Visceral + Entrevista a Maria Fernanda Ampuero

Visceral es un libro que tienen mucho de memorístico. El nuevo libro de María Fernanda Ampuero, que ya nos había enamorado con sus colecciones de relatos Pelea de Gallos y Sacrificios Humanos, también en la editorial Páginas de Espuma, se abre con una reflexión sobre el terror. Porque Ampuero se considera una escritora de terror o, más bien, una escritora que escribe “porque tiene miedo”, porque la escritura es su manera de sacar los traumas, personales y colectivos, eviscerarlos para verlos y luego compartirlos. Nos interpela a reflexionar sobre cuáles son los miedos del lector y, a partir de ahí, desgranar los suyos propios. El título del libro, Visceral, lo inspiran de hecho esas cosas que nos pasan en la vida y que nos cambian por dentro, que nos llegan a las tripas, que se nos quedan en el cuerpo y, a veces, incluso lo transforman.

¿Qué le da miedo a Fernanda Ampuero? Sus miedos son, a la vez, personales y universales y eso nos va a trasladar a su cuerpo una y otra vez a lo largo de una colección de pequeñas piezas, artículos que rezuman literatura propia en cada palabra. Pero además por sus páginas se cuelan poemas, reflexiones, citas y nombres de escritores que ella se encarga de indexar al final del libro y que nos dan lo que llamo un “libro guía”: un lugar que nos abre puertas a otros lugares, otros nombres en la literatura. 

Por las páginas de Ampuero se filtran reflexiones sobre sobre la migración, sobre la complicada relación con nuestros cuerpos,  en especial desde la gordofobia; sobre el abuso físico y cómo se acalla el deseo de la mujer y, si muestra que lo tiene, se la transforma en un objeto a disposición del hombre; sobre el abuso sexual, sobre la salud mental…

Visceral es un descenso a los horrores de la sociedad actual, pero la escritura de Ampuero es tan rica, tiene una cualidad de luminosa, de vibrante, que a pesar de que lo que cuenta es oscuro, el libro no se percibe como tal. Tiene una plasticidad, una fisicidad que es muy difícil de conseguir.

Hace unos días tuve el placer de conversar con ella sobre Visceral: 

María Fernanda Ampuero, Visceral, Patricia Millán, Páginas de espuma

El boom de la literatura latinoamericana tiene mucho de extrañamiento 

Visceral es un libro que está muy íntimamente ligado a la literatura, con menciones a muchas voces, algunas de las cuales he leído y me han gustado. Muchas de ellas mujeres sudamericanas con narrativas que causan furor. ¿Qué tienen vuestras visiones literarias que no hay en otros lares? 

Puede ser un efecto de extrañamiento: como no es tu genealogía o tu código histórico sorprende más. Pero para mí uno de los mejores libros que se han publicado en los últimos años es Carcoma. Creo que es el mejor libro que  he leído sobre la Guerra Civil junto con la película El laberinto del fauno. ¿Quieres entender la guerra civil española? Aquí tenemos esos dos productos extraordinarios de terror soterrado. Hablan del miedo a tus propios vecinos. Carcoma ofrece eso desde el título, esa cosa que va comiéndose una casa sin que te des cuenta hasta que se cae. En este país lo que pasaba era eso y me encanta que Layla haya cogido esta metáfora tan perfecta de una casa podrida para explicar cómo este país estaba podrido.

En ese sentido, no estoy tan de acuerdo con que sea una cosa latinoamericana, ni que sea un boom, tampoco. Siento que lo del boom tiene algo de artefacto hecho por otras personas. Y a nosotras no nos hizo nadie, nosotras fuimos creciendo como pudimos, cada una en su sociedad, cada una con sus diferentes formaciones, diferentes familias. Nadie se puso de acuerdo en nada, ni siquiera pertenecemos a las mismas editoriales. Es una cosa generacional.

Tuvimos además mucha suerte porque Stephen King se traducía en el momento de nuestra juventud e infancia y hubo un boom de las sagas de terror, slashers, que fueron superimportantes para mí. Además se nos mencionan a muchas como si fuéramos iguales y en verdad no es así. Mónica es mucho más poética, usa un lenguaje mucho más depurado o literario y hay una búsqueda de poesía que yo creo no tengo. Yo quiero asustar. En ese sentido no creo que seamos tan parecidas. Lo que sí es muy bonito es que nos nos leemos todas.

En redes se os nota en redes hermanadas en cierto modo. 

Sí, nos leemos. Dolores Reyes, por ejemplo, es una de mis grandes amigas. Cometierra fue muy interesante porque era leer por primera vez no solo que el detective fuera una mujer, sino que fuera una chavala de barrio, de periferia. Y esa forma de videncia mágica comiéndose la tierra es una cosa hermosísima que a mí me deslumbra. Estoy muy contenta de que haya estas lecturas y de que ellas existan, porque así yo tengo qué leer. Es muy egoísta de mi parte también, pero sí,  las recomiendo porque como lectora siento que eran necesarias estas historias, como era necesario que existiera Layla para contar algo que se ha contado tantísimas veces en este país . Y como ella vienen un montón, estoy segura.

En la literatura de terror asumimos que es necesario un componente sobrenatural 

Visceral tiene, es cierto, mucho de terror. Y resulta más terrorífico porque es demasiado real. Eso genera muy mal rollo mientras en su lectura intentas encontrar un rayo de luz que ilumine tanto pesar.

Sí, creo que es mi libro más aterrador. Probablemente la gente purista no lo vea así, porque estamos tan acostumbrados a oír estas historias que asumimos que para asustarnos tiene que haber un componente sobrenatural, cuando en verdad ser víctima de una violación y sentir que te va a asesinar la persona que te está violando es lo realmente aterrador. ¿Te va a dar más miedo una invasión extraterrestre? ¿Te va a dar más miedo el Kraken? No, ni el gato negro, ni nada de eso. Te va a dar miedo morir asfixiada por un tío que te considera un trozo de carne y le da igual si te mueres. Yo sí siento que es mi libro más aterrador por la parte de mis terrores que yo he puesto ahí y que sé que son compartidos por miles de mujeres.

¿Cómo has construido Visceral? Aunque toca más temas, podríamos decir que hay  tres bloques principales: uno, el del sentimiento de pertenencia al ser inmigrante; otro dedicado a lo más físico, ya sea el aspecto visual o el abuso sexual; y la última parte está dedicada a la salud mental, la depresión, el amor roto, que son sentimientos que tienen luego una manifestación física también, pero que vienen como más de dentro. ¿Te propones escribirlo así desde un principio o escribes piezas y luego las vas armando?

Empiezo a escribir cosas y luego las voy armando. Yo no escribo diarios, Imagínate esa gente que escribe diarios porque algún día los van a publicar. Me parece una cosa vergonzosa. Yo no escribo diarios pero, durante los momentos más difíciles de mi vida, que están en el libro, necesitaba escribir algo, lo que fuera. Por eso hay una parte híbrida, ciertos versos o intentos de poesía… Siempre he dicho que yo hubiese querido ser poeta, si ser poeta no fuera venderle el alma al diablo y ser una persona tocada por un halo especial que yo no tengo. Pero bueno, creo que la poesía es la única forma de narrar lo inenarrable.

Como era tan inenarrable mi vida en ese momento recurrí, obviamente, a la lectura. Los libros me acompañaban mucho más que las amistades, porque las amistades se cansan del dolor y los libros no, siempre están ahí. 

Hay otras cosas más recientes que he ido macerando, como la reflexión sobre el terror y el trauma. Darme cuenta de que me habían violado fue una revelación, porque creo que un hombre puede decir «es imposible que no te des cuenta que te han violado». Pero nosotras sí podemos saber a qué nos referimos.

Algunos hombres dirían «es imposible que no te des cuenta de que te han violado». 

Lo que comentas me parece muy interesante, ese tomar conciencia a toro pasado, en ocasiones años más tarde, de que nos han abusado, ya sea una violación o, sin llegar a ese punto, un abuso físico o verbal. 

Y muchos más años cuesta denunciar. Por ejemplo me viene a la cabeza el caso el cineasta Carlos Vermut. Hay un castigo tan malsano y tan patriarcal contra estas muchachas que señalaron a Vermut por no haberlo denunciado antes. Nosotras siempre estamos en la mira. Cuando  se hace la denuncia, la mira va a nosotras y no al violador, al perpetrador, al acosador o al abusador de su poder o lo que sea. Va a nosotras.

El caso Weinstein, el caso Epstein… Cuánta gente defendía a estos monstruos predadores en lugar de a las mujeres que lo señalaron. Lo que más nos dicen es cobardes. Y tú sabes que estas chiquillas o chicas, actrices, si dicen el nombre no vuelven a trabajar. A mí me han venido chiquillas escritoras a decirme cosas de editores que les dicen de ir a un hotel para publicarlas y me dicen: No puedo decirlo porque no vuelvo a publicar. En 2024. 

¿Crees que está cambiando? Por ejemplo en el caso Weinstein, cuando se vio la dimensión del  abuso, se le apartó de Hollywood. ¿Hay una mayor sensibilidad, tal vez mal enfocada porque no se piensa tanto en las mujeres como en defenderse de los ataques?

En nuestros países, me refiero a  Hispanoamérica e incluyo España, todavía el machismo está influenciado por el sambenito de la religión católica, que es una cosa espantosa, porque Padre, Hijo y Espíritu Santo, todos son machos, todos los curas son machos y es una cosa espantosamente machista. No sé si tiene que ver eso con que nuestras sociedades todavía sean mucho más perversas que las sociedades anglosajones. No sé, estoy soltando aquí un tiro al aire. Creo que estamos prematuros para saberlo. Pero lo que sí he visto es que las respuestas a lo de Alves y a lo de Vermut han sido aterradoras. Le destruyó la carrera, ¿por qué fue a la zona VIP  donde estaban estos tipos?,…  Nos están diciendo que  no nos pongamos minifaldas, que no bebamos y no le están diciendo al tipo que violó a una chica que no viole.

Yo tengo mucho miedo. Agradezco estar en un momento de mi vida en el que las hormonas no me controlan tanto. Pero ahora, en cambio, lo que me pasa es que, como estoy en una edad de que podría tener una hija adolescente, me siento como madreosa porque no soporto que se sigan repitiendo esos mismos patrones que han repetido desde que yo tengo dieciocho, veinte años, hombres con poder frente a mujeres que necesitan visibilidad o necesitan trabajar o una oportunidad.

Sí veo cambios, por supuesto. No soy ciega y estoy en la calle. Veo que el movimiento LGTBI sumado al movimiento feminista es muchísimo más fuerte, algo inconcebible en mi infancia o adolescencia en Guayaquil, una ciudad tenebrosamente católica, tenebrosamente clasista. Que la marcha del 8M en Ecuador sea tan multitudinaria y que trascienda y traspase clases sociales,  que estén un montón de hombres también allí manifestándose por derechos de las mujeres… Eso es una cosa milagrosa y, si me lo hubieras contado cuando yo tenía quince años, te hubiera dicho que era imposible. En ese sentido, muy bien. Pero retrocedemos un millón de casillas a cada rato, con cada asesinato machista, con cada crimen vicario, con cada violación… 

Me cuesta mucho ser optimista, la verdad. Me cuesta un montón porque veo lo que está pasando en casa, veo lo que está pasando con la naturaleza…

Hay una interseccionalidad que conecta todos los males de la sociedad 

Eso es un tema también interesante, porque cuando lees Visceral llega un momento en el que piensas: Tenemos tantos, pero tantos frentes abiertos… ¿Abrimos más brechas o las hablamos más y por eso se hacen presentes? 

Lo que hay es una interseccionalidad entre todos esos temas. La destrucción del planeta ocasionada por multinacionales dirigidas por hombres, la existencia de comités de ejecutivos, el techo de cristal… O sea, ¿cuántas mujeres son CEO en una empresa o directoras generales? Muy pocas. Empiezas a conectar. Entonces la gente puede decir que estoy delirando porque hablo de la relación entre el patriarcado y la destrucción del planeta. Piénsenlo un poquito, piensen quiénes son son las personas que dirigen las empresas más destructivas del planeta.

Hablamos de la guerra.Es un negocio súper productivo. Hay millones en juego en la venta de armas. ¿Quiénes son los productores y directores generales de las empresas que fabrican armas? Hombres. Me van a decir #notallmen como siempre, pero me parece una bandera roja porque pienso: ¿Por qué te sientes atacado?

«No, es que yo nunca le he tocado un pelo a ninguna mujer». Me alegro. Es lo normal, lo que tendrías que hacer. Yo jamás le he metido mano a un desconocido en un bar. Nunca. Habría que pensar por qué. Ahí está lo que decía de esta interseccionalidad del machismo, las violaciones a las mujeres, pero también las violaciones a la la naturaleza, el trato que se da a los inmigrantes… ¿Quién nos gobierna? Son todos hombres. No digo que las mujeres seamos mejores. Pongamos por caso Margaret Thatcher, las cosas serían iguales o peores. Pero sí que existe este comportamiento patriarcal, una tendencia a decir que soy dueño de ellas, de la naturaleza, de todo lo que hay en el mundo y sus criaturas. Ahí hay un caldo de cultivo para todo este tipo de discriminaciones.

Hay unas intersecciones ahí que son interesantes de analizar. Yo creo que Visceral tiene como una especie de serpiente roja que va uniendo todos los temas.

Me siguen diciendo que no tengo derecho a criticar. 

Llevas casi veinte años en España. En Visceral planteas la cuestión del inmigrante y cómo es visto, del de aquí y el de allí ¿Cuánto tiempo hace falta para admitir que una persona pertenece por fin a un país?.

Eso es tristísimo. Es tristísimo, porque dentro de nueve años, voy a tener más tiempo aquí que en Ecuador. Y mi vida adulta, con todo lo que implica, con todas las decisiones que implica, las decisiones de carrera, de relación, tener hijos o no tener hijos, tener tu casa o no tener tu casa…, todo eso que es lo que determina el resto de tu vida hasta que te mueres, lo he hecho aquí. Cada vez que voto, elijo quién va a decidir mi futuro. Para bien o para mal Sánchez y Ayuso son mis autoridades. Y las cosas que ellos deciden o no deciden cambian mi vida, mi barrio, mi estatus, mi capacidad adquisitiva… Entonces, que sigan diciendo que por mi acento hay unos prejuicios que yo debo de compartir con todos los ecuatorianos que viven en España es una locura.

Puedes tomarlo de distintas formas: decir «Yo tengo derecho a vivir aquí, como tengo derecho a vivir en cualquier lugar del mundo», porque es la gente la que hizo las fronteras; callarme o hacer lo que hago, que es criticar y enfrentarme a quienes digan «vete a tu puto país», un cliché que hemos escuchado todas las que nos atrevemos a criticar la extranjería o a criticar algo de España. ¿Cómo no me voy a atrever? Llevo diecinueve años aquí. ¿Cómo no puedo criticar la degradación de la sanidad pública en Madrid si ahí va mi dinero? No estamos hablando de una cosa abstracta. Estamos hablando de mis ingresos, a dónde van, qué se hace con ellos y quién se beneficia de esto?. Siguen diciendo que no tenemos derecho a criticar porque nos están haciendo un favor dejándonos vivir aquí.

Con todas las emigraciones de españoles en el franquismo, te pones a pensar: ¿Por qué le haces a la gente que llega de América Latina, de África, de los países árabes o de Asia, lo que te dolió tanto que le hicieran a tus abuelos en Suiza o en Alemania? Y esa pregunta en el aire reaparece cada vez que vivimos un episodio de xenofobia quienes llevamos tantísimo tiempo aquí. Hay que recordarlo.

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  • Título: Visceral
  • Autor: Maria Fernanda Ampuero 
  • Editorial: Páginas de espuma  (más información del libro aquí y leer las primeras páginas aquí
  • 176  Páginas. 16,00 euros (formato papel)

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