No es esta la primera vez que leo un libro escrito por un bloguero a quien sigo con asiduidad. Tampoco es un secreto que dedico siempre unos minutos a la semana a repasar con atención las entradas de Isaac Belmar en Hoja en blanco, su bitácora personal sobre la escritura donde con frecuencia da una patada a quienes piensen que esto de escribir es cosa de dos días y un golpe de suerte, algo que, si bien todos sabemos en el fondo, a veces hacemos como que lo olvidamos. Es curioso: mientras preparo esta entrada, me doy cuenta de que es la primera vez que entro en su casa virtual; su diseño no me suena porque es uno de los blogs de cabecera de mi lector de RSS. A veces me pregunto por qué dedicamos tanto tiempo a preocuparnos por el diseño de nuestros espacios virtuales, si cuando el contenido es realmente interesante el lector se encarga de buscar la forma de encontrarnos.

Como comentaba, cuando sigo a un bloguero que habla de libros y letras y me gusta su enfoque, sé que es cuestión de tiempo que acabe con uno de sus libros, guías o manuales en las manos. En este caso me considero afortunada, ya que fue el propio Isaac quien se fijó en mí y me ofreció una copia de su última novela, Tres reinas crueles. Aunque la he leído en formato digital, me ofreció también una copia en papel. Pero dado que ya he leído libros editados por Libros.com, la editorial a medio camino entre una plataforma de crowdfunding y una empresa más tradicional, y conozco la calidad de sus ediciones en papel —que no me parece muy destacable pero sí correcta—, preferí la versión digital.

Tres reinas crueles es una historia que se siente amarga en el paladar. Gabriel es un hombre que pierde ¿la vida? ¿el alma? en una partida de cartas que se juega en una casa que trasciende el espacio y el tiempo, y así, despojado de sí mismo, decide emprender un camino a pie, como los antiguos poetas errantes, como los mendigos o los peregrinos, con la intención de atravesar una España vacía y oscura, de sur a norte, de este a oeste, desde tierras valencianas hasta gallegas, buscando una luz al final que dé cierto sentido a lo que es.

Lo que pasa es que nadie puede hablar mal de leer, leer es maravilloso, leer es mejor que follar. Pues no lo es, vaya idiotez. ¿En qué mundo lo es? —Sara gesticuló con sus manos de uñas rojas—. Leer no es mejor que follar ni que vivir. Además, muchos libros son una mierda, pierdes el tiempo con ellos igual que con muchas personas, intentando convencerte de que al final sacarás algo bueno. Y la mayoría de veces no es así. Con ninguna de esas dos cosas.

En la novela reina —casi es como una garra que aferra el cuello y aprieta con precisión— un ambiente opresivo que roza en la depresión. Estamos ante un protagonista de pasado incierto que desnudará su esencia a lo largo de distintos capítulos  entrelazados con la trama principal hasta conformar un todo complejo, lleno de referencias literarias —Kerouac es, por supuesto, una constante en esta suerte de Road novel o novela vagabunda—. Sin embargo, Tres reinas crueles torna en una historia de muy difícil clasificación, porque en su camino alejado de ciudades y caminos principales, Gabriel se irá topando con situaciones que la empujan y golpean contra diversos géneros: desde el terror más oscuro con tintes sanguinolentos en la casa del terror hasta el toque infantil de su obsesión por los mapas mágicos que señalan puntos que no aparecen en ninguna guía de carreteras; desde las notas románticas que salpican aquí y allí y se cuelan para iluminar el camino del lector, hasta esa trama central en la que Gabriel se topa con Sara, una diosa salida de la mente del más puro género noir clásico, la parte más brillante y mejor construida de la novela, donde ambos personajes rivalizan en el poder que, al margen de sus miserias personales, emanan.

Tres reinas crueles es una novela a ratos confusa, a ratos de enorme claridad que, aunque no logra mantener el nivel a lo largo de toda su extensión, consigue retener la atención del lector aunque no engañarlo, porque por alguna razón, éste intuirá que no todas las historias tienen un final optimista, que no en todas las novelas el amor tiene que salir de un pastel de merengue y que también puede encontrarse, de forma más sutil, en las cartas que un hombre y una mujer se envían a lo largo de los años.

Lo que más me aterró aquella mañana fue ver una vida normal ante mí, que las cosas fueran a ser siempre así, no terribles, sino normales.

Isaac Belmar, quien desde el año 2007 ha publicado historias breves en diversas antologías y editoriales, además de en su web, ha sido finalista en 2012 del Premio Wilkie Collins de novela negra con la obra 7 días y Accésit del premio Oscar Wilde de Novela Breve en 2014, con Perdimos la luz de los viejos días, nos trae en esta ocasión una historia que oculta más de lo que se aprecia a simple lectura, que hace dudar de si se debe a las capas construidas bajo la narración o a cierta confusión en el planteamiento, pero que en todo caso dejará caer una semilla que encierra algunas dudas sobre el tiempo y cómo le afectan las decisiones que vamos tomando.

Tres reinas crueles se completa con algunos apuntes, que puedes encontrar en su blog: de dónde surgió la idea y cómo fue la campaña de crowdfunding, algunos extractos inéditos o descartados inicialmente (aquí y aquí) y también algunas reseñas aparte de la que estás leyendo en este momento.

Aquí tenéis el vídeo que se preparó para la campaña de Crowdfunding:

Y aquí algunas otras citas que he subrayado yo del libro.

  •  Título: Tres reinas crueles
  • Autor: Isaac Belmar
  • Editorial: Libros.com. Colección Cumulus nimbus (podéis encontrar algo más de información sobre el proyecto de crowdfunding aquí, y sobre el libro editado aquí)
  • 224 páginas. 16,00 Euros (Edicion en papel); 4,00 Euros (edición digital)
  • Puedes comprarlo aquí:

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¿Has leído Tres Reinas Crueles? ¿Te gustó? ¿Qué opinión te merece esta forma de publicar a medio camino entre la edición tradicional y el crowdfunding? Tienes los comentarios a tu disposición para lo que quieras decir