Clásicos de fondo: Reencuentro, de Fred Uhlman

Con el propósito de ir recuperando libros “de fondo”, esto es, libros que siguen en la brecha y con ventas constantes a pesar del paso de los años y que, de paso, me ayuden a limpiar un poco mi TBR —”to be read” o, en castellano claro, esos libros pendientes que llevan eones en mi estantería a la espera de que les de un tiempo de lectura—, inauguro una pequeña sección, en principio mensual, titulada “Clásicos de fondo”. Y, para empezar, no se me ocurre mejor opción que Reencuentro, de Fred Uhlman, un recordatorio de que los movimientos fascistas no surgen de repente, sino que se van incorporando, normalizando en nuestra sociedad hasta llegar a un punto de difícil retorno.

Fred Uhlman, el no escritor de la literatura del exilio.

Fred Uhlman (1901–1985) es una figura particular dentro de la literatura europea del siglo XX: no fue un escritor profesional  sino un jurista y pintor que, casi de forma accidental, dejó una de las novelas más perdurables sobre el ascenso del nazismo.

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Origen y formación
Nació en Stuttgart, en el seno de una familia judía acomodada y profundamente integrada en la sociedad alemana, de padre alemán, algo que deja su impronta en Reencuentro. Estudió Derecho y  comenzó a ejercer como abogado en la República de Weimar. Esa formación lo adscribió a una burguesía culta que creía en la estabilidad de las instituciones alemanas. Con la llegada al poder de Adolf Hitler en 1933, su vida dio un giro radical. Como judío, se vio obligado a huir de Alemania, pasando por París, Barcelona y finalmente Londres, donde se instaló definitivamente aunque por un tiempo fue encarcelado como “extranjero enemigo” durante la Segunda Guerra Mundial, algo frecuente entre refugiados judíos en Reino Unido.

Antes de ser reconocido como autor, Uhlman se dedicó sobre todo a la pintura. Llegó a exponer en galerías británicas y desarrolló una obra figurativa muy influida por la memoria del paisaje europeo perdido.

Reencuentro, una novela tardía desde la distancia.

Reencuentro se publicó en 1971, cuando Uhlman ya contaba con setenta años. Es por tanto una historia tardía en muchos aspectos, escrita desde la distancia geográfica, en el exilio, desde la distancia temporal, décadas después de los suceso que describe y de la propia experiencia del autor y, también es una historia escrita desde la distancia emocional, porque el tono es sobrio, contenido, sin exceso de dramatismo.

Ambientada en la Alemania de 1932, la novela sigue la relación entre Hans Schwarz, hijo de un médico judío perfectamente integrado, y Konradin von Hohenfels, aristócrata. Su amistad, intensa y casi absoluta, se desarrolla en un espacio aparentemente ajeno a la política: el colegio, la literatura, los paseos. Sin embargo, ese mundo ya está cambiando. La llegada del nazismo no irrumpe de forma abrupta, sino como una lenta erosión de lo cotidiano, hasta hacer mella en su amistad.

Aunque Reencuentro no es una historia estrictamente autobiográfica, sí está profundamente marcada por su experiencia: el personaje de Hans Schwarz refleja su propia posición como judío alemán exiliado e incorporado a otra cultura, el ambiente escolar reproduce el de su juventud y experimentó una ruptura amarga y absoluta con sus amigos no judíos a partir de 1933.

La Exilliteratur en formato mínimo.

Reencuentro se inscribe en una disciplina literaria llamada Exilliteratur o literatura del exilio, fundamentalmente referida a autores exiliados alemanes entre  1933 y 1945 y a su obra. Hay muchísimos autores mencionables, pero entre ellos podríamos destacar a Stefan Zweig o Thomas Mann. Sin embargo, en oposición a la obra de estos últimos, muy extensa y canónica, la de Uhlman es una mirada muy breve, emocional y compasiva, no tan política y contenida. Su acierto está en que logró que una obra sobre la amistad perdida enmarcara una realidad histórica aterradora.

Dentro del ámbito germánico la novela se interpreta también como una historia de la Bildung truncada: una novela de formación o aprendizaje que no llega a completarse del todo porque la historia irrumpe con violencia y horada la amistad entre los dos protagonistas. La crítica alemana subraya que la amistad entre Hans y Konradin no fracasa por un conflicto personal, sino por una estructura ideológica que invade lo privado. La opinión pública, los miedos, los odios trascienden de los ámbitos habituales, mercantiles, íntimos, hogareños, laborables… para contaminar y extenderse en una escala superior. Ulman narra el inicio del horror, no su desarrollo porque, en el momento en que trasladó su historia al papel, la cuestión no era qué sucedió, sino cómo se llegó a ello.

El ascenso progresivo del nazismo

Uno de los mayores aciertos de Reencuentro es pues cómo representa el nazismo no como irrupción súbita, sino como normalización progresiva. La violencia aparece primero como una anécdota, se niega el antisemitismo —no cabe escapar de la conexión con las “mujeres histéricas”, como Cassandra—, los cimientos de la sociedad y la política que los sostienen se derrumban por considerarse irrelevantes ante una nueva realidad y, en general, la sociedad ignoró las señales o las banalizó o minimizo hasta que las consecuencias fueron demasiado evidentes.

Así, en la novela de Uhlman, no hay culpables, la responsabilidad es colectiva y, al mismo tiempo, difusa, hay una ilusión de normalidad generalizada que, visto en contexto y desde el presente cuesta entender, pero que se explica en las pequeñas cosas, en los detalles que su protagonista, su suerte de alter ego joven, percibe y no termina de entender. Trabaja así en la línea de otras obras como El lector, de Bernhard Schlink, o  Todo fluye, de Vasili Grossman.

Es cierto que de cuando en cuando se producían pequeños incidentes. Aparecían esvásticas en las paredes, hostigaban a un ciudadano judío, apaleaban a unos pocos comunistas, pero la vida en general se desarrollaba como de costumbre.

Un final catártico que da sentido a la novela.

Reencuentro es una novela que, quizás no hubiera funcionado de forma tan rotunda si no fuera por el final, catártico a su manera. De hecho, no fue un éxito inmediato en el mercado literario, pero con el tiempo ha ido adquiriendo el estatus de clásico moderno, especialmente en contextos educativos en Europa, algo a lo que contribuye por un lado su carácter breve conciso y claro, pero también el valor que le da su trasfondo autobiográfico.

Es una novela que tiene algo de perdón, de aceptar el pasado sin hundirse en él pero también sin olvidarlo, sin dejar que pasemos por alto las pequeñas señales que pueden dar lugar a una catástrofe como la del ascenso del nazismo. Es una novela emocional que funciona como recordatorio y que, curiosamente, tiene un punto muy bello.

Ahora el problema crucial ya no consistía, aparentemente, en saber lo que era la vida, sino en resolver qué hacer con esa existencia despreciable y sin embargo singularmente valiosa. ¿Cómo debíamos vivirla? ¿Con qué objetivo? ¿Sólo para nuestro propio provecho? ¿En beneficio de la humanidad? ¿Cómo sacar el máximo provecho de ese torpe engendro?

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  • Título: Reencuentro
  • Autor: Fred Uhlman (traducción de José Manuel de Prada Samper y Eduardo Goligorsky)
  • Editorial: Tusquets  (podéis leer más información sobre el libro aquí y leer las primeras páginas aquí
  • 128 páginas. 16,00 Euros (formato papel);  7,99 euros (edición digital) 

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