Tres maneras de decir adiós

Me reúno después de algunos años para charlar con Clara Obligado. Si hace un tiempo lo hacía para descubrir su Madrid visto desde los ojos de una emigrada en La biblioteca de agua (también en Páginas de espuma,) ahora lo hacemos para abrir las entrañas de Tres maneras de decir adiós. 

Nos enfrentamos de nuevo a una colección de relatos, pero con pequeños matices: son tres historias enlazadas por una mujer que es la misma pero al tiempo no lo es. Porque es eso precisamente, el tiempo, lo que nos cambia y nos altera, nos da vivencias que nos sacan de foco o nos devuelven a él, revierten nuestras prioridades o nos ofrecen otras nuevas. 

Pero Tres maneras de decir adiós es también un libro sobre la escritura, sobre la urbanización salvaje y deshumanización de las ciudades, sobre la presencia cada vez más escasa de la naturaleza en nuestras vidas, sobre el pasado que se resiste a salir a la luz o lo hace por senderos a la fuerza, como el agua que se abre paso entre piedras… Es un libro exigente que no regala nada a sus lectores y les ofrece un enigma de reflexiva solución, si es que la tiene. 

De todo esto y de alguna cosa más pudimos charlar: 

Clara Obligado
Clara Obligado
Fotografía: Manolo Yllera

No sé si empezar por la pasión que muestras por la Odisea de Homero, por las menciones continuas en los tres cuentos, en especial en el primero. ¿Es para ti un libro de cabecera? ¿Qué opinión tienes por las versiones modernizadas que están apareciendo, si las llegas a ver como una puerta de entrada a los clásicos?  

El libro está atravesado por muchas líneas. Una de las líneas es la mítica. El primero, el gran viaje que es la vida, esa gran metáfora. Luego están las instituciones familiares. ¿Quién es el héroe? ¿El héroe es Odiseo, o es Penélope, o es Telémaco? Depende. Yo voy cuestionando el lugar del héroe hasta convertirlo en una heroína hacia el final del texto. Sí que reviso el mito, me parece interesante. La Odisea es uno de los libros que me gustan mucho, pero yo creo que es como decir el Qujiote. Son esos grandes libros que ahí están, ¿no? Es imposible no referirte de alguna forma al mito, porque el mito nos construye.

Respecto a lo segundo, creo que, si tú piensas que es una puerta de entrada, también pensarás que una hamburguesería es una entrada a un cinco estrellas. Yo creo que no. Creo que no es indispensable leerlos, pero que hay que leerlos bien, leerlos en serio. El Quijote lo leí con once años, como la Odisea. ¿Entonces, qué hacía? Saltarme cosas que no entendía. Pero me han acompañado toda la vida y no necesité que algún augusto catedrático me rebajara el nivel. Para eso prefiero que hagan dibujos animados, que me parece un soporte más interesante, o un cómic… O sea, una relectura en otro formato.

Pero tomar el texto para rebajarlo es como considerar que los lectores son tontos. Yo enseño a leer y escribir y creo que los lectores no son tontos, que hay que trabajar con ellos de otra manera.

Para mí un clásico se define como aquel libro que nos sigue diciendo cosas a lo largo de la vida. Yo creo que es una buena costumbre, por ejemplo, todos los veranos leer un clásico. No te va a hacer ningún daño, no te va a enfermar. Es un buen momento, relajado, tranquilo.

Tres maneras de decir adiós son tres cuentos que percibo como tristes. Dejan un halo que no diría pesimista, pero sí que tienen un aire un poco como decadente en el sentido en que ves vidas que van cayendo, que se están reconstruyendo, pero digamos que en sus altibajos ganan más los bajos que los altos.

La vida cómo es: la vida está llena de altibajos. Estos cuentos pretenden más o menos recorrer la vida de una mujer que podría ser la misma desde los diecinueve años hasta los setenta. En esas vidas hay muchas cosas que merecen ser miradas, enterradas, lloradas, reídas…. Yo creo que, en síntesis, es un libro optimista, que su final es optimista. Ahora, es un libro que no pretende ser un libro de autoayuda. Ese no es mi camino.  Pretende ser un libro reflexivo sobre lo que nos pasa a medida que vivimos y cómo gestionar los duelos.

Es muy interesante lo que comentas porque los nombres de los personajes protagonistas se repiten en los tres cuentos pero como lector tienes que buscar si encajan, si lo hacen con precisión o hay una especie de superposición que no termina de cuadrar como puzle. Por lo que dices, sí encajan los tres

Sí, lo tengo clarísimo porque lo construí así. Como lector tu trabajo sería saber contestar quién escribió esas historias. Una vez que terminas el libro, decir quién lo escribió, cuál de las tres mujeres lo escribió y dónde, en qué momento o espacio temporal.

El primer relato, en un entorno rural, pasa en el año 1992, tiene treinta años de historia para acá. El segundo sucede hoy y el tercero dentro de veinte años. Esos son los tres tiempos del libro y son tres mujeres que viven fuera de su espacio natural. Son tres transterradas.

El primer cuento es muy interesante en cuanto toca un tema como la guerra en entornos rurales sobre el que cada vez hay más que decir. Me ha recordado por ese lado a Los ojos cerrados, de Edurne Portela. En tu historia existe ese trasfondo de pueblo donde todo el mundo sabe todo, pero a veces eligen callar porque que es mejor obviar o eligen no callar o manifiestan el pasado con esos odios tan profundamente enraizados. Y me gusta mucho esa perspectiva de la persona que viene de fuera, porque los percibe, pero no los termina de entender.

No es casual que Edurne Portela vasca por un lado y por otro que haya estudiado la violencia en América Latina. Parte de la misma base que yo, aunque lo organice de otra manera. Parte de ese cuento es muy autobiográfica y sucede en un pueblo donde yo pasé diez años, sí lo conozco, y las cosas que cuento, casi todas son verdad, no son mentiras. Entonces te consideraban como un taxista, alguien que iba a desaparecer, por lo cual se le podía contar cualquier cosa.

Había hechos que yo desconocía. Por ejemplo, la historia de las peladas. Yo no sabía lo que me estaban diciendo, pero eso fue una práctica habitual en España durante la guerra. Se usaba con las rojas, cualquier mujer que no fuera del bando nacional. Entonces a mí la casa me la vendió una de estas mujeres. Me interesaba mucho este contraste de esta viejita amorosa con esa juventud tan brutal. El libro habla mucho de quiénes somos en un momento de la vida y quiénes somos en otro momento de la vida. A partir de ahí empecé a investigar y encontré la historia de las peladas, o el hecho de que el ferrocarril hubieran construido esclavos. Yo iba a ese pueblo, en tren, tan tranquila y esas vías las habían puesto los esclavos de la guerra. Es una cosa brutal. Me parece que de eso hay que hablar.

El final de ese cuento es terrible y además, tanto en este como en los otros dos, sobrevuela un cierto elemento no fantasmagórico, sino como de ecos, voces que no sabes si ayudan o evitan o impulsan o acompañan.

El primero son los fantasmas de lo que se vivió. Los fantasmas pueden ser tomados como míticos también. En el segundo cuento los fantasmas son los personajes, cómo un escritor convive con esos fantasmas. Y en el tercer caso es la cabeza de la abuela, que es una presencia de los antepasados que también discuten contigo al mismo tiempo que tú estás viviendo.

El tercer cuento es llamativo porque está situado en el futuro, pero el ambiente parece pasado, con ese punto tan soviético, tan frío, tan de edificios a medio construir, gente pasando frío y un control absoluto de la población. Tiene un punto de distopía de Black Mirror.

Trabaja sobre la idea de que Ucrania ganó la guerra y Rusia se volvió un lugar más decadente todavía. Hay ciertos edificios soviéticos que yo vi en un viaje que me impresionaron muchísimo. Es una ucronía más que una distopía. Yo creo que están los rastros del presente permanentemente, de la misma manera que en Black Mirror. Es un mundo gobernado ya ni siquiera por los fondos buitre, ni siquiera por los jefes de los fondos buitre, sino por los productos de los fondos buitres. Los cereales gobiernan el mundo y caímos en el pensamiento idiota. Ese para mí es el gran peligro de nuestra época.

En ese cuento la protagonista es una chica muy joven, de diecinueve años, bastante tonta y, sobre todo, muy perdida. Y es desolador pensar que eso es lo que nos espera, jóvenes perdidos

Pero es habitual, a los diecinueve años uno suele estar perdido. Y muchos chicos emprenden este viaje mítico hacia un lugar que no saben lo que es, ni lo que van a hacer, ni lo que se van a encontrar, ni donde se van a ver atrapados. Yo pretendía representar eso. Y creo que tiene una salida bastante digna la chica. Ella crece, crece a medida que va viviendo, va asimilando la experiencia.

En estas historias se reformula también la familia que no es necesariamente un pilar, un apoyo. Más bien al contrario. Los gestos más positivos a veces lo encuentran de gente de fuera. En el caso del primer cuento los vecinos son los que acompañan y enseñan al niño; En el segundo Elio es quien mejor entiende a la mujer, más que su propia hija. Y en el tercer caso es Jan, sobre todo.

Pero Jan es la proyección de la abuela, es un personaje que salta de un cuento a otro. Yo creo que eso para mí no es negativo, sino esperanzador. Si la familia que te tocó no es maravillosa, constrúyete la tuya. Y además lo dice la vieja, dice hice un casting y elegí otros. Lo hice yo también. Y los otros funcionan como familia. Si no te gusta lo que tienes, puedes elegir otras cosas. Yo no estoy de acuerdo con que las cosas sean obligatorias. O sea, si te van, fantástico. Si no te van, hay otras opciones. No es negativo. Eso es muy positivo.

Son historias de mujeres. Hay hombres, orbitando, pero no es su historia, es la de ellas.  

Son tres historias de mujeres en tres momentos de sus vidas: La juventud, los cuarenta-cincuenta años, que es cuando tú pierdes a tu pareja de toda la vida, en líneas generales, te divorcias y empieza otro momento. Y a partir de los cincuenta, cuando las mujeres empiezan a convertirse en invisibles. Entonces hay una apuesta muy fuerte por la visibilidad de las mujeres viejas. La mujer del segundo cuento es invisible, pero al mismo tiempo es poderosa, muy poderosa. Eso es lo que tienes a esta edad, eres poderosa. No eres sexy porque no dependes de la mirada ajena. Es el gran momento de las mujeres. Yo creo que la felicidad empieza en los cincuenta.

Yo creo que socialmente se espera que las abuelas sean una señora que hacen ganchillo, con el pelo blanco, rizos y pantuflas. Y nosotras éramos la del sexo, drogas y rock’n roll. O sea, hay algo que no combina. Llegar a los setenta en buen estado y con las cosas un poco solucionadas es un regalo de los dioses. Es un momento no bueno, espléndido, que es distinto, con algunos problemas, pero con unas virtudes tan superiores. La verdad que vale la pena.

Hay otro tema que orbita constantemente, que es la presencia de la naturaleza. En el tercer cuento, sobre todo porque frente a esa sensación de frialdad, de hormigón, aparece de repente ahí ese bulbito metido en una cajita para que crezca y que no se lo quiten.

En mi investigación y en el pensamiento me di cuenta que los árboles vencen al tiempo. Hay árboles que son eternos. Se dice fácil, pero es que vencen al tiempo. Es lo que el ser humano ha buscado toda su vida. Ahora estoy escribiendo un libro sobre árboles. La idea de que hay algo que deberíamos mirar, que se está perdiendo, que son los árboles, que son muchos más que nosotros, que tienen una gestión del tiempo, del espacio, de la perdurabilidad totalmente distinta, me parece un pensamiento bastante esperanzado. Es un pensamiento ecologista en cierta medida. Buscar un camino que no sea el de la destrucción, sino el de lo que tenemos y que sí funciona.

Hay una representación del futuro de las cuidades, su anti civismo que tiene que ver con la tala de árboles y espacios verdes, pero también con otras realidades.

Es la ciudad que yo estoy representando. Donde pregunta, hablando de los ocupas,

¿quiénes son?, se refiere a los turistas. Como narro en el cuento nunca he visto a esta gente pobre meterse en las casas. Lo que he visto es a los turistas invadir la ciudad. Es una invitación a pensar qué ciudad estamos construyendo.

Además, también describes a los más pobres, que en realidad son los ciudadanos, como aquellos que viven a más de dos trayectos en metro y autobús.

Sí, sí, viven lejos, tienen que usar el autobús, ya no les vale con el metro. Lo que fue el mercado es un bar. Y lo que fue el palacio de no sé qué es una pista para que patinen los turistas. Y todo controlado por los cereales. ¿No deberíamos pensar un poco lo que hacemos con el centro de las grandes ciudades? ¿En qué lo convertimos? Yo vivo en un edificio en la Puerta del Sol y soy la última vecina.

¿Crees que de eso hay vuelta atrás?

Yo creo que de todo hay vuelta atrás, pero es complicado ver a dónde estamos llegando en las ciudades. Estos cambios los vas viendo en todas partes del mundo. Pero piensa que después de la segunda guerra, Europa quedó demolida. Yo siempre pienso que las cosas pueden ir para adelante y para atrás también. No creo que no haya vuelta. Lo que hay que hacer es un trabajo de educación muy importante y controlar los fondos buitres, que son los que están manejando las ciudades y están convirtiendo, a mi modo de ver, a España en un país de camareros a los que no quieren pagar.

Otro tema que orbita constantemente por Tres maneras de decir adiós, por sus relatos, es el de la escritura.

Es un libro de una escritora. Las tres mujeres de los cuentos escriben. La solución del enigma sería en quién escribe el libro. ¿Cuál de las tres mujeres escribe el libro? No está nada claro eso. O sea, podría escribir la primera, la segunda o la tercera y el resultado sería un libro bastante distinto según donde lo piensas. Era una de mis propuestas: no se sabe quién lo escribió, ni dónde lo escribió, ni cuándo se escribió, voy a escribir un libro volviendo el tiempo y el espacio y el narrador. Eso es lo que yo estaba buscando. Y en el fondo es un pensamiento feminista en re, si lo piensas. O sea, cualquiera puede contar esta historia, cualquiera que se ponga en esta situación puede ver toda la historia completa.

Lo importante es que sostengas un punto de vista.

Tú trabajas con alumnos, das talleres de escritura. ¿Les has enseñado este libro, lo has hablado con ellos?

Estoy empezando a hablar con hablar con ellos de este libro y veo sus dificultades. Pero discutimos la gestión de un libro, cómo se gestiona, desde dónde, por qué, cuándo cómo y dónde lo sitúo. Entonces yo quería un libro que sirviera para gente que escribe, porque le plantea una serie de problemas. Desde el cuelgue que tiene esta mujer con su literatura, hasta las distintas formas de literatura, una comercial y otra no comercial, hasta la idea de hacer un diario o tomar apuntes. Distintas posibilidades de la escritura y el proceso de escritura en sí, porque son mujeres que están escribiendo físicamente en ese momento.

Luego me gusta mucho también el personaje del escritor que es distinto, es más comercial. Y además adopta un proceso más industrial.

Pero es un escritor hombre. Hay muchísima diferencia. Yo creo que el escritor hombre siempre tiene alguien que le gestione. Cuéntame como con dos niños puedes mantener esa rutina. Ni dios la puede mantener. Solamente si hay alguien sujetando esa rutina. Yo propongo los dos modelos de escritura: el de la mujer que no sabe qué hacer con la niña y que le interrumpen y esa es una escritora. Y el otro es él: que tiene una hija lejos y que se organiza y deja colgado a todo el mundo, cosa que las mujeres no hacen.

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  • Título: Tres maneras de decir adiós 
  • Autor: CLara Obligado 
  • Editorial: Páginas de espuma (más información del libro aquí y puedes empezar a leerlo aquí)
  • 136 Páginas. 16,00 Euros (formato papel)

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