Tal vez, si sois aficionados a la literatura infantil, por placer o a la fuerza, habréis oído hablar de un tal El monstruo de los colores. Este álbum ilustrado, obra de Anna Llenas, es ya un auténtico best seller entre los jóvenes lectores de tres a cuatro años. No bromeo. Ocho años después de su primera edición se mantiene en las listas de los libros más vendidos de todos los géneros y dirigidos a todos los públicos.

Podría recitar el libro de memoria —cosas del oficio— pero en resumen la historia aporta una relación directa entre los colores y las emociones: el amarillo para la alegría, el verde para la calma, el rojo para la ira… ¿Qué tiene esto que ver con Blanco, la última obra de Han Kang editada por :Rata Books? Bueno, en El monstruo de colores el blanco no se asocia a nada y ahí aparece la escritora coreana para demostrarnos que un color en apariencia tan inerte puede traer consigo un texto tumultuoso y lleno de matices.

Blanco, la nostalgia por lo que no se ha perdido.

Han Kang (1970) se hizo famosa en nuestro país a raíz de la edición de La vegetariana, uno de esos fenómenos literarios que surgen del boca a boca y que ponen en primera línea a una editorial más o menos pequeña. Que una obra funcione suele ser garantía de que se editarán más así que pronto pudimos acceder a Actos Humanos primero y a Blanco ahora.

Han Kang

Han Kang

Blanco no es una novela como tal; tampoco una colección de relatos —o, si atendemos a su extensión, más bien microrrelatos—. Podríamos definirlo como una concatenación de reflexiones que parten de dos cosas: una lista y una situación. Kang comienza la narración con una lista de cosas blancas: la nieve, el azúcar, la sal, una sábana de algodón, la escarcha… A partir de ellas reflexiona sobre lo que el color blanco, aquello que es de ese color, le trae a la mente.

Algo hay en Blanco de sinestesia, de trasladar un sentido a otro. También hay mucho de cultural, de acceder a una forma de ver el mundo que no es propia de occidente. El color blanco, que incorporamos a nuestra paleta a través de la vista da un paso más allá para ser fuente de sentimientos, de recuerdos y de sensaciones que trascienden a otros colores, a otros olores, a otros sonidos en forma de ruidos o de palabras…. Así la protagonista parte de una situación dolorosa —que ella no ha vivido en realidad—: la muerte de su hermana mayor nada más nacer. ¿Qué sentimientos le trae ese ser hermana pequeña sin serlo en realidad, esa presencia de la que no sabe nada pero que siente que le acompaña a cada paso?

El luto oriental

Frente a la costumbre europea de asumir el negro como color de luto —y el blanco como aquello nuevo, que renace, lleno de pureza y vida—, en muchos países orientales simboliza la muerte, la palidez de la tez del cadáver. Tal vez de ahí surge la necesidad de adentrarse en la mente de Kang, de trasladar nuestra forma de pensar a otra que nos es ajena. Tal vez ahí radique el interés en Blanco que es, mi opinión, inferior al de La vegetariana: allí donde todo era crudeza y potencia narrativa, en esta obra se sustituye por la melancolía de una relación que no fue, de un sentimiento que a veces se torna en culpabilidad, en nostalgia, en dolor, en una opresión similar a la que debe provocar un miembro fantasma.

Blanco es una obra que se aleja de una estructura clásica narrativa para llevarnos a un territorio menos definido y más reflexivo pero igual de emotivo que en obras precedentes de Kang. En cualquier caso es una ventana abierta a descubrir nuevas sensibilidades.

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  • Título: Blanco
  • Autor: Han Kang (traducción de Summe Yoon)
  • Editorial: :Rata_ books
  • 160 páginas. 19,00Euros (formato papel)