Hasier Larretxea: En Otro cielo he creado un imaginario muy poderoso en relación a la fe y a las herencias

Otro cielo es una de mis promesas cumplidas, la de leer más poesía. A veces se cruzan en tu camino poetas como Hasier Larretxea que te transmiten una empatía inmediata, un deseo de adentrarte en su poemario que es a su vez una incursión en un pasado cercano —compartimos edad— donde los sonidos de lo rural se abren camino en la infancia que se rompe y se desestructura para dar paso a los silencios también tan habituales pero menos atrayentes.

Hasier Larretxea escribe desde esa reflexión profunda pero lo hace con cercanía, la misma que manifiesta en persona que, junto con una gran sensibilidad, recorre una memoria, la propia, que no escapa de lo colectivo.

Hasier Larretxea
Hasier Larretxea (fotografía del perfil del autor)

El euskera está ligado a pasado y los silencios; el castellano a la emoción social.

¿Por qué decides escribir unos poemas en euskera y otros en castellano?

No hay una decisión que tenga un punto de partida. Estoy escuchando una canción concreta o estoy en mi Baztán de origen y ya opto por el euskera. Me he dado cuenta de que los textos, en euskera o en castellano, son absolutamente diferentes. Mis textos escritos en castellano son más testimoniales, más vivenciales, más familiares, autobiográficos y en los escritos en euskera siempre he sido más críptico. Creo que tiene que ver un poco con en qué ámbito utilizo y qué significa cada idioma: el euskera es el ámbito familiar y emocional y creo que está el legado del pasado y los silencios; el castellano lo asocio a Madrid, apertura, emoción social. Nunca ha sido algo premeditado. Tengo ahí entre manos esa posibilidad y cada idioma me lleva a un lugar diferente. Es bastante orgánico.

 

Sin tener una guía en el ámbito de la poesía, he disfrutado mucho de Otro cielo y hay aspectos que me han llamado mucho la atención. Por ejemplo: el uso que haces del plural, que es experiencial, pero desde el nosotros, no desde el yo.

Ha habido un ejercicio premeditado. Este libro dialoga directamente con Niebla Fronteriza, un libro que publiqué en 2015 en El Gaviero. Era un libro con un capítulo de prosa poética, escrito a raíz del fallecimiento de mi abuela y que me hizo profundizar en el imaginario místico rural. Ese libro estaba escrito más desde el yo. Me han hecho saber que es mi libro más accesible en el buen sentido.

La conexión está con el primer capítulo de Otro Cielo porque son poemas en prosa escritos desde un sentimiento de comunidad rural, desde esas imágenes o fotografías del álbum familiar, como fotogramas, para después ir avanzando hacia la soledad que impera también en el mundo rural.

Continúo con los diálogos que establezco con una performance o instalación sonora de Niño de Elche sobre José Val de Omar y en la parte central los poemas son más místicos, hay un imaginario muy poderoso en relación a la fe y a las herencias. El escritor está ahí dentro, pero he querido también compartir ese legado y esa herencia. quizá por eso existe esa tercera voz.

La poesía se asocia a lo autorreferencial y hay poetas que se alinean desde el mi-me-conmigo y yo también tengo proyectos así, pero creo que aquí hay un distanciamiento, una madurez expresiva, creativa y estética. Hay un trabajo de fondo que se plasma en ese sentido.

Es un libro que creo adecuado para los que no leen poesía.  No por eso es un libro que tiene menos consistencia o pulso poético que otros.  Pero es importante también como poeta o escritor poder llegar al público desde una cercanía expresiva, sin abusar de barroquismos y de conceptos excesivamente lejanos.

 

Vuelvo a Otro cielo desde una sensación que es a veces pudor

Tu infancia, la que reflejas en Otro Cielo, es claramente rural y sus sonidos se trasladan al lector, aunque no haya tenido esa experiencia previa.

Es una infancia salvaje y libre. Se puede asociar a esta cinematografía donde hay un idealismo certero, donde no hay fronteras ni horarios. Todo era juego, pero también todo era conocimiento: de los límites, del dolor, de la extrañeza.

Todo ese imaginario místico o religioso católico siempre está a lo alto. Con el tiempo vas dándole forma a los símbolos y empiezas a saber mirar lo positivo de cada cosa. Donde antes hubo un sentimiento de negación a la religión, a ciertas cuestiones, a no sentirme identificado con esa infancia rural, ahora entiendo que fue una infancia mágica gracias a la que tengo este universo rico en matices.

Hubo una escisión que fui trabajando en los libros anteriores y vuelvo desde una mística, desde una sensación que a mí me da a veces un poco pudor. Me da la sensación de que el lector se encontrará con una voz pausada buscando esa luz mística.

 

Leerte es leer, con sus diferencias, a Chris Offut, que siempre reniega de sus orígenes, pero al tiempo no sabe escapar de ellos en su literatura. Tú en un momento de tu vida decidiste irte, pero ahí vuelve tu voz a recorrer los mismos espacios, como si no fuera posible escapar de la infancia.

La infancia nos marca. Nos somos conscientes. Algunos escritores, para bien o para mal, han tenido una relación ambivalente con esa infancia, con lugares de origen de una energía poderosísima. Ese espacio rural que no es tan idílico, en el que no te sientes tan cómodo, sin duda te hace sentir algo en tu cabeza, detrás de ti, los fantasmas de sus antepasados. Yo vuelvo de Madrid y me encuentro con todo eso. Ahora soy capaz de visualizarlo. Quizás era necesaria la negación previa. Tienes que ir tapando agujeros por cosas que has ido escuchando en relación al peso de la religión, la fe, el orden, la moral… Había una manera de proceder muy marcada en el pueblo que creo que todavía se da.

La literatura a mí me sirve para para apaciguar, para poner en orden las cosas, para entender. Es inevitable quizá que vuelva la infancia. Con el tiempo le quitas valor a esos ecos del pasado, pero te quedan ciertas expresiones, frases. Para mí la ofensa más pesada venía desde lo afeminado. Desde niño tenía una conciencia muy clara marcada o definida de mi homosexualidad. No había referentes y era algo denostado, algo asociado a una bajeza, impropio de un hombre curtido en el mundo rural.

A veces eres tú quien lleva la mochila. Yo tuve una vida muy libre. Trabajé en la radio, participé activamente de la cultura… Pero hay un desgaste. Aunque no hay nada que te impida actuar a veces el ambiente no es el más propicio. Necesitaba otro alcance, una apertura que Madrid me ha ofrecido.

 

Escribir es desenterrar y meter las manos en el lodo

Hay una frase preciosa en tu poemario que reza: “el recuerdo es movimiento”. Tú giras en torno a una memoria más sensorial que de hechos. ¿Es mejor recordar que enterrar?

Sí, me interesa de qué manera recordamos y de qué manera la memoria se transforma en función de nuestras necesidades, apegos y lo que nos interesa. Convives toda tu vida con un recuerdo concreto que luego te dicen que no fue así. Es un punto de partida de la escritura de la poesía, pero hay movimiento que se plasma en ese poema fragmentado sobre el río. Quise hablar expresamente sobre eso, sobre lo que supone el movimiento, cómo nos vemos ante ese espejo del río que está en movimiento, si nos transformamos gracias a eso,

Si hubiera enterrado no escribiría. Para mí escribir es desenterrar y meter las manos en el lodo para después purificarte con esos elementos y poder mirar de frente a esa tierra o a sus restos.

Quienes me conocen se ríen porque soy una persona muy liviana: me gusta ver series, comer bien, reírme, pasármelo bien, tomar cañas… pero cuando tengo la necesidad de escribir emerge otro Hasier, uno que carga con losas y ha sufrido o ha tenido que liberar nudos. La escritura me sirve para liberar mucho, pero también noto la pesadumbre de esas herencias, esos fantasmas, después de ponerme a escribir.

 

Hay dos detalles estéticos muy interesantes en Otro Cielo. Por un lado, la portada de Alejandro Pasquale. ¿La elegiste tú? Una vez leído el poemario resuena el silencio y soledad, es un poco sombría pero encaja con lo que cuentas.

Conocí su obra en una exposición en Madrid y me fascinó. Este libro surge de los restos de otro. El editor de Pre-textos, cuando publicó Quien diría, qué, me comentó que los poemas en prosa que aparecen al comienzo de Otro cielo no casaban bien allí. Eso me dio pie a poder crear este otro libro porque no quería dejarlos en un cajón. Mientras iba madurando este libro me encontré con su obra y profundicé en su propuesta y encontré este cuadro que se titula Bosque. Y yo me dije: si algún día publico me encantaría que fuera esta la portada. Habitualmente las editoriales no tienen esa posibilidad, pero cuando supe que iba a publicar con Espasa lo tuve claro.

Además, Pasquale es una persona muy cercana y la ilustración tiene significado, son dos niños que conforman la misma imagen en ese universo del que estamos hablando. Creo, además, que a este libro se acercará gente que no sepa de qué trata el libro.

 

También hay una lista musical que incluyes como parte del poemario.

Hay poemas que han partido directamente de canciones. Está la música de Rocío Márquez y The New Raemon, Pablo Und Destruktino, Reserva espiritual de Occidente… Quise partir de esas canciones porque me inspiraban algo concreto. Entroncan muy bien con la parte central del poemario. La canción de The New Raemon habla de la muerte, con un contenido muy místico. Pensé que, como no escribo sin música, podría ser original poner esos retazos de canciones que me han acompañado, aunque no he dialogado directamente con ellas. Hay muchos poemas que han estado escritos con esa música contemporánea o moderna que propone también un universo sonoro. Esto a su vez entronca con el abecedario sonoro inspirado en la instalación del Niño de Elche. Me interesaba preguntarme a través del sonido sobre cuestiones como si la memoria tiene sonidos y cómo el sonido puede inmiscuirse en esa columna vertebral que es la vida y sus sucesos. La sonoridad se cuela.

 

Otro detalle muy emotivo es la dedicatoria inicial a Belén Bermejo, conocida por todos los que estamos cerca del ámbito literario pero que, en el caso de quienes vivís en Madrid, supone una aproximación completamente diferente.

Publiqué El lenguaje de los bosques, un libro narrativo, gracias a ella, que me lo propuso. Yo nunca hubiera imaginado escribir algo así. Gracias a ese libro han sucedido cosas maravillosas, como poder publicar en este sello que creo ella. Es como ir cerrando círculos. Recuerdo que estaba angustiado porque era un proyecto muy grande para mí y le decía: Belén, no puedo, es un proyecto inmenso. Recuerdo su positivismo, su alegría, su ímpetu, su sonrisa infinita. Tenía que traerla al recuerdo, incluirla.

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  • Título: Otro cielo
  • Autor: Hasier Larretxea
  • Editorial: Espasa (más información del libro aquí )
  • 104 páginas. 12,50 Euros (formato papel).

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