Los diseños de las portadas de la editorial De Conatus tienen un atractivo al que me resulta difícil resistirme por mucho que, en general, valoro más bien poco el continente en favor del contenido de un volumen. Trilogía, de Jon Fosse, no ha sido una excepción. Si a eso sumo que todo lo que he leído  del sello hasta ahora me ha gustado —incluido Los reyes de la mudanza, un libro que os comenté ya que estaba entre lo mejor de 2018—, la elección del último libro del año ha sido más que sencilla.

Jon Fosse: un dramaturgo desconocido en España.

Jon Olav Fosse (Haugesund, Noruega, 1959) es un nombre que me resulta extraño. Tal vez se deba a que no me muevo en el terreno de lo teatral. O porque su obra ha sido traducida hasta el momento a cuarenta idiomas, pero nunca en España (sí en la América hispanoparlante). El caso es que este escritor y dramaturgo lleva a sus espaldas más de treinta obras teatrales que acumulan cerca de mil montajes y una quincena de obras de prosa, desde que debutara en 1983 con la novela Raudt, svart (Rojo, negro), además de haber publicado prosa y poesía.

Por si esto fuera poco, se le considera desde hace años candidato al Premio Nobel de Literatura (es un hecho, cualquiera que sea el valor que podamos darle al susodicho premio). Y como pequeña anécdota, desde 2011 vive en una residencia propiedad del Estado Noruego en Oslo que el Rey concede por su contribución a las artes y la cultura del país.

¿Para quién escribo yo? Para Dios. Escribir es como rezar

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Jon Fosse. Fuente: Winje Agency

Tres historias para un mismo hilo narrativo

Trilogía —como título resulta horroroso a la par que muy descriptivo de su contenido— es un volumen que suma tres historias, publicadas en un inicio de forma independiente y luego de forma conjunta. Así encontramos tres relatos breves que funcionan leídos del tirón:

El primero de ellos, Vigilia, nos presenta a Asle and Alida, una muy joven pareja que en un entorno agreste, dominado por la pobreza, donde la única solución parece ser echarse al mar, se encuentran y conectan desde el primer momento. Partiendo de una escena que nos lleva de inmediato a la tradición cristiana y al momento en que José y María llegan a Belén buscando un lugar donde pasar noche, Fosse nos presenta a estos jóvenes que, con la ilusión propia de adolescentes que aún no han descubierto las inclemencias de la madurez, sueñan con sentimientos y no con posesiones materiales, más necesarias de lo que les gustaría pensar.

En el segundo relato, Los sueños de Olav, los jóvenes junto a su hijo recién nacido Sigvald viven en las afueras de Bjørgvin —ciudad donde terminaba la primera parte— bajo nombres falsos. Pero la distancia que han puesto entre ellos y su pasado es demasiado corta y un hombre reconoce al joven Asle en una jornada que se tornará aciaga y determinante para el futuro de la familia.

La última historia, Desaliento, supone la bajada de telón. Nos encontramos con Ales, la segunda hija de Alida, ya anciana. En una historia donde los elementos fantásticos cobran vida y se mezclan con la realidad, su vida y la de su madre se entrecruzan de alguna forma, azuzadas por el paisaje y el mar que se ofrece ante sus ojos.

Trilogía: un ejercicio de inocencia sórdida

Trilogía es una historia que llama poderosamente la atención. Por un lado, por su estilo narrativo: Fosse nunca usa signos de puntuación en sus textos —una suerte de Jon Bilbao, que no usa guiones de diálogo, pero llevado al extremo—. Además, usa un vocabulario en extremo sencillo, repite una y otra vez palabras y frases y los silencios y lo que no se dice adquiere en ocasiones una importancia muy superior a la tinta impresa en sus páginas. Todo esto lleva a que cuente con una buena masa de detractores de su narrativa que compensa a la de aquellos que le ensalzan.

En todo caso, su estilo me recuerda mucho al de Del color de la leche, de Nell Leyshon: la pureza, simpleza y el minimalismo que le caracterizan cuadran a la perfección con la trama y, sobre todo, con la joven pareja de enamorados que parecen pintados sobre un lienzo en blanco, sin fondo ni elementos adyacentes, de manera que son ajenos a cuanto les rodea.

La inocencia del pecado original

Pero, por otro lado, esta sensación se ve emborronada por los sucesos que se insinúan primero y se confirman más adelante. Asle es ni más ni menos que un asesino. Pero lo es en la misma forma que un niño mata un insecto: sin consciencia real del mal que comete. Aunque una sombra de culpabilidad parece volar sobre él —suya es la idea de cambiar de ciudad y de nombres—, parece considerar la muerte como un elemento más de su día a día, como el comer o el dormir.

Alida, por su parte, es un personaje femenino pasivo hasta lo extenuante. Es como si se la hubiera drenado de cualquier voluntad o iniciativa propia, más allá del deseo de estar junto a quienes ama. Es como una planta, consciente de necesitar agua, abono o luz para su subsistencia, pero que no tiene más forma de conseguir estas cosas que la buena voluntad de terceras personas.

Otra de las características de la narrativa de Fosse que aquí se hace presente es que, aunque la historia parte de una perspectiva realista, acaba derivando en un mundo onírico. No es que el final no sea realista, porque lo es, además de tener un punto cruel. Es que los pensamientos de los personajes, su subconsciente, parecen adueñarse de una situación que, en el campo físico, no tiene salida.

Trilogía es una obra de las que se aman o se odian, de las que se sale con una sensación de opresión o se abandonan a medio camino. Es difícil, en todo caso, escapar a su bizarra atracción, a su forma de trasladar al papel la inocencia del primer amor o la salida al mundo real.

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  • Título: Trilogía
  • Autor: Jon Fosse (traducción de Cristina Gómez Baggethun y Kirsti Baggenthun)
  • Editorial: De Conatus (Podéis encontrar más información sobre el libro aquí y leer el fragmento inicial aquí)
  • 135 páginas. 16,90 Euros (formato papel).