Creo que Errollyn Wallen es una compositora poco conocida en general. Pero tal vez sea de recibo decir que tampoco creo que, al margen de los cinematográficos, pocos compositores de música clásica son reconocidos por el público general. A veces, ni tan siquiera eso. Por eso resulta en ocasiones tan estimulante adentrarse en un género que no es el habitual y descubrir una personalidad arrolladora, un alma creativa y, sobre todo, un ejemplo del que obtener inspiración. Con ese objetivo escribió Cómo llegué a ser compositora.
Para conocerla, qué más fácil que acudir a su música:
Busco algo. Como un detective privado o un explorador imprudentemente curioso, cuando me agacho para atar un cordón del zapato me percato del más ligero aroma, una brizna ondulando en el aire, un trino atrapado en la brisa. Estoy buscando algo que no he visto ni olido antes. Pero ¿cómo sabré, en la miríada de posibilidades de sonidos y combinaciones de sonido, que lo he encontrado? ¿Y, ante todo, por qué lo busco?
Errollyn Wallen, de Belice a Londres.
Errollyn Wallen nació en Belice y creció en Londres, en un entorno marcado por la disciplina estricta de la familia donde se crio. Aunque en su infancia soñaba con ser bailarina, pronto volcó esa sensibilidad en la música. Estudió en el Goldsmiths College y en el King’s College London, y se formó como compositora en la Universidad de Cambridge.
En 1998, se convirtió en la primera compositora negra en estrenar una obra en los Proms de la BBC, un hito simbólico que la situó como referente en la música clásica contemporánea. Su catálogo incluye óperas, sinfonías, conciertos, música coral, canciones de cámara y piezas para televisión y danza.

Hay muchas razones que justifican una obra que se aproxima a la autobiografía, como es Cómo llegué a ser compositora:
Por una parte, y tal vez lo principal, es la obsesión de Wallen por alejar la música clásica del estereotipo, como ella misma dice, “del hombre blanco con peluca rizada”. Sus composiciones mezcla géneros –tiene una pieza inspirada por el sonido del metro de Nueva York—, ha llegado a tocar piezas en grupos pop y siente que esa mezcla le funciona en su proceso compositivo. Además, en contraposición de ese estereotipo no solo ha ejercido una enorme influencia como mujer en el mundo de la composición, sino que también lo ha hecho por su raza. También, como otros artistas —pienso por ejemplo en James Rhodes— contempla la música que compone como algo para todos los públicos, restándole elitismo y negando que las obras de música clásica deban ser par unos pocos.
Cómo llegué a ser compositora: una mezcla de estilos.
La obra no es una autobiografía al uso, aunque sí nos ofrece un desarrollo lineal en su vida. Pero frente a la monotonía de sentarnos a leer fecha tras fecha, efeméride tras efeméride, Errollyn nos ofrece algo mucho más interesante: un compendio que entremezcla lo autobiográfico —sin caer en lo morboso; se intuye que su vida personal ha sido aún más dura de lo que narra, pero no se deja llevar por la ceguera de convertir el libro en un drama televisivo—, con su particular visión de la composición.
Es esta visión no un manual ni un cuaderno de ejercicios sino que, por suerte para quienes no disponemos de formación musical alguna, está más centrada en dos ámbitos: el de la creatividad y el de la dedicación. ¿Dónde encuentra Wallen las ideas? ¿Cómo se cultiva la creatividad? La forma tan maravillosa en la que se entrevé en sus páginas que crear tiene que ver con la dedicación, sí, pero también con prestar atención, con dejarse llevar por los sentidos, nos enamora y nos incita a pensar que, cada uno en nuestras respectivas áreas, podemos ser igual de creativos, de creadores sin parangón.
Pero también nos habla de papeleo, de rutinas, de plazos, de compromiso con los demás… En Cómo llegué a ser compositora no hay recetas mágicas pero sí mucho sentido común, dándole magia a la música pero al mismo tiempo despojándola de ella, quitarle un misticismo innecesario para acercarla a otros públicos.
Ahora que sigo firme mi camino, soy mucho menos fantasiosa. Ahora que he forjado mi camino, tengo que seguir adelante todos los días con la presión de componer música ajustándome a un plazo de entrega, y encontrar la manera, como todos en la vida adulta, de hacer malabares para compaginar mi mundo de ensueño con los aspectos prácticos de la vida. Con todo, llevo conmigo a la ansiosa Errollyn de siete años.
La fortaleza de una compositora
El ensayo destaca sobre todo por la sinceridad y autenticidad que Errollyn Wallen derrocha al contar su vida, incluyendo momentos difíciles. En todo momento la sensación es de una cierta intimidad, de una confesión en confianza. Lo hace al tiempo desde un mosaico de estructuras: narración, poesía, letras de canciones, diarios, notas de programas musicales… Lo hace desde un lirismo y un estilo que es poco habitual en este tipo de libros, más fríos y arquitectónicos y menos dados a un lenguaje que en ocasiones roza lo poético.
Esta estructura fragmentaria puede ser también un pequeño peso, en especial hacia el final donde el ritmo es más discontinuo y se percibe un titubeo sobre cómo terminar el libro. Se echa en falta un redoble final, un cierre más compacto que tal vez no se contempló en un proceso que está inacabado que sigue como Wallen sigue trabajando en la composición.
Del mismo modo, esta memoria musical reflexiva nos puede sumergir a veces en leves divagaciones que se escapan del hilo natural de la narración pero que al mismo tiempo entronca con la divagación de la intuición para componer, de buscar las fuentes más aleatorias para crear.
Cómo llegué a ser compositora es una obra inspiradora para cualquiera que quiera incorporar el arte a su rutina diaria, quien quiera dedicarse profesionalmente o no a la música o a otros dispositivos. También es un modelo de cómo romper con los viejos moldes, con las ideas preconcebidas en torno al arte, pero también en torno a la raza y el género. Errollyn Wallen es profesional pero no deja de ser por ello divertida o emotiva y nos da esperanzas a quienes nos movemos en un ámbito más administrativo.
La música, al fin y al cabo no es para algo. Simplemente es. Era un hecho del mundo físico y material antes de que llegaran los seres humanos. Donde hay movimiento hay sonido. […] Nuestra particular impronta humana hace que nos gusten los patrones y construirlos, y la creación de patrones en el sonido seduce enormemente a todos nuestros sentidos.

- Título: Cómo llegué a ser compositora
- Autor: Errollyn Wallen (traducción de Carmen Espina)
- Editorial: Liburuak (podéis leer más información sobre el libro aquí)
- 420 páginas. 23,00 Euros (formato papel)
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