Madrugadas en el mercado

Esteban no podía dormir. Sentía una intranquilidada que se materializaba en una larva que trepaba a través de su sistema digestivo hasta la boca. Daba vueltas y más vueltas hasta que, aburrido de adivinar formas en las sombras que las farolas de la calle proyectaban sobre el techo de su dormitorio, se decidía a levantarse, …

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