Dicen que el verano es tiempo de lecturas relajadas —refrescantes es un término que no me gusta nada y no entiendo a qué hace referencia—, lejos de sesudos ejercicios de reflexión y más próximas al simple gesto de pasar página tras página, picoteando el texto pero sin centrarse en nada en concreto. El verano es tiempo perfecto para esa  novela negra, el best seller del momento o la historia romanticona, de calidad dudosa en algunos casos. Sin embargo, para mí agosto ha sido uno de los momentos lectores más intensos del año —aunque escasos, un sólo libro completo y unas cuantas novelas gráficas—. Voces de Chernóbil ha sido un mazazo, una lectura que sacude y no deja indiferente.

El accidente nuclear de Chernóbil tuvo lugar en la central Vladimir Ilich Lenin el 26 de abril de 1986. Considerado uno de los más graves en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares y un desastre medioambiental en todos los sentidos, provocó la muerte de un número indeterminado de personas a medio plazo y una evacuación inmediata de más de ciento diez mil. La causa parece situarse en una prueba en la que se simulaba un corte de suministro eléctrico, produciéndose un sobrecalentamiento del núcleo del reactor y terminando con una explosión del hidrógeno en su interior. Tras el accidente se llevó a cabo un proceso de descontaminación y contención a cargo de los liquidadores en las zonas que rodeaban la planta.

Pero Svetlana Alexievich no habla del accidente en si en Voces de Chernóbil. Su aproximación al accidente es indirecta, una sucesión de una cuarentena de testimonios de gente de clase media y baja en su mayoría, habitantes de los pueblos y ciudades cercanas a la planta, trabajadores, bomberos, médicos, agricultores, ancianos y niños… hasta completar el espectro de la sociedad bielorrusa que sufrió (y sigue sufriendo) las consecuencias de la explosión.

¿Qué es lo que realmente había sucedido? No se hallaban palabras para unos sentimientos nuevos y no se encontraban los sentimientos adecuados para las nuevas palabras; la gente aún no sabía expresarse, pero, paulatinamente, se sumergía en la atmósfera de una nueva manera de pensar;

Tras haber ganado el Premio Nobel de Literatura el año pasado, las obras de Alexievich están llegando con cuentagotas, tal vez debido a que no se esperaba su elección y las editoriales, a diferencia de lo ha pasado con otros ganadores, no estaban preparadas para inundar con sus libros las librerías, aprovechando el tirón inicial. Hasta el momento se han publicado cuatro en castellano; además de Voces de Chernóbil, publicada por primera vez en 1997, El fin del homo sovieticus (2013), La guerra no tiene rostro de mujer (1985) y Los chicos del cinc (1990). Este mismo mes de septiembre llegará a las librerías Últimos testigos (1985), una obra que recoge el recuerdo de los niños que sobrevivieron a la segunda guerra mundial. Svetlana Alexievich (Bielorrusia, 1948) es una periodista que ha pasado la mayor parte de su carrera trabajando para medios de comunicación y revistas culturales, aunque en los últimos años se ha centrado en la narrativa y la investigación sobre diversos aspectos de la historia de sus país.

Voces de Chernóbil es una obra de difícil clasificación dentro de un género. Se mezclan en sus páginas el periodismo, el ensayo y la narrativa en un proyecto colectivo en el que las voces a las que Alexievich da cabida forman un coro, suman hasta reflejar una etapa de la historia social del pueblo bielorruso. El conjunto del texto invita a ser visto como la verdad pero está formado por partículas individuales que no lo son, que son memorias falsas, incompletas, partidistas… pero junto con el resto van definiendo con claridad la realidad de un pueblo que sufrió, que engañó o fue  engañado, o que incluso se dejó engañar.

La autora se mantiene en un segundo plano actuando, aparentemente, como mera grabadora del dolor, la tristeza, la ira y todo el abanico de emociones y recuerdos que recopila, si bien en ocasiones entran dudas sobre tal imparcialidad, porque muchas de las voces tienen un tono tan semejante que parecen manipuladas, si no en el fondo, al menos sí en la forma. Tan sólo interviene de forma directa en un texto, una suerte de auto entrevista que sucede al testimonio inicial, el relato de la esposa de uno de los bomberos que intervinieron tras el accidente quien, por amor, se negó a abandonarle a pesar de su muerte segura y dolorosa debido a la radiación. Un testimonio que, junto con el que cierra el volumen, son con diferencia los más duros y descarnados y ayudan a crear una primera y última impresión imborrables. Pero es también cierto que la sucesión, una historia tras otra tras otra, llevan a que los recuerdos se desdibujen, se mezclan y se pierda la individualidad, lo que a veces hace bajar el ritmo o la intensidad de lo que se cuenta, no porque ninguno de los testimonios dejen de ser terribles, sino porque llega un momento en que la saturación es tal, que no se puede apreciar en su valor ciertos pasajes narrativos.

Voces de Chernóbil es un libro sobre el dolor, físico y mental, pero también una historia sobre la incertidumbre, la identidad de una nación, la memoria y cómo influye en nuestros comportamientos presentes y futuros, las consecuencias de nuestras acciones, la política y la economía pero, sobre todo, es una historia sobre las personas y sus sentimientos, un libro incapaz de abarcar un todo en el que Alexiévich pone todo su esfuerzo.

Los hombres nunca están a la altura de los grandes acontecimientos. Siempre les superan los hechos. Mi padre luchó en la defensa de Moscú en el 42. Pero no comprendió que había participado en un gran acontecimiento hasta pasadas decenas de años. Por los libros, las películas. Él, en cambio, recordaba: “Estaba metido en la trinchera. Disparaba. Quedé enterrado por una explosión. Los enfermeros me sacaron de allí medio vivo”. Y nada más.

Si quieres leerlas, he marcado algunas otras citas de esta novela aquí.

  •  Título: Voces de Chernóbil
  • Autor: Svetlana Alexievich (traducción de Ricardo San Vicente)
  • Editorial: DeBolsillo (podéis encontrar algo más de información aquí)
  • 408 páginas. 11,95 Euros (Edicion en papel); 7,99 Euros (edición digital)
  • Puedes comprarlo aquí:

Voces-de-Chernobil-Svetlana-Alexievich

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