María Sánchez (Córdoba, 1989) parece, si se me permite la expresión, «asquerosamente segura para lo joven que es». Lo digo desde el enorme respeto y admiración que me suscitan quienes tienen claras las cosas. No pierdo de vista que esto lo digo por comparación conmigo misma, que ni soy tan joven ni tengo ideas claras respecto a casi nada. Por eso charlar con ella sobre su ensayo Tierra de mujeres resulta tan estimulante: porque tienes la sensación de que se te están cargando las pilas a medida que asimilas sus palabras.

También se la nota cansada. Lo confirma cuando comenta los días que lleva de promoción, días que consigue a fuerza de renunciar a sus vacaciones. Tiene ganas de volver a casa.

Les quitamos sus historias y no nos inmutamos. […] Ellas nos hablaban y contaban, pero no las entendíamos, porque, sencillamente, no las escuchábamos.

Tierra de mujeres no es un ensayo al uso porque no tiene un tema que vértebra todo el texto, sino varios: desde luego está la reivindicación de la mujer. De la mujer por encima de su origen, de sus raíces. Pero, como bien dice en su biografía, habla sobre «literatura, feminismo, ganadería extensiva y cultura y medio rural». Eso vertebra el texto y eso vértebra también su vida como veterinaria de campo y escritora.

El libro me ha producido sentimientos encontrados: por un lado me ha maravillado la lírica, los temas que trata, la delicadeza y rotundidad con que lo hace; por otro, mis propias circunstancias hacen que a veces lo vea como un texto ajeno, no consigo conectar con él como me gustaría o como intuyo que se puede llegar a conectar.

Tierra de mujeres: La construcción de una realidad a través de las preguntas

Seix Barral lo ha incluido en su colección de ensayo, pero no sé si es lo más adecuado. 

Yo lo considero una mezcla de muchas cosas. La primera parte es un manifiesto, una reivindicación, esa ruptura que veo en el espejo de lo rural en el que no veo reconocida y que no tiene nada que ver con mi día a día, con mi vida… También sirve al cansancio y el hartazgo de esa mirada paternalista, clasista y machista de lo rural en las ciudades. También es una manera de cuestionarnos. Lanzo muchas preguntas en esa primera parte, creo que todos nos tenemos que estar cuestionando permanentemente.

Una de las preguntas que también me lleva a este libro es: ¿Quienes han escrito sobre el medio rural en este país? ¿En qué genero? ¿De qué clase social? ¿De qué lugar? Miguel Delibes era un apasionado del campo, pero su historia no tiene nada que ver con la historia de mi madre, que a los doce años la sacan del colegio para ir todos los días a la montaña con su padre. De ese no sentirme reconocida y de no ver a mis compañeras ocupando esos altavoces y esos espacios surge también esa primera parte.

La segunda parte es más poética: es la historia de las tres mujeres de mi familia pero con toda esa narrativa invisible que hace que yo escriba.

Esa segunda parte es en si una explicación a la pregunta que se plantea a la primera: por qué las mujeres no han escrito sobre el campo. 

Porque mi madre, como tantas, no era escritora. Y muchas mujeres de mi familia fueron a Cataluña a trabajar, aunque siempre quieren volver al pueblo. Hablamos de la España vaciada, mejor que vacía, cuando hablamos de ese desarraigo forzado que hubo con las políticas franquistas. Se hizo mucho daño. Pero veo que la familia, cuando vuelve al pueblo, es como si no se hubiera ido nunca.

¿No es gente que se ha quedado en tierra de nadie, que los del pueblo no reconocen como propios?

Siguen siendo, pero están en otro estrato. Ahí está el desarraigo y creo que es algo de lo que no se ha hablado mucho.

El texto recurre constantemente a un lenguaje aferrado al campo, pero más en concreto a la tierra. Germinar, sembrar, semilla… son palabras que aparecen en un contexto más metafórico que real. No parece que el aspecto animal tenga tanta relevancia. 

Si hablo también de ello, de esas semillas que se enganchan al lomo de las ovejas y germinan a miles de kilómetros. Para mí es la literatura: algo que se engancha, que destella y va sobreviviendo. También hablo de esos perros pastores que saben cuándo una oveja se pone de parto… es algo que te nace y que necesitas plasmar, es un todo, no algo que te paras a decir: voy a escribir de la tierra y no de los animales. Yo trabajo con cabras y mi vida está llena de tierra, en casa somos mucho de auto consumo, de hacer conservas, recuperar semillas, recoger plantas aromáticas… eso para mí es la resistencia.

maría sánchez

María Sánchez
Fotografia de Bernardo Díaz para El Mundo.

Reivindicar el campo, lo rural, lo nuestro

Reivindicas el medio rural como el origen, «lo nuestro». Ahí creo que entra el concepto de sororidad, de qué es lo nuestro. No todo el mundo ve el campo como algo propio. 

Pero porque no nos han enseñado, no nos han enseñado a valorar y cuidar eso. Es una cuestión de educación. En mi casa somos de sentarnos a comer, celebrar la comida, pasar el tiempo, contar la historia de cada elemento… es algo que tenemos muy enraizado en la familia porque lo valoro, lo que ha costado y lo que significa ese aliento.

Estoy cansada de echar la culpa al consumidor. Eso es lo fácil. Los que tienen que hacer el trabajo son los de arriba, la responsabilidad es suya. Tienen que los que establecen las medidas y las políticas. Ahora la gente mira más las etiquetas, lo que come. Pero si no conocen algo, ¿cómo lo van a tener en cuenta? No se lo plantean.

Yo creo que tener huertos en los colegios es fundamental. Francia me da mucha envidia, hay pueblos en los que en la tienda se vende lo que produce la gente del pueblo. En España veo una diferencia entre el norte y el sur; al norte veo cómo cuidan sus cosas, se preocupan de consumir lo suyo, mientras que en sur parece que nos da vergüenza cuando deberíamos celebrar el territorio que tenemos y lo que producimos. Los parques nacionales y naturales que tenemos en el territorio son producto de la ganadería extensiva y de los pastores, de esa mano del hombre y la mujer que han sabido cuidar el campo.

Hay que cambiar un poco la forma de mirar, de reconocer y devolver la dignidad al campo.

Tenías claro que querías ser veterinaria rural, que no ibas a optar por una veterinaria clínica

Siempre he dicho que si tuviera que ser veterinaria clínica no hubiera estudiado veterinaria, hubiera estudiado monte o agrónomo. Tenía muy claro desde pequeña que quería trabajar en lo rural: en el campo, sin paredes, con animales y me quería mover. Mi padre, también veterinario, me quiso quitar la idea durante cierto tiempo, porque es un trabajo duro y sacrificado. A mí me encanta, me llena, pero el día que quiera ser madre voy a tener que dejarlo. No tengo horarios, hay semanas que me hago tres mil kilómetros…

Moverse entre dos tierras: lo rural y lo literario

Pero en el libro narras que en algún momento tuviste dudas. 

Sí, pero porque me gusta hacer, necesito distintas cosas. Me encanta el campo, la veterinaria, pero también me encanta leer. Lo pasaba mal en la carrera porque los profesores me recriminaban que llevara cosas para leer entre clases. Me da mucha rabia esa separación entre letras y ciencias, es algo atroz. No lo vemos como una riqueza. Los mismos profesores de universidad de ciencias deberían decir a sus alumnos que leyeran. Las diferencias son lo que nos enriquece, nos abren a otras campos.

Tengo la impresión de que la cultura general se mide más en letras que en ciencias, sin embargo. 

Pero es un error, se debería de retroalimentar. En la carrera me llevé un palo enorme porque los profesores no leían.

Esa misma separación la vives tú también: tienes ese arraigo rural permanente en tu vida, en tu familia, pero también tienes una conexión con la ciudad a través de la literatura, de las editoriales… Debe ser difícil de equilibrar. 

Lo intento, pero si te digo la verdad estoy ya un poco agotada. La promoción se me hace cuesta arriba porque la parte literaria supone renunciar a mi tiempo libre, a mi familia, a estar con mi pareja, a descansar, a leer, a tejer, al propio sueño. Porque cuando escribo es cuando he terminado la jornada de trabajo, cuando he acabado las tareas domésticas.

Tengo muy claro que mi profesión principal sea la veterinaria y se arraigue a lo rural. Las presentaciones están siendo preciosas, se están organizando encuentros con mujeres de lo rural, se les ofrece un altavoz, una plataforma, se están creando vínculos… pero necesito parar un poco. Cuando acabé el libro estuve un mes que no quise tocar un libro.

Pero no digo que no a presentaciones en pueblos, porque lo he escrito principalmente para ellos, para su gente.

La mujer y lo rural

¿Cuál es la situación actual de la mujer en el campo?

Mejor, pero aún queda muchísimo que hacer. Tenemos un problema de población, de los servicios y de mujeres trabajando que son invisibles porque trabajan en la empresa familiar o del marido y no figuran. Luego está también esta idea de la repoblación, de que nos tienen que cuidar como si esto fuera El cuento de la criada: vasijas para repoblar. Están muy equivocados. Lo que queremos es tener el derecho y la opción a elegir y a decidir si nos queremos ir o nos queremos quedar. Porque hay muchas mujeres como mi madre que no tuvieron esa opción.

Luego tenemos las horribles condiciones de la mujer emigrante. Están en condiciones que no sé cómo estamos permitiendo, cuando nos llenamos la boca diciendo que somos la despensa de Europa. Incendios en los campamentos donde viven en campaña de recogida de frutos, sin luz, sin agua, una precariedad laboral brutal… y eso no sale en los medios y me da mucha vergüenza. Es algo que llevo conmigo y que me duele porque son mujeres invisibles y no hacemos nada.

¿Cómo se podría enfocar, además de la denuncia? 

Creo que el carro de la compra es también un acto político. Pero sé que yo me lo puedo permitir. Tengo un sueldo precario pero intento gastar lo máximo que puedo en la comida, porque es algo que en mi casa se le ha dado siempre importancia, he comido siempre bien. Puedo decidir en qué me gasto el dinero. Para mí es fundamental la salud, lo que como y de dónde viene. Yo no compro nada que venga de El ejido o de Huelva, lo tengo clarísimo. Pero a una familia precaria, con niños… no le puedo pedir eso.

¿Por qué permitimos esto? Porque se incentiva y se respalda desde arriba. No se apoya a los pequeños productores. A un artesano se le exige lo mismo que a una nave industrial. Queremos vida en los pueblos pero no facilitamos una soberanía alimentaria. Hay mucho que hacer.

Por otro lado estamos condenados a un sistema de infantilización perpetuo, donde apenas nos podemos mantener, no tenemos opción a nada. Mis padres a mi edad vivían mejor que yo, a pesar de que trabajo muchísimo. Tengo treinta años, un  trabajo, hago cosas de adulta y me sigo sintiendo una niña porque me siento desamparada, sin poder decidir. Tenemos un sistema hiperprecario y es algo generacional, tenemos esa angustia.

¿Alguien puede pensar que de verdad nos gusta vivir en las grandes ciudades en un piso compartido con treinta y cinco años y viviendo a una hora de metro del trabajo? Tengo amigos que, si tuvieran facilidades, se volvían al pueblo, no quieren esa vida.

También es verdad que no vivimos en la sociedad de nuestros padres, estamos todo el rato sometidos a reclamos, consumimos hasta las relaciones. Vivimos a un ritmo de inmediatez y con una forma de vida que no tiene nada que ver. A muchos se les ha educado con la idea de que íbamos a tener mil cosas, y no ha sido así. Eso ha sido un golpe muy fuerte, porque la sociedad te recomendaba estudiar una carrera y que eso garantizaría todo.

En el libro hablas de las redes sociales, de Twitter en concreto, como algo que es muy positivo, que ayuda a la mujer rural. Pero también hay un lado oscuro y te has tenido que enfrentar a eso. 

Claro, pero en el momento en que tienes cierta repercusión sucede. Me gusta hablar siempre de las cosas buenas. Para el tema de lo rural ha sido maravilloso conseguir ese altavoz, esas plataformas que nunca hemos tenido. No es cuestión de idealizar la vida en los pueblos ni el campo, porque todo tiene sus cosas buenas y las malas, pero siempre hemos hablado más de las malas.

Algo que veo es que a veces la sonoridad en redes está mal entendida, es un defender por defender,  un juzgar antes de tiempo que no siempre se traslada al mundo real. 

Eso es simplista. Yo, partiendo de que las mujeres hemos sido discriminadas, lo primero que me sale es defender, creer a la mujer. No lo puedo evitar. Hay que tener en cuenta que el mismo sistema judicial, la policía… todo forma parte del heteropatriarcado. La misma medicina también. Hay mucho que cambiar, no hemos sido un concepto importante a considerar. Claro que hay de todo, no es cuestión de idealizar a la mujer, pero hay tanto daño hecho que venimos con una gran mochila a cuestas. Soy precavida, pero siempre tiro a proteger.

Me gusta mucho el concepto que planteas: dejar de ensalzar a la mujer todoterreno. 

Hace poco en medios tacharon de heroínas y héroes a quienes se quedaban en los pueblos. ¿Vamos a idealizar a alguien que está sufriendo una desigualdad, a quien se le trata de ciudadano de segunda pagando los mismos impuestos? Igual se ha idealizado a las mujeres todoterreno. Está la figura del matriarcado en algunas zonas de España que es un falso matriarcado. La mujer no tenía tierras a su nombre, no podía sacar dinero… se supone que mandaba en casa pero no podía tomar decisiones. Era un mandato de puertas para adentro.

Estoy cansada de llamarlas mujeres todoterreno cuando eran víctimas de una desigualdad y un machismo atroz: trabajaban en casa, en el campo, cuidaban los niños, llegaba el marido a casa y podía descansar porque ellas se encargaban de poner la comida en la mesa… Eso lo hemos visto como algo normal. Hablo de esto, de que las mujeres vertebraban el campo.

tierra de mujeres, maría sánchez, seix barral

Generaciones mayores, generaciones jóvenes

Esa generación de mujeres que han vivido así siempre, ¿se puede recuperar? 

Yo creo que sí. En las presentaciones han venido mujeres mayores que se asocian, crean colectivos, federaciones, hacen cosas… Nos creemos que porque alguien venga de unas circunstancias es inmutable. No, la gente cambia, evoluciona y se cuestiona. Lo que no podemos exigir es que se hagan feministas de la noche a la mañana. Cada persona tiene un proceso y llegará antes o después, pero lo que hay que celebrar es que se cuestionen estas cosas.

Ahora parece que el problema está en la generación más joven, que creíamos aprendidos de casa y estamos viendo que no, que no es así. 

Educación ante todo. Hay que preguntarse, cuestionarse, discutir en el buen sentido, debatir y aprender. No se puede dar todo por sabido. Cada día que aprendo algo estoy contenta, cuando alguien me abre los ojos, me hace ver muchas cosas. Es un poco bajar del pedestal y dejar de mirarse el ombligo.

¿Qué te gustaría que la gente sacara en limpio de Tierra de mujeres? 

Hay cosas que ya he visto que me han emocionado: por un lado la gente que no tiene vinculación alguna con el mundo rural que se ha sentado a hablar con sus abuelos, que no sabían cómo se llamaban y se han dedicado a rescatar su pasado.

Lo segundo, lo que está sucediendo en las presentaciones. Suelo organizar encuentros con mujeres rurales que hablan de su día a día, de lo que les preocupa, de lo que quieren, de las trabas que les pone la administración. Quiero que las presentaciones sean un altavoz. Que hablen de lo bueno y  también de lo malo.

Lo tercero, las mujeres mayores que se sienten reconocidas en el libro, que te dicen que refleja su vida. Te llegan historias que te reconcilian. Pero sobre todo las redes que se crean y entretejen donde ellas son protagonistas.

¿Te has encontrado también con esas mujeres que no quieren volver, que no quieren recordar? 

Claro, para mi madre por ejemplo el pueblo significa renuncia, sacrificio, trabajo, frío… todo lo contrario a poder elegir y decidir qué hacer con tu vida.

Necesitamos el campo y la ciudad, no tenemos que ser todos de todas partes. Pero la gente que quiera ir al campo que lo pueda hacer, que tenga la misma facilidad que quien quiera ir a la ciudad, que cuesta menos aunque haya penurias. Es un poco esa idea, cambiar el relato de la postal tan simple y plana que nos han vendido de lo rural. Como si lo rural fuera solo un universo cuando es miles de caras y miles de historias. Poner en relieve que es diverso y que es diferente y que tiene mucho que contar. Y que es también cultura, por supuesto.

tierra de mujeres, maría sánchez, seix barral

  • Título: Tierra de mujeres
  • Autor: María Sánchez
  • Editorial: Seix Barral. Colección Los tres mundos (ensayo) (puedes encontrar más información sobre el libro aquí)
  • 192 páginas. 17,00 Euros (formato papel); 9,99 Euros (formato digital)