Las fieras

No niego que me hace especial ilusión un nuevo libro de Clara Usón porque fue la primera escritora que entrevisté. Un libro, Las fieras, que no sabía de qué iba hasta que me adentré en su lectura —no miro mucho las sinopsis de los libros, a decir verdad—. Tal vez por eso me sorprendió que una escritora catalana se acercara a la figura de una etarra vasca condenada, Idoia López Riaño, más conocida en los medios como La tigresa. No es sin embargo la novela un especio de romanticismo, ni siquiera de crítica feroz. Es más bien una llamada a observar al ser humano desde diferentes prismas, a jugar con él como si se tratara de un rompecabezas donde siempre falta alguna pieza porque el azar juega una parte importante en quienes somos. 

Las fieras se basa en la realidad, en ocasiones incluso desborda datos, pero ofrece un ángulo diferente del periodístico, del de quienes retratan los años más cruentos de. la banda armada desde el ensayo. Se incide más en el ambiente general de la sociedad, en el olvidado factor de que no solo era una etarra bella, también era inteligente y, sobre todo, era mujer. Las  fieras está basado en una persona que existe pero podría haberlo estado en otra que no y seguiría siendo un libro ácido, crítico y esculpido con el carácter que siempre muestra la autora en su búsqueda de los por qué que nos manejan. 

Clara Usón
Clara Usón.

De su libro, la memoria y la humanización del mal, entre otras cosas, hablamos hace unos días. Comparto aquí con vosotros la entrevista a Clara Usón para charlar de Las fieras. 

Supongo que la pregunta que más te harán, en especial aquí, en el País Vasco es: ¿cómo se decide una escritora catalana a retratar a una terrorista vasca?

Yo no abordo, no me planteo escribir una novela sobre un periodo histórico o un conflicto. Me llama la atención un personaje real que da la casualidad que está metido en un periodo muy complicado, como podía ser la hija de Ratko Mladic en La hija del Este o una actriz de cine erótico, Sandra Mozarovski, en los años setenta (En El asesino tímido).

En este caso fue leer un artículo sobre Idoia López Riaño. En aquel momento no tenía conciencia de quién era López Riaño, ni siquiera recordaba el sobrenombre con el que era conocida: La tigresa. Pero me empezó a interesar, empecé a indagar, me llamaron la atención un montón de contradicciones en el personaje y su leyenda y lo que representa, cómo una joven muy guapa de pronto mata a veintitrés hombres en nombre de la patria. A partir de ahí se complica la cosa: se me ocurre una historia de ficción, la enlazo con los GAL y bueno, de ahí sale una novela.

 

¿Estamos lo suficientemente distanciados con el periodo más cruento de ETA como para no enervarnos o no existe en realidad un margen de tiempo?

Se ha escrito bastante ya sobre este asunto, se escribirá más. También ha habido incluso una película cómica, Ocho apellidos vascos. Ha pasado tiempo. Es cierto que los familiares de las víctimas, las víctimas no mortales y los perpetradores están vivos. Yo creo que se va a revisar una y otra vez este periodo oscuro y tremendo de la historia de España, sobre todo de Euskadi, del País Vasco. Además, hace falta volver a ello, reflexionar, dar puntos de vista. Es algo que pretendo hacer en mi novela. No sé si hay una norma que diga a partir de cuándo puedes hablar de un periodo histórico.

 

A ese respecto, ¿qué opiniones estás recibiendo?, ¿cuál está siendo la reacción?

Bueno, de momento la acabo de publicar, todo va muy bien, pero sé que me expongo a que a la gente le que pueda molestar, por ejemplo, el que yo de alguna manera ponga en la misma balanza a ETA y a los GAL. Eso siempre dejando claro que ETA mató mucho más, mataron a ochocientas personas, además de todos los heridos y de alguna manera el GAL surgió como reacción. Pero los hechos en si eran que quitaban la vida a otras personas en nombre de la patria o de la liberación de la patria vasca, viene a ser lo mismo.

Eso es lo que me interesa a mí, los efectos del dogma y cómo actúan aquellos que están poseídos por el dogma. En el caso de López Riaño, lo atípico de ella es que, además de ser mujer, además de ser muy guapa, era inmigrante. Cuando ya en la cárcel tiene tiempo de escribir, se queja amargamente de que la llamaban coreana, manchuriana… Entonces ese deseo tan feroz de pertenecer que la lleva a poner bombas en nombre de una ideología nacionalista que a ella misma la rechaza me interesa. Porque, como escritora, me interesa ahondar en todo lo que sean las contradicciones de la naturaleza humana.

 

Hasta ahora estas personas se han intentado analizar analizados de una forma muy fría, dato sobre dato sobre dato. Y ahí es donde tú vas metiendo componentes humanos que van salpicando a los personajes.

Para eso sirve la ficción. Los datos son para la historia y para la crónica. La ficción es la que puede ahondar en las contradicciones del corazón humano. El maniqueísmo es tranquilizador, porque si en una ficción o una historia diferencias absolutamente los buenos de los malos, de tal manera que los malos son monstruosos y no tienen nada bueno y los buenos son muy buenos, entonces tú como lector inmediatamente te identificas con el bueno. Y eso es tranquilizador.

Pero la realidad es más compleja, más turbia que eso. López Riaño, si sus padres en vez de emigrar al País Vasco hubieran emigrado a Valencia, nunca hubiera matado a nadie, hubiera sido bombera, que es lo que ella quería ser. Pero le dijeron que salvaría muchas más vidas metiéndose en ETA. No deja de llamar la atención el uso del lenguaje: vas a salvar más vidas quitando vidas. Esa es la idea, que ella tenía una vocación de ayudar a los demás.

 

Pero en Las fieras también haces hincapié en una cuestión feminista.

Respecto al feminismo: el terrorista por antonomasia es un hombre. El terrorismo es un acto de violencia. La violencia es propia de hombres. Y cuando una mujer, que es quien da a luz, quien cuida, quien cría… quita una vida, nos repugna más, nos parece más escandaloso que si lo hace un hombre. La mirada es siempre machista porque la opinión general la determinan los hombres. El alias de Idoia López Riaño en la organización no era La tigresa, era Margarita. Pero la policía y los medios le pusieron ese nombre con connotaciones tan negativas que no tiene, por ejemplo, la palabra tigre. Ahí está esa mirada machista: ella era una asesina, mató a mucha gente, lo que hizo está muy mal, pero no la llaméis puta, que es lo que se hace siempre con las mujeres.

Yo en la novela no confirmo ni dejo de confirmar esa fama que tenía de come hombres, de acostarse con policías, de escapar a discotecas… porque hay diversas versiones y casi todas están escritas por hombres. Estas cosas forman parte de su leyenda, pero es que se convirtió incluso en una celebridad. Su belleza y su currículum de víctimas eran un cóctel explosivo, la convertían un imán para los periodistas. Me interesa mostrar esa mezcla de aspectos.  

 

Juegas con esa idea tan de malvado de Disney que nos lleva a pensar que toda persona guapa tiene que ser buena de necesidad.

El maniqueísmo. Sí, es la asociación platónica de lo bueno, lo bello y lo verdadero. Cuando una persona guapa te dice algo inconscientemente lo crees, porque supones que será sincero, lo cual es estúpido, pero tenemos esa asociación interiorizada.

En los años ochenta, pero también ahora, aunque en menor grado, lo que más caracteriza a una mujer es la belleza. Una mujer guapa ya lo tiene todo. Entendemos que una mujer fea esté molesta, amargada por la que le ha caído y se ponga a matar gente, pero ¿una guapa que lo tiene todo, que puede ser lo que quiera? Todas esas contradicciones y todo ese juego son interesantes.

A Idoia López Riaño le molesta ser una especie de icono masculino, pero, por otro lado, era una mujer muy presumida. Según sus compañeros de comando, que tampoco sé hasta qué punto lo que dicen es cierto, era imposible conseguir que se vistiera de una manera discreta porque a ella le gustaba ir muy provocativa; que se pusiera lentillas marrones porque sus ojos azules eran muy llamativos, o que dejara de maquillarse. Es cierto que era presumida y los fotógrafos responden a ese reclamo, lo andan buscando y sacan esas fotos magníficas en los juicios porque incluso ahí prefieren retratrar a la terrorista guapa porque vende mejor.

 

Narrativamente es un libro muy interesante porque hay secciones definidas. Está esa otra mujer, María Ortega, que escribe sobre Idoia y que, durante el primer tercio, tiene una réplica de la propia Idoia. Esa réplica luego desaparece y esa es una decisión tuya como narradora muy llamativa porque podrías haber continuado el juego hasta el final.

Porque luego le dejo hablar a ella. Hay un último capítulo, cuando ya la han capturado, en el que ella además se pone a escribir como una loca. Idoia es una mujer hiperactiva. Quizá por eso no le bastaba con estar preparando atentados en el año más sangriento del Comando Madrid, cuando mataron a unas veinte personas, sino que además se escapaba porque necesitaba actividad y estímulo constante.

En la cárcel, durante una primera etapa pasa tiempo en celdas de castigo siguiendo además las consignas de ETA: plantar cara constantemente, no aceptar o acogerse a ningún beneficio, ponerse en estado de huelga… Y luego al apartarse de ETA ella misma se da el permiso de tener una vida más normal en la cárcel: se pone a pintar, a esculpir, a hacer mil cosas y también a crear guiones y a escribir como una loca porque está pidiendo que le den beneficios a todas las administraciones: gobierno vasco, juzgados, servicios penitenciarios…  Ahí es cuando ella explica su visión de las cosas. Ahí ya no tenía sentido que yo le diera esa réplica ficticia.

 

En ningún momento la muestras como víctima porque es constante el recordatorio de que fue una asesina. Pero sí es cierto que introduces elementos de su vida que la pudieron llevar o no en esa dirección. No diría que hay una disculpa, pero sí una humanización.

Pero es que es necesario, es que mi labor es humanizar. Podría hacer una novela de buenos y malos, es muy fácil y quizás lo que más vende, pero ¿para qué?  Yo quiero mostrar lo que inquieta, hasta qué punto el azar tiene que ver con que suceda algo, como ya pasó en La hija del este. Si Idoia hubiera emigrado a Valencia seguramente hubiera detestado ETA como la detestamos en el resto de España porque no solo sucedía en el País Vasco. En Barcelona vivíamos también en paranoia constante, no solo por el atentado de Hipercor. Su presencia se notaba en toda España.

 

En su personaje hay una mezcla de todo y estudiamos hasta qué punto las circunstancias ambientales determinan lo que vas a ser o quién vas a ser. Intento humanizar porque son personas las que hacen estas cosas. No son poltergeist o íncubos. Son personas y hay mostrarlas como tales. En esta novela puedes empatizar a veces con Idoia, con cosas que ella dice, o con lo que dice Amadeo, el policía nacional metido en los GAL. Yo quiero saber por qué se mata en nombre de un dogma y para eso necesito entender a la persona.

 

El personaje de Miren también es muy interesante. Primero por su entorno familiar, sobre todo por la presencia de su padre, un maltratador en una época donde eso no se decía, aunque se sabía. Y al mismo tiempo está en contacto con el entorno vasco más radicalizado. Es un personaje que está como en un límite entre dos mundos, ella quiere moverse por los dos, pero no termina de encajar en ninguno.

Es muy ambivalente. Hay algunos elementos en común con Idoia en la medida en que Idoia nació en San Sebastián, sus padres son de fuera y eso determina que ella sea una forastera, quiera o no quiera en medio de un nacionalismo extremo que la desprecia.

Miren llega rebotada de muchas ciudades con ese padre que es un policía calamitoso, un padre horrible que genera un ambiente familiar espantoso. Intenta evadirse de ese ambiente familiar en un ámbito exterior que también le resulta muy hostil, porque esa hostilidad del ambiente doméstico está quintuplicada o multiplicada por mil en una sociedad vasca de los años ochenta, en una ciudad de la orilla izquierda del Nervión, en la época de reconversión industrial, cuando todo el mundo estaba quedando sin trabajo. Había una sensación de pesimismo y de impotencia y de agobio en todos los sentidos, por la violencia, por el miedo, por los silencios.

Ser hija de un policía conllevaba que no podía decirle a nadie quién era ella, tenía que vivir una doble vida ella desde muy pequeñita. Miren intenta sobrevivir, intenta ser aceptada, intenta encontrar su sitio y a través de una amiga, Irene, se acerca al mundo del rock radical vasco, el punk, las drogas… y su deseo es largarse. De alguna manera, es un personaje que puede representar a cualquier ciudadano vasco de la época, que no puede abstraerse de esa polarización y esa violencia latente.

 

Uno de los personajes que más interés despierta es Julen porque responde a un modelo menos conocido de miembros de ETA, los que no se manchaban las manos, los que formaban parte de una red que precisaba, como él, de abogados.

Claro. De alguna manera está el machaca, el que comete atentados. Ya Iñaki Rekarte en su libro dice que de política no sabía nada ni le interesaba, que hacía eso que le habían dicho los que pensaban, los otros que estaban en la cúpula. Julen es un personaje que pertenece a ese otro lado. Además, hay una cuestión, los nacionalismos tapan algo que para mí es importante, que es la desigualdad, las clases sociales. La enemiga del pueblo vasco es Miren, o su padre que es policía nacional. Pero Miren es de clase trabajadora y Julen es de clase alta. Y eso explica también parte de su fascinación porque Miren quiere acceder a ese otro mundo que no conoce. Va a casa de unos amigos de la izquierda abertzale que tienen una biblioteca y se asombra de para qué quieren tantos libros. Es un mundo que desconoce.

El nacionalismo en todas partes tapa la diferencia entre clases sociales.

Julen es ese personaje ambivalente que está metido, pero con cuidado. Es un ejemplo de los abertzales de buena familia, que ven a ETA como gudaris y como patriotas. Pero cuando un hijo suyo empieza a meterse en la kale borroka, lo envían a Inglaterra. Quieren que sean otros los que se sacrifiquen por la patria. Había eso también.

 
Dado que su dualidad es tan evidente e interesante, ¿hacía falta incluirle en una suerte de no relación con Miren? Su comportamiento con ella no es bueno, pero tampoco es malo realmente, pero tal vez sea excesivo añadirle esa dimensión.

Miren se enamora perdidamente, es más joven y está humillada por ese tío que estudia en Deusto y que le parece un hombre perfecto. Él unos ratos le hace caso y otros no. Pero eso es la vida, no tiene que ver con que sea de la izquierda abertzale. Es la realidad, es el amor no correspondido. Pero a través de Julen ella se va acercando a ese otro ámbito que es opuesto al suyo: la izquierda vasca. Ella viene de la ultraderecha española.

 

La segunda mitad del libro tiene un aire un poco más ensayístico. En especial a partir del momento en que los GAL pasan a formar parte de la narración.

Lo que importa es quién lo cuenta y cómo lo cuenta. Es Amadeo quien narra los GAL desde de la justificación. Una persona alguien que participó. Es cierto que fue una chapuza tan grande que creo merece ser contada. Pensemos por ejemplo que había fondos reservados que corrían a manos llenas y de pronto Amedo se gastaba todo el dinero en el casino de San Sebastián y no podía pagar al mercenario. El mercenario molesto porque no le habían pagado no cogía el taxi que tenía que coger, se iba andando, lo detenían y entonces delataba a Amedo. Es muy novelesco precisamente porque fue muy chapucero.

Luego te paras a pensar, por ejemplo, en lo que le sucedió a Jamal Khashoggi. Nos pareció a todos horrible, pero el caso Lasa y Zabala fue peor porque fue mucho más cruel: la Guardia Civil española se planta en el País Vasco secuestra a dos chicos que pertenecían a ETA de poca monta y se los lleva primero al cuartel general de Intxaurrondo y luego al gobierno civil, implicando directamente al gobierno. Por supuesto estos jóvenes no tienen ni idea de nada, les torturan, los llevan en un coche hasta Alicante, les obligan a acabar su tumba y luego los matan.

Eso es de una crueldad enorme. Un gobierno no puede hacer eso. Yo creo que se tiene que conocer y que la gente no es consciente. Entonces, cuando la realidad supera la ficción, ¿para qué voy yo a novelar?

Clara Usón, las fieras, portada, Seix Barral

  • Título: Las fieras 
  • Autor: Clara Usón 
  • Editorial: Seix Barral  (más información del libro aquí
  • 376 Páginas. 21,90 Euros (formato papel); 9,99 Euros (formato digital) 

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