Elogio de las manos

El Premio Biblioteca Breve 2024 ha recaído en esta ocasión en Jesús Carrasco, autor de la casa, como bien viene siendo frecuente en los últimos años en muchos premios otorgados por sellos editoriales. Sin desmerecer en absoluto la calidad de Elogio de las manos, que es un libro magnífico y que se suma a una trayectoria cada vez más depurada en su narrativa inaugurada por todo lo alto en 2013 con Intemperie. 

En Elogio de las manos, el narrador y su familia llegan, por circunstancias de la vida, a una vieja y desvencijada casa que iba a ser derribada para construir pisos turísticos. Pero la crisis de 2008 da un suspiro a este edificio lleno de vida y de historias y la familia, durante el transcurso de varios años, disfruta de ella de forma intermitente mientras reflexiona sobre pequeñas cosas, detalles que invitan a tomar la vida con un poco más de filosofía. 

Hace unos días tuve la oportunidad de charlar con Jesús Carrassco sobre su libro:

Jesús Carrasco
Jesús Carrasco. © Ivan Giménez-Seix Barral

Elogio de las manos es una literatura “de la nada”, no hay una gran historia detrás, no hay un gran drama que arrastre la narración, sino que es una historia de pequeñas observaciones, algunas casuales que tienen en común, muchas de ellas, ensalzar el trabajo hecho con las manos, algo en desuso en muchas sociedades.

Es una buena descripción. Nunca me lo habían dicho. No sé si es un libro que surge de la nada, porque surge de lo más cotidiano, es doméstico y cotidiano. Son dos etiquetas que no son nada literarias porque solemos percibir ficciones que tienen como centro lo extraordinario. Y este libro se centra mucho en cosas que no son extraordinarias. 

Es un poco la búsqueda de lo ordinario, no en el sentido peyorativo, sino de lo que está aquí al lado. He descubierto que hay mucha literatura porque hay mucha vida en ese espacio, pero hay que dirigir una mirada cuidadosa a ese espacio. A veces puede ser cansino si la lupa la pones muy cerca, pero yo he intentado que eso no fuera así, que hubiera una mirada a lo muy próximo pero un poco también al espacio a su alrededor: levantar la mirada, ver la casa, ver la familia, ver los animales, volver, salir, entrar… todo ello en un radio cercano en el que yo creo que hay mucho que decir

 

Elogio de las manos no es un libro autobiográfico, pero por la elección del protagonista y su voz parece que hay una cierta voluntad de que se confunda con la de Jesús Carrasco.

Es un terreno resbaladizo, porque no estoy interesado en hacer una autobiografía. No considero que mi vida tenga interés para nadie. Pero al mismo tiempo mi propia experiencia es rica y mi propia vivencia es mi mayor fuente de conocimiento a la hora de escribir.

Para mí es un terreno problemático y en este caso decido no ocultarme. Sí, la voz del narrador coincide mucho con la mía y es un escritor como soy yo y ha vivido en Escocia como he vivido yo. Pero he escrito una novela. Lo que no voy a hacer nunca es decir qué partes son verdaderas y qué partes no porque, entre otras cosas, no le haré ningún favor al lector. El lector necesita, desde mi punto de vista, que la historia sea verosímil. Yo a un libro le pido que me deje hueco para poder meterme en la historia, unos zapatos vacíos que me pueda calzar y caminar con la trama.

 

Hay en el libro una cierta fatalidad. Por un lado, está esa casa que desde la primera página sabemos que va a ser demolida. Tenemos a una familia que construye sobre algo predestinado a morir. Pero también en ciertos momentos reflexionas sobre la utilidad de hacer esto o aquello si el resultado va a ser el mismo que si no se hiciera. Genera una cierta tristeza.

En la medida en que la vida puede ser triste si pones el foco en la muerte. Si estás pensando que vas a morir nada tiene sentido, todo es fútil y todo es banal. En la novela hay un elogio contra esa fatalidad. A pesar de que eso va a suceder, a pesar de que la casa va a caer, hay una voluntad de vivir enorme por parte de los personajes, que es la que yo siento frente a la vida: una voluntad enorme de vivir, de crear, de trabajar, de estar contigo, de viajar, de estar con mi familia, de cuidar… a pesar de que terminará.

No puedo olvidar ni una cosa ni la otra. Sé que parecen contrapuestas, pero para mí están perfectamente relacionadas. En la medida en que soy consciente de que voy a morir este momento es importante para mí, es relevante porque sé que no se va a volver a producir. Intento no olvidarme de ese hecho nunca, pero no desde un punto de vista solemne o fatalista. Al contrario: qué suerte que estoy vivo, que soy consciente de esto porque sé que se va a acabar. Ese es un poco el punto de vista.

 

Respecto al trabajo artesano, me acordaba mientras leía tu novela de El círculo de los blasfemos, de Prunetti, porque hay un momento en el que admite que su familia se reía de él porque ser escritor y porque su profesión le hacía un inútil para lo práctico. En Elogio de las manos el protagonista describe cómo usa las manos, cómo ve a otros desarrollar pequeñas tareas, a veces muy de andar por casa. No sé si hay ahí algo de nostalgia, algo de pena por lo que ya no es.

No. Soy anti nostálgico, soy la persona menos nostálgica del mundo. Es una emoción que no me interesa nada. Nunca miro al pasado con la pena de aquello era mejor. Lo que hay es más una sugerencia de que estamos a tiempo de repensar algunas cosas.

Para mí es importante ese trabajo. Para mí es importante ese saber. Pero entiendo el tiempo en el que vivimos; nuestra generación no es la de nuestros padres. Vivimos con otras ventajas y otros inconvenientes. Hemos perdido por el camino muchas riquezas y hemos ganado otras.

Una de las riquezas que hemos perdido, por ejemplo, desde mi punto de vista y hablando de este libro, es la capacidad para ser ligeramente autosuficientes, para ser capaz de hacer pequeñas tareas. Si eres una persona normal, pues ese ese conjunto de pequeños saberes es muy útil porque te saca las castañas del fuego y porque contribuye a tu autonomía no necesitar a otro para que haga una cosa así de sencilla.

Detrás de esa autonomía, para mí lo que viene es la dignidad. Entonces, en el fomento de eso, de esos trabajos, está en el fondo de la dignidad del ser humano. Lo veo como una oportunidad para que volvamos a hacerlo, como algo que pondría en el programa de la educación básica. Son cosas muy sencillas pero importantes y que no cuesta demasiado aprender.

No lo echo de menos, simplemente animo a la gente a que lo haga porque mola y va mucho más allá de un divertimento. Es en último término una sensación de empoderamiento.

 

No te alejas del entorno rural, es parte de lo que eres. Pero sí veo una mayor contención, un despliegue más equilibrado de tu conocimiento del medio, de tu capacidad de describir el entorno rural. ¿Es comodidad o reivindicación?

No escribo para reivindicar para nada. Escribo sobre lo que soy sensible y que despierta en mí emociones profundas. El medio rural y el campo y los árboles y las plantas, la botánica y los animales despiertan en mí emociones profundas de hermandad, de protección, de pertenencia…

Hay una mirada al medio rural porque ambientar una novela en un espacio que me es ajeno o con el que no tengo conexiones emocionales profundas me costaría más trabajo, sonaría más impostada. Yo me desenvuelvo bien en ese espacio, pero no me reduzco al mismo, iré transitando por donde la literatura me lleve. De momento ese espacio es un espacio propicio.

Intemperie era la historia de una casa vulnerada, puesta patas arriba, que ha saltado por los aires. Todo sucedía al aire libre. En Elogio de las manos es al contrario: todo lo importante sucede dentro de una casa y a lo sumo en un espacio natural muy próximo, muy cercano. Hay exploraciones al exterior que son casi divertidas.

 

La casa funciona a modo de personaje; hay una literatura de casas o de espacios físicos que son personajes cuya mera presencia moldea todo lo que se mueve alrededor. Y es una casa muy, muy interesante por cómo está construida, por cómo ha variado, por cómo vas describiéndolo. Me parece muy interesante jugar con eso.

Una cosa que me gusta mucho de esta casa es que tiene más defectos que virtudes. Me atrae mucho lo imperfecto.

En la casa está esa parra, cautivadora para ellos. No es tan sencillo, viniendo de una ciudad, poder comer un arroz rico debajo de una parra. Es como un arquetipo de lo Mediterráneo. Aunque la casa solo tuviera eso, ya es un tesoro. Quizás sea ese arreglo en la parra lo que les hizo verdaderamente empatizar con la casa. Luego además los protagonistas tienen un cierto espíritu hippie, no les importa mucho esa primera apariencia, esa incomodidad. Se adaptan y luego descubren el beneficio de haberse adaptado. Pero la casa es un desastre, está llena de cicatrices.

 

Una cosa que me ha interesado mucho es que la familia va intermitentemente a la casa y saben que mientras ellos no están hay más gente que va a esa casa. Entonces cuando leo la novela la percepción es de estar leyendo la historia de una familia, cuando en realidad esa casa encierra un montón de historias de un montón de familias, solamente que la casa ha decidido no compartir más que una en concreto.

Está muy bien visto y tiene que ver con la falta de propiedad, que es un valor fundamental en el capitalismo y que en esta novela salta por los aires. Todo sucede en la casa y toda la magia que tiene la casa sucede porque no les pertenece a ninguno de ellos. El propietario ha decidido no habitarla y la cede para que la habiten otros y, como no es de nadie, todos la cuidan porque es algo común, como podría ser el espacio público, solo que es una mezcla entre espacio público y privado. Los sucesivos habitantes cada uno la aprovecha de la mejor manera posible y la prepara para que el siguiente que venga la pueda disfrutar también. Entonces tiene algo de público, tiene algo de privado y quizás sea una metáfora de la diferencia entre el espacio público y el privado.

 

Otra cosa que me ha gustado mucho es la relación que se establece con las hijas de la familia, la forma de ponerlas en contacto con la naturaleza de presentarles lo que es la vida y la muerte con sinceridad, pero sin restar amabilidad.

Yo diría que la tendencia general no es solamente cortar con la presencia de la naturaleza, sino de la propia vida. La vida está compuesta de muchas cosas, no solamente de cosas que salen en Instagram. Esta familia decide no hurtarles ninguna experiencia. Mejor que lo expliquen unos padres y no que lo diga Disney; mejor que te pueda preparar y te pueda acompañar como hija en ese aprendizaje que es necesario. Creo que el problema es que hurtamos a los niños una parte importante de la realidad por no hacerles daño, por un concepto dulcificado o estilizado de la vida donde solamente lo bello, lo joven y lo pujante tienen un sentido. Les hacemos un flaco favor apartándoles de la posibilidad de experimentar la vida con sus partes buenas y sus partes malas.

No estoy hablando de una infancia a lo Dickens, donde te ves directamente con el horror. Les                                    acompañamos en ese proceso y les adaptamos esos contenidos para que cuando llegue el momento sean maduros como para darse cuenta de que la muerte existe o de que la leche no sale del brik, sale de una vaca.

 

La novela tiene como trasfondo la crisis de 2008. Hay una serie de cuestiones que vas dejando caer colateralmente, que encuadran la historia, pero no se mencionan abiertamente. ¿Cómo te planteas escribir una historia principal, en la que se insertan retazos de otras cuestiones importantes?

La crisis de Lehman Brothers determina completamente la experiencia. Sin Lehman Brothers no hubiera existido esta casa. Se compraban las casas baratas, se ejecutaba la obra y se vendía. Pero al no encontrar inversores por la crisis se detuvo el proyecto y eso permitió a esta familia habitar la casa.

Al principio la novela estaba ordenada de otra forma, pero me di cuenta de que debía imprimirle una estructura cronológica. Para lo que yo quería contar era mucho más sencillo; también para que el lector se mantuviera orientado. Cuando te propones hacer una novela que está dislocada tienes que tener las piezas muy, muy claras para que el lector no se desoriente o no piense que está asistiendo una obra de vanguardia incomprensible.

Mi intención era transmitir esta idea de una forma muy cristalina y me pareció que lo cronológico ayudaba mucho. Es más, añadía fechas para que el lector supiera si era el verano o el inverno, cómo pasan las estaciones, cuando llega la pandemia… Quería que tuviera un correlato en la vida de los lectores, que acompañaran la novela con sus experiencias.

 

Hablando de la pandemia, fue un momento en que mucha gente acudió a lo rural como vía de escape o replanteándose su vida. Luego hubo gente que se adaptó y otros que no. Igual que sucede en la casa donde hubo gente que no se consiguió adaptar a la casa porque había que adaptarse a la casa. No era la casa a la que se iba a adaptar a uno. ¿Es nuestro fracaso no saber adaptarnos a lo rural, no estar dispuestos a encararlo como la realidad de lo que es?

No sabría decirte si es un fracaso. Yo creo que el fracaso es no ser capaz de adaptarse a cualquier realidad diferente. Ese es el fracaso. La aspiración del ser humano debería serlo de adaptarse: al medio rural que no conoces si vienes de una ciudad, pero también adaptarse a tu vecino de rellano que piensa diferente políticamente, al que tiene otro color de piel, al que elige una vida sexual que no es la tuya… Lo óptimo es intentar comprender que hay de hermoso en todo lo demás.

Siento como algo muy nítido una muralla entre esos dos medios, el medio rural y el medio urbano. Ahora hay mayores conexiones, ficciones que se dirigen a esos espacios, una cierta atención política, cierta atención mediática…  pero sigue habiendo una muralla y se sigue percibiendo el medio rural como un lugar idílico, el lugar en el que se van a disolver todas las tensiones de la ciudad.

El medio rural tiene sus ventajas y sus inconvenientes, como el medio urbano. Si vas pensando en encontrar una enorme vida cultural en el medio de un páramo castellano, pues no es el espacio. Pero si lo que quieres es tranquilidad tal vez sí. Tienes que saber el lugar al que te diriges y percibirlo con nitidez.

Yo lo que sí que agradezco es que incluso desde esa visión estereotipada haya visiones hacia el medio rural. El mundo rural, el medio rural español, no estaba ni representado, no había ni una mirada, ni positiva ni negativa, no existía la mirada. Ahora, por lo menos hay miradas, a veces románticas, a veces pazguatas…  pero ya hay una mirada que empieza a ser el reconocimiento de lo otro. Además creo que el medio rural es evidente que necesita que se incorpore gente nueva, gente joven que lo rehabilite, que se fije la población, que se cuide todo ese entorno, todo el patrimonio que existe, en fin, que es una parte importantísima del territorio que tiene que estar habitado.

 

A título personal, ¿Crees que haber ganado el Premio Biblioteca Breve te ha supuesto una gran diferencia cuando eres un autor con un bagaje literario consolidado?

Hay un plus de intensidad en la atención, la promoción, las plazas que voy a visitar, que son ya muchísimas. Venir ya con ese premio ganado me parece que es un impulso de salida. Yo por suerte tenía la fortuna de recibir ya atención de los medios y tener bastantes lectores y el apoyo de Seix Barral. Pero salir con el premio es esa rampita que te que te da ese impulso, que te coloca al lado de nombres clave de la literatura.

Yo caí de pie con Intemperie. De repente pasé a ser un señor que daba entrevistas como si no hubiera un mañana. Fue una aceleración de cero a cien. No me dio tiempo a pensar en nada. Todo ha sido desde entonces agradecimiento.

portada elogio de las manos Jesús Carrasco Seix Barral

  • Título: Elogio de las manos 
  • Autor: Jesús Carrasco 
  • Editorial: Seix Barral (más información del libro aquí y puedes empezar a leerlo aquí)
  • 320 Páginas. 20,90 Euros (formato papel)

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