Un lugar al que volver es la segunda novela de Jose Ángel Pérez Ledo (Bilbao, 1979), tras Esto no es una historia de amor, pero es una primera lectura para mí. No niego que me ha chocado. Mucho. Me ha costado lo imposible encontrar la voz del autor en la historia. Se debe a que estoy acostumbrada a leer sus columnas en El diario o sus resúmenes radiofónicos en La Ser. Esperaba encontrar ese mismo tono satírico tintado en negro. Tal vez podría aceptar el carácter educacional y científico de los guiones del programa televisivo Órbita Laika. Pero en Un lugar al que volver no hay nada de esto.

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Charlando con él el pasado día veintisiete de febrero nos confiesa que, si bien en los guiones de los podcast de ficción «El Gran Apagón» y «Guerra 3» usa un lenguaje más grandilocuente, en la novela quiere todo lo contrario, bajar a un terreno más mundano y habitual, acoger las relaciones familiares con realismo y no dejarse llevar por estridencias. Admite estar agotado del humor e intenta limitarlo a aquellas plataformas donde es imperativo.

Un lugar donde volver habla de algo común, de relaciones que no cuajan, de las dificultades para encontrar un sitio al que pertenecer. Tomás Barrio descubre que su mujer le es infiel al mismo tiempo que le despiden de su trabajo como cámara de televisión. Para hacer borrón y cuenta nueva, acepta hacer de guía en España de Tess Greeley, estadounidense nieta de españoles y de su hija Donna, con la condición que de pueda acompañarles el hijo de Tomás, Hugo.

Un lugar al que volver, la crisis perpetua

Hugo tiene trece años, Donna dieciocho, Tomás cuarenta y Tess cuarenta y ocho. Para el autor son cuatro edades críticas, cuatro momentos de crisis personal que en esta ocasión se juntan y se entremezclan Tess, insatisfecha en su matrimonio y agotada por la relación con su hija que se sostiene por un hilo muy fino que sabe que se rasgará en cuanto ingrese en la universidad, decide volver a sus raíces y visitar el pueblo del que huyeron sus abuelos camino de Cuba durante la Guerra Civil.

Ambos adultos se ven en similares situaciones de huida hacia adelante con el convencimiento de que ya es demasiado tarde. En el caso de Tess se suma además un intento de violación que acrecienta su inseguridad en una situación emocional ya de por si frágil.

A esta situación contribuye una huida que también es física. Partiendo de Madrid, Pérez Ledo acomete un Road Trip que nos traslada a Salamanca y Ciudad Rodrigo para terminar en un pequeño pueblo —el único imaginario de toda la geografía mencionada— camino de Sevilla. Allí, aislados de todo y de todos, decidirán ambos hacer un alto y dejar que las circunstancias decidan por ellos. Suceda lo que suceda, parece que el libre albedrío brilla por su ausencia. Un lugar al que volver no es, a la postre, una historia feliz.

La familia como eje narrativo

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Jose A. Pérez Ledo el pasado veintisiete de febrero en Bilbao.

Además de las crisis propias de cada edad, Un lugar al que volver también estudia con modestia las relaciones familiares. Parejas rotas, parejas que disimulan, que se engañan o se autoengañan, la relación de los padres con hijos que han dejado de mirarles con esa fascinación y adoración propia del  infante cuando descubren que sus progenitores no son ni tan poderosos ni tan fascinantes como creían, primeros amores, primeras relaciones… todo esto viene dado en un batiburrillo que es el equivalente a la normalidad en la sociedad actual.

Tal vez uno de los aciertos más interesantes de la novela y donde sí se percibe esa crítica mordaz es en el personaje de Darío, el nuevo marido de la ex de Tomás, que se ha «reinventado» profesionalmente para impartir charlas y escribir libros sobre la búsqueda de la felicidad. Es ese personaje vende humos que oculta su auténtica miseria tras una máscara de telas de araña en la que espera que caigan aquellos incautos que, en el fondo, son más como él de lo que querría aceptar.

En busca de la familia perdida

También es interesante el esfuerzo de Tess por reconstruir algo que dejamos de lado: la memoria familiar. Rebuscar entre las historias que nos contaban de pequeños y tratar de extraer de un montón de anécdotas rellenas con nuestra imaginación un hilo sólidos que nos permita saber de dónde venimos y quiénes fueron nuestros antepasados. En el caso de la protagonista apenas consigue reunir un puñado de párrafos de su propio puño con los que crear la base sobre la a que se asienta el viaje.

Un lugar al que volver es una historia correcta pero que en momentos carece de la profundidad necesaria y, sobre todo, de una voz potente que nos ayude a vibrar durante este viaje de pérdidas y desencuentros. Es una novela disfrutable y relajada con algunos temas muy acertados que, por desgracia, parecen colaterales al núcleo narrativo.

  • Título: Un lugar al que volver
  • Autor: Jose A. Pérez Ledo
  • Editorial: Planeta. Colección Autores Españoles e Iberoamericanos (Podéis encontrar más información sobre el libro aquí y leer un fragmento aquí)
  • 448 páginas. 19,50 Euros (formato papel).