En Abril o nunca, la nueva novela de Jun Gómez Bárcena, se despliegan algunas de sus obsesiones habituales, como el estudio del tiempo como elemento fundamental, el tiempo en un momento en el que su ausencia o la percepción popular de su rápido deslizamiento sin que nos demos cuenta más allá de breves momentos intensos —idea que ya nos trasladaba en alguno de sus cuentos Matheson—, momentos que, como en el caso presente, son precisamente los que querríamos olvidar.
Daniel es un padre divorciado que vive en Benidorm, después de abandonar su trabajo como abogado en plena crisis emocional y laboral. Su hija Teresa cumple años dos veces cada año: una con mamá y otra con papá; una en Madrid y otra en esa ciudad construida de prejuicios colectivos y con cierto aire de ranciedad. En esta ocasión Daniel decide llevarla a bucear. Y ese día en la Cala de los Amarillos, un suceso traumático marcará el arranque de la novela.
En Abril o nunca el lector se sumerge hasta cierto punto en la vida de Daniel tras ese día y en su mente, y recorrerá con él un paréntesis temporal que enmarca la siempre infame crisis de los cuarenta, la culpa, la posibilidad de un nuevo amor, la amistad en la madurez, los foros de internet y sus teorías conspiranoicas sobre la realidad de viajar en el tiempo para cambiar el pasado.
Juan Gómez Barcena (Santander, 1984) es licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, en Historia y en Filosofía. Con su primer libro de cuentos, Los que duermen (2012) obtuvo el Premio Tormenta al Mejor Autor Revelación. En 2014 publicó El cielo de Lima, novela con la que obtuvo el Premio Ojo Crítico de Narrativa 2014 y que ha sido traducida al inglés, francés, italiano, alemán, portugués, holandés y griego. Su siguiente novela, Kanada (2017) obtuvo el Premio Ciudad de Santander 2017 y el Premio Cálamo Otra Mirada 2017, y resultó primer finalista del Premio internacional Tigre Juan 2017. A continuación, publicó Ni siquiera los muertos (2020), que fue finalista del premio que el Gremio de Libreros de Madrid concede al mejor libro del año. La monumental Lo demás es aire (2023) lo consolidó como uno de los autores más relevantes de la literatura española.

Hace unos días tuve la oportunidad de charlar con él sobre esta novela:
Creo que te voy a hacer las dos grandes preguntas que te está haciendo todo el mundo. Igual nos quitamos primero la de la de Benidorm, porque en el imaginario popular, o en el mío, es un sitio muy cutre, cosa que tampoco rebates en ningún momento. De hecho, casi por comparación haces parecer que Madrid es estupenda desde esa lejanía.
A ver, yo no había estado nunca en Benidorm cuando empecé el libro, pero lo que sabía de Benidorm me encajaba muy bien: ese carácter cutre que dices, casi parece una ciudad fantástica de cartón piedra, y esto me parecía que tenía sentido en una novela que también se iba a mover un poco cerca de lo fantástico.
Es una novela que juega con la idea del tiempo circular, con volver a abril para que las cosas cambien; también la ciudad de Benidorm tiene estos ciclos de turistas que van y vienen y van creando una especie de tiempo cíclico. La ciudad enfatiza la idea del simulacro, que está muy presente en la novela, la idea de la repetición: es una ciudad que parece que tiene elementos repetidos de todas partes, como pubs imitando Londres o Nueva York, pero en realidad nada es genuino o autóctono. Me parecía el entorno ideal para ambientar la novela.
Fui allí una semana en verano, otra semana en invierno, estuve aprendiendo un poco cómo funcionaban las cosas y me pareció un entorno que tiene algo fantástico y que juega muy bien con el tema de la novela, que también el tiempo como un paréntesis. Benidorm es la ciudad que existe pero al mismo tiempo no existe, la ciudad que nadie habita, en la que está todo el mundo entrando y saliendo, que es una especie de circuito.
Esto venía muy bien también para definir el personaje protagonista, al ser una ciudad con una alegría muy desbordante, pero con una cierta sensación de falsedad, de impostura. Me parecía que era ahí donde tenía que vivir Daniel.
El segundo tema sobre el que vuelves durante la narración, y que además es un tema que tratas en otros libros, es el del tiempo, del presente, un tiempo que en la novela casi no es tal porque Daniel vive una especie de paréntesis mental, de negación, de parar su vida y no hacer nada con ella, lo cual hace más interesante el insistir tanto sobre el tema cuando el tiempo parece que no existe en su historia.
Claro, es que me interesa mucho ya no sólo el tiempo físico tal y como es en la realidad, sino el tiempo tal y como lo experimentamos. Y creo que hay algo muy particular en la experiencia del duelo, que es una experiencia donde el tiempo efectivamente parece detenerse, donde todos nos dicen que sigamos hacia adelante, pero la persona que vive un duelo precisamente no puede dejar ese tiempo atrás, queda anclado al muerto, siente que lo traiciona si sigue hacia adelante.
También hay un deseo de volver una y otra vez, como para intentar en tu cabeza desanudar ese nudo, corregir los errores del pasado. Todo esto, que creo que son sentimientos normales y habituales, me parecía interesante para jugar con ello, e incluso con la posibilidad de los viajes en el tiempo a partir de la experiencia interna.
En esa línea introduces la otra trama, la del cibernauta y sus teorías loquísimas. También está esa idea de pseudociencia en redes, de gente que se apropia de discursos y los da por sentado. Es un contraste fuerte que nos introduce en una decadencia de Daniel, una persona que de entrada es un adulto normal, sereno, racional, y que va poco a poco cayendo en una pendiente peligrosa.
Yo creo que todas las personas desesperadas pueden caer en discursos muy desestructurantes y muy enloquecidos. De hecho es un signo de nuestro tiempo: vivimos en una época de desconfianza hacia la idea de la verdad, una época de conspiraciones, de credos un poco particulares. Creo que Internet es un caldo de cultivo de esto y que, a través de las plataformas, a través de redes, de determinados foros, se pueden crear estados de opinión a partir de ideas muy delirantes.
Yo quería captar este tipo de delirios y construir una teoría que no he sacado de ningún lado, pero que juega con elementos que sí están presentes en Internet: la posibilidad de que el tiempo sea un constructo de nuestra mente. Estamos en lo que a mi juicio es una vuelta al idealismo, a creer que es nuestra mente la que construye la realidad, la que justifica si tenemos éxito o no. Estoy muy en contra de estas teorías, pero me parecía interesante jugar con ellas.
Cuando empecé a construir el discurso de John1419, todavía pensaba que era algo bastante extraordinario en cuanto a que no podría ocurrir en la realidad. Pero tengo engo un amigo que se mete mucho en foros de Reddit y me decía: “yo te llevo algún foro donde se discuten algunas de estas cosas, no exactamente igual, pero no te van a sorprender”. Efectivamente: puedes encontrar foros de gente que cree en los viajes en el tiempo y que te da guías para lograrlos.
Entonces, igual la pregunta interesante no es sobre la persona que cree en ello y comienza ese hilo y le da valor, sino sobre los demás, lo que les lleva pasar madrugadas leyendo estas opiniones y teorías.
Estamos en un momento en el que pareciera que el escepticismo es una forma de inteligencia, que hay que desconfiar de todo lo que se cuenta. Y cuando desconfías de todo lo que se te cuenta, es muy posible caer en el absurdo, porque si no hay un discurso estructurante sobre la realidad, no creer en cosas obvias te lleva a creer en cosas absurdas. Y creo que a mucha gente le sucede. Hay teorías que nos proponen exactamente lo que queremos escuchar, que somos dueños de nuestro destino. También estamos teniendo una vuelta al horóscopo, una vuelta a las cartas astrales, a determinadas tesis. A veces te las plantean con cierta ironía en la línea de: “yo no creo en esto, pero ¿de qué signo eres?
Hay un tema que no se menciona en el libro pero sí forma parte de él porque subyace todo el rato: la culpa del protagonista. Como lector, la pregunta lógica es: ¿No siente culpa? Hay un momento en que su amigo Mario le dice que no se preocupe, que no tiene la culpa de nada. Y Daniel salta rápidamente a decir que por supuesto que no. Pero esa respuesta parece precisamente el símbolo de que sí se sientes culpable.
Me encanta que lo veas así, porque era algo muy pensado y ese momento para mí era importante. Es un momento en el que efectivamente Daniel salta y dice que no es culpable. Parece que no se lo ha planteado cuando en realidad se lo está haciendo todo el tiempo, pero no hay una expresión verbal de ello. Lo que tenemos es un personaje que no está en conexión con sus emociones; quizás sentirse culpable sería un paso razonable y natural para luego superarlo, pero digamos que ni siquiera se permite pensar desde la culpabilidad.
También cuando su exmujer le acusa en el tanatorio de lo que sea que le acusa, porque nosotros no llegamos a oír nada, él prefiere no escuchar, se disocia de lo que está sucediendo. La culpa efectivamente late en todo el comportamiento de Daniel, pero no lo verbaliza, no se lo permite. Me interesaba reflexionar sobre qué es lo que ocurre en un duelo cuando la persona que lo vive no es del todo capaz de digerir verbalmente lo sucedido. Yo creo que sin verbalización no hay sanación. Daniel está muy lejos de sanar, porque está lejos de entender.
Contrasta en su relación con Natalia, porque ella sí que verbaliza todo. De hecho, en algún momento dice que Daniel le gusta por que es sensible. Por eso el impacto de lo que sucede es mayor, porque Daniel no tiene una voluntad de mentirle, sino una voluntad de mentirse a sí mismo.
Es como la mentira de un niño, intenta que la realidad se adapte a sus palabras.
Y luego está su relación de amistad con Mario, que actúa como un ancla de la realidad: es el amigo que no quiere ver como su amigo, lo que nos lleva también a la idea del duelo enfrentado desde la absoluta soledad.
Para empezar, las personas que caen en este tipo de discursos que mencionábamos antes suelen ser personas solitarias y suelen ser hombres. A los hombres se nos ha educado para ser más ejecutivos y pareciera que es una señal de debilidad el mostrar emociones, cuando para mí es una señal de fortaleza. Hay que ser fuerte para afrontar las emociones, pero es verdad que es una fortaleza distinta a la de la acción. Pareciera que es contemplativo, pero en esa contemplación hay un proceso que puede llegar a ser muy intenso y muy importante. Y creo que muchos varones tiene también problemas para experimentar sus emociones, tiene problemas para llorar, como le pasó a Daniel, y esa es una de las cuestiones que yo quería plantear.
Por eso las mujeres de la novela en general son más verbales y más asociados a perfiles que acuden a terapia. Incluso la hija está mucho más conectada a la realidad, es más lúcida que su propio padre.
Toda esta situación se cruza con la famosa crisis de los cuarenta, que igual ahora debería desplazarse más hacia adelante, igual que estamos trasladando otras fases como la de la independencia del hogar de crianza. Daniel muestra valentía: tiene un trabajo en un estudio de abogados que le está ofreciendo acceder como socio y lo deja para irse de instructor de buceo. Visto desde afuera, eso lo comentas en tu familia o en tu círculo de amigos y te dicen que estás charlado. Es añadirle una dosis extra de drama.
Yo creo que Daniel es un personaje que sabe lo que no quiere, pero no sabe lo que quiere. Y que se está dejando llevar como se deja llevar el submarinista por el agua o el bañista por la corriente, pero en realidad no es muy consciente de cuándo ha tomado las decisiones de su vida, si es que ha tomado alguna. Y creo que su ancla emocional, además de Mario, es sobre todo su hija. Es casi lo único que puede ver en positivo, la única persona con la que se vincula de verdad emocionalmente.
Por eso es tan dramática la desaparición de la hija, porque en la hija hay algo de ancla, hay algo de definición afirmativa de la identidad, porque parece que él se define más por lo que no quiere, por lo que no le gusta o por lo que rehuye. Pero sí, es un hombre valiente a través de una manera particular. Es un hombre resistente, podríamos decir.
Probablemente una mujer no reaccionaría igual. La historia está muy asociada a la imagen o al estereotipo del hombre.
Es un estereotipo que por supuesto no se cumple siempre, pero que yo, en mi experiencia, puedo decir que tiende a cumplirse. Creo que los hombres lloramos menos, creo que en las amistades masculinas se habla menos de lo emocional, creo que hay menos voluntad o tendencia a ir a terapia. Creo que hay toda una serie de procesos que harían menos creíble historia si la protagonista fuera una mujer. Las ideas conspiranoicas son más propias de varones. Así lo indican las estadísticas. Y esto me interesa. Por eso en el foro al que se conecta se comenta en algún momento “no hay mujeres aquí, sólo hombres”. Y es que casi siempre es así.
Tu último libro, Mapa de soledades, se publicó hace apenas dos años. Desde fuera parece que los ritmos marcados de publicación son muy apurados.
Esto no tiene nada que ver, en mi caso, con los ritmos que me marcan en la editorial. Es más, esta novela la terminé en abril del año pasado y decidimos esperar un año para la publicación. Es decir, no había un deseo de cumplimiento de plazos. Yo tengo un ritmo de producción rápido. A mí me fascina escribir, me gusta muchísimo. Me deprimo cuando no escribo. Si no estoy pensando en una novela, estoy escribiendo otra y, si no, estoy corrigiendo la anterior. Realmente es un proceso que me gusta mucho. No soy rápido escribiendo, pero sí soy constante en la escritura, trabajo muchos días y bueno, poco a poco las novelas se van armando.
En muchas de esas novelas a veces hay información o documentación que me sirve para la siguiente, por diferentes motivos. Estos ritmos tienen que ver con mi propio proceso de trabajo. Es más el ritmo que me exijo yo que el ritmo que me piden desde la editorial.
Volviendo un poco al tema del tiempo, también hay, sobre todo en el foro, esa obsesión con volver a un momento concreto. Hay un planteamiento sobre cómo estamos interiorizando esa idea de que el pasado siempre fue mejor o de que hubo un momento concreto en que se torció todo. Quizás es una nostalgia mal entendida.
Sí, porque yo creo que hacemos un proceso de purga del pasado permanentemente. Es más fácil contarse que las cosas fueron bien una vez y ahora están mal, que contarse lo contrario. Y de hecho, la mayoría de las culturas tienen mitos relacionados con el jardín del Edén o con la Edad de Oro, con estos tiempos que luego se han ido degradando. Es el capitalismo el que creó la idea opuesta, la idea de que vamos hacia un mundo mejor. Y esto ocurre muy a menudo, que de alguna manera purgamos los recuerdos negativos del pasado y consideramos que fue una época gloriosa a la que se puede volver. Pero hay mucha idealización. En cierto modo es el juego que hace la película Memento de Christopher Nolan, donde al final descubrimos que la visión idealizada, la visión tan positiva que tenía de su mujer y del pasado estaba muy construida por su memoria. Y yo creo que esto lo hacemos todos.
Y en ese sentido también, cuando tú vas construyendo historias, ¿tienes la percepción de que tus historias, tus protagonistas avanzan en edad contigo?
A ver, en mi caso es difícil decir, porque la mayoría de mis novelas tienen protagonistas colectivos, son pueblos o son incluso épocas en su conjunto. Y claro, no están tan ajustadas las edades, porque las edades son muy plurales. Esta es quizás la única novela que tengo con un único protagonista en una edad muy concreta y una historia ambientada además en el presente. Sí, es verdad que tiene mi edad prácticamente, con lo cual es posible que no hubiera escrito una novela sobre alguien de cuarenta y pico hace veinte años. Lo que sin duda cambia es mi visión, cambian mis intereses y mis voluntades. Y esto es lo que para mí es seguir de manera honesta una trayectoria personal y vital, y literaria: conseguir que tu prosa, tus temas vayan ajustados a lo que te interesa como ser humano.
No siempre es fácil, sobre todo si algo ya ha funcionado; hay una tendencia a repetirlo, pero claro, tú ya estás en otro punto, si lo repites estás siendo deshonesto.
Crees que la literatura ayuda en el proceso de duelo? Hay mucha literatura sobre duelo con muchísimos enfoques, pero pienso que lo último que le tienes que dar a una persona en duelo es un libro sobre el tema.
Algo de eso hay, sin duda, pero para mí tiene mucho que ver con que nos gustan las situación en el límite. También nos gustan las novelas donde suceden cosas que son posibles pero improbables en el plazo corto y que de alguna manera tienen ese matiz de prepararnos, de la catarsis. Uno ve en los demás algo que quizás acabe viviendo en sus propias carnes y hay en ello una proyección y aprendizaje.
No sé cuánto de preparación para el duelo ofrece una novela sobre el duelo, pero sí es verdad que es poner al ser humano en una situación límite. Y eso es muy atractivo a nivel literario.
Algo que me gusta mucho de la novela, es que avanza pero al mismo tiempo no está pasando nada. Desde el incidente del cumpleaños a nivel emocional están pasando muchas cosas, pero a nivel físico, de acción, no tanto. No es fácil mantener una novela así, menos en los tiempos actuales.
Es verdad que no es fácil. Esto me interesa mucho. Aprendí eso, por ejemplo, con Mi año de descanso y relajación, de Ottessa Moshfegh, que es una novela sobre una chica que quiere dormir un año completo y no suceden demasiadas cosas. Pero creo que las novelas, su ritmo, no es el ritmo del acontecimiento, es el ritmo del acontecimiento interno. Y es verdad que el personaje va cambiando, le van pasando cosas a nivel emocional.
Eso es lo que a mí me interesaba recoger y me gusta someter a prueba al lector en ese sentido e intentar que la novela sea dinámica por otro lado y que te produzca una cierta curiosidad el desenlace, que vayas pasando páginas pensando qué va a ocurrir: ¿Conseguirá o no conseguirá viajar en el tiempo?
Poniéndote un poco en el lugar de Daniel, ¿Hay algún punto en el tiempo al que te encantaría volver o, quizás, visitar más que volver?
Justo era lo que te iba a decir, a mí lo que me interesaría es ver el pasado. Porque ver el pasado es una manera de entenderlo mejor. Creo que me entendería mejor a mí mismo, creo que tendría nuevas perspectivas sobre muchas cosas, pero creo que no intentaría cambiar nada. No sé si sería buena cosa cambiar algo del pasado, al fin y al cabo. Bueno, hay un momento en el que Mario establece una tesis sobre que la persona que quiere cambiar esos problemas, esos errores, es una persona que es el resultado de esos errores. Si tú cambiaras esos errores, serías otro, y al ser otro, cometerías unos errores distintos. Es un círculo vicioso. Nunca podríamos estar satisfechos. Una vida absolutamente previsible sería como un juego absolutamente previsible. Es decir, nada interesante. Si yo al sentarme a jugar ya sé exactamente lo que va a pasar en cada tirada de dado, no jugaría. Si yo puedo ver todo lo que va a suceder y puedo saber cómo afectará cada uno de los cambios, esa vida perdería su matiz de juego.

- Título: Abril o nunca
- Autor: Juan Gómez Bárcena
- Editorial: Seix Barral (más información del libro aquí)
- 368 Páginas. 21,90 Euros (formato papel); 11,99 euros (formato digital)



