui a Beijing, la provincia china de donde vienen nuestros vecinos chinos en Europa, estudié también la diáspora china en Estados Unidos… Todo esto me fue ayudando a ver de dónde vienen los sustratos de todos estos estereotipos, estos comportamientos, incluso la mirada hacia la propia construcción femenina la mirada hacia la gente que viene de China…

No hablo de los vecinos chinos de Barcelona: habla de nosotros

Todas estas cosas en esta coctelera no tenían otro sitio de donde salir que no fuera el corazón de una peluquería, y a partir de allí se fueron irradiando las escenas que pasan. Quería también salir y dar a entender a la gente lo que me había causado curiosidad o me había ayudado a entender por qué yo también he tenido esta mirada racista, de hacer exótico a las personas, que en el fondo es deshumanizar.

Todo esto me daba significado del propio comportamiento y me iba quitando capa de la inconsciencia de los propios privilegios. Quería acompañar al lector en este viaje de conocimiento de los demás y de autoconocimiento de nosotros.

A veces me llega: Donde Wenling es un libro que habla de los vecinos chinos de Barcelona. No, es un libro que habla de nosotros. Habla de cómo somos nosotros con la gente que tiene otras raíces.

No tenía ninguna duda de que un sitio tan denostado como una peluquería tenía que tener un lugar en la ficción. Además, es un sitio súper agradecido, no sé porque la ficción no lo ha usado más. Bueno, sí que lo sé: porque está evidentemente feminizado y los que han tenido la hegemonía de crear contenidos ya sabemos cuál es su perfil: hombre, blanco y rico. Las peluquerías no tienen más espacio en la ficción porque siempre son aquellos sitios desenfocados o de los que se habla mal no de los tibios y en cambio yo encuentro que es un sitio de paso que ríete tú de una estación. Puedes encontrar mucha riqueza como novelista situando la narración aquí. Creo que no he descubierto nada.

Me niego a un futuro en el que tengamos que batallar todo el rato

Una cosa que me ha gustado mucho es que la peluquería se presenta como un espacio de sororidad femenina donde poder desahogarse, contar cosas, penurias, alegrías… Sin embargo, has incluido un personaje masculino que está siempre ahí y que asemeja un poco a esa figura del aliado que apoya pero no interviene ni decide.

Es que en nuestro mundo aún no hemos eliminado a nuestros amigos. Es broma. Me niego a pensar que no puede haber un futuro donde los tipos sean aliados y nos caigan bien sin necesidad de estar batallando todo el rato. Como es una novela realista, como intentaba ser verosímil, convivimos en los espacios. El problema es cuando no nos dejan suficiente espacio o nos juzgan. Pero si estás en un sitio cómplice que no te juzga, donde tú te puedes sentir bien…  También el idioma juega un papel. No sé si en una peluquería donde todo el mundo tuviera competencia lingüística y hubiera  hombres escuchando nos expresaríamos igual.

La estructura a veces me recuerda un poquito a Las mil y una noches: cuentas una historia y metes historias dentro de la principal y parece como que a veces nos sacas un ratito de la narración para plantear otras cuestiones y luego nos devuelves otra vez a donde estábamos. No sé si es porque lo has escrito a fragmentos, poco a poco.

Esta novela la he podido escribir del tirón. Mi primera novela, la historia de las abuelas que al final es la historia de las familias de toda Cataluña porque quién no tiene una abuela que vino del campo y quién no tiene otra abuela que vino Murcia, de Extremadura o de Andalucía, esa la fui escribiendo en fines de semana y vacaciones. Pero Donde Wenling lo hice de seguido, pedí trabajar como redactora jefa en fin de semana para durante la semana poder escribir.

A lo mejor sí es la manera que tengo yo de abordar las historias, donde quepan muchas voces. Quizás un día escriba una historia solo de un o una protagonista y no salimos de su mente, pero me gusta la interacción, encuentro que es lo que da riqueza y ofrece puntos de vista y siempre estoy como un radar a muchas cosas. A lo mejor esto también ha influido en cierta manera de narrar a lo Sherezade.

En Donde Wenling me preocupaba usurpar

Tu protagonista es muy interesante, la evolución que tiene, que pasa de observar, de observar a aprender y de aprender a tomar parte.

Sí, sí, esto también. A ver, no te no te niego que me he curado mucho en salud: he consultado a activistas antirracistas para no caer en errores al dulcificar o poner una protagonista que aún no tiene voz en la literatura catalana actual porque aún faltan esas generaciones de chicos cuyas familias vengan de diferentes lugares y nos cuenten su experiencia. Tenemos a Najat el Hachmi que nos cuenta cómo es ser catalana con raíces marroquíes, pero nos faltan escritores que nos digan como es ser catalán o vasco con raíces en otros sitios del mundo.

Me preocupaba no usurpar y por eso me gustaba siempre el punto de vista de la observadora-narradora, por ser alguien que observa y que también va aprendiendo. Pero también me gustaba que el personaje evolucionara de ser aquel personaje desenfocado de la típica película que no te deja ver quién es porque lo sitúa en el fondo del plano, en el background, a tener foco e incidir en la reciprocidad.

No tenemos que decir “Buenos días”, “¿Cómo estás?” “¿De dónde viniste? por un acto moralmente positivo o de caridad. No. Es que sacamos mucho provecho de las experiencias de los demás, de gente de otros sitios. Es reprocidad, no caridad, lo que se pide para con nuestros vecinos de otros sitios. Tú vas a sacar a lo mejor más de sus experiencias. Me gustaba esta idea de saber situarnos en el mismo plano, ni victimizar ni ponernos por encima.

Cada vez se ven más movimientos de concienciación

Una cuestión lateral a la novela en sí es que tu protagonista va leyendo libros. Vas mencionando títulos que no sé si son parte de tu narrativa literaria, de tu fondo bibliográfico, porque así, como quien no quiere la cosa, sumas una autora tras otra cada pocas páginas.

Yo siempre voy con un libro bajo el brazo. En los últimos años la industria editorial no ha tenido más remedio que rescatar y editar autoras y más autoras.  Nosotras, las lectoras, vamos buscándolas y comprándolas y estamos en un momento espléndido. Las que aparecen en la novela es un homenaje a las que a mí me enseñan, las que me marcaron, las que me dan ganas de contribuir a explicar la vida y la historia desde otros puntos de vista. Sí, es un homenaje. Podría mencionar muchísimas más pero las que están son muy maestras.

Tu final está bañado en optimismo. Siguen existiendo los problemas, pero estamos en ello. ¿Lo ves así también en tu día a día?

Cuesta. Mira, ayer estaba yo en la televisión gestionando lo del incendio en una nave en Badalona donde malvivían unos chicos subsaharianos y que terminó con la muerte de tres personas. Aún vivimos de espaldas a los que no son como nosotros. Aún nos creemos mucho por defender el #blacklifesmatter al otro lado del Atlántico. Pero no reconocemos las situaciones que están al final de nuestras calles.

Pero cada vez se ven más movimientos de concienciación y tenemos que remar en esa dirección.

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  • Título: Donde Wenling
  • Autor: Gemma Ruiz Palà
  • Editorial: Destino (más información del libro aquí )
  • 144 páginas. 15,90 Euros (formato papel); 7,99  Euros (formato digital)