Los relatos, en contraposición a otros géneros como la novela, pueden permitirse con mayor facilidad, y sin ser por ello recriminados, abrir la puerta a mundos sin cerrarlas después, o echar un vistazo por el resquicio del marco sugiriendo, más que contando, lo que podría encontrarse al otro lado. Mucho de esto podemos encontrar en Técnicas de Iluminación (Páginas de espuma, 2013), el último libro de relatos publicado de Eloy Tizón (Madrid, 1964) que se suma así a los ya publicados Parpadeos (2006) y Velocidad de los jardines (1992), y a las novelas La voz cantante (2004), Labia (2001) y Seda salvaje (1995), finalista del premio Herralde.

Eloy Tizón nos lleva con su prosa que tiene aires de poesía a mundos que guardan cierta similitud con el nuestro pero que son más oscuros, tenebrosos, plagados de aspectos que están más allá de nuestro entendimiento, con personajes hasta cierto punto perturbadores. Sus relatos nos obligan como lectores a tratar de desentrañar los misterios que se presentan, a mirar “fuera de la caja” para tratar de comprender las intenciones, motivaciones y moralidad de unos personajes que se dejan llevar por la fatalidad, o el destino, sin que parezcan tener demasiado interés en influir en su propio devenir, sin que por ello dejen ni por un instante de meditar en lo que se les avecina. Son personajes con un toque grotesco, extraño, cotidianos pero sumidos en un punto de irrealidad que no es fácil de identificar.

Aún con ese aire perturbador, no faltan en sus textos notas de humor negro, ironías, descripciones a base de enumeraciones de cosas sin apenas conexión, de imágenes muy originales y al tiempo muy evocadoras, vívidas y acertadas en su carácter descriptivo. No se encontrarán en Técnicas de Iluminación relatos al uso. En muchos casos se omite con descaro el planteamiento de la historia —también habrá otras sin desenlace— para, situados ya en el nudo, tener que buscar entre las palabras el origen de la situación que se plantea.

De modo que yo escribía. Llevaba varios años buscando un lugar acogedor para escribir, sin encontrarlo, […]; hasta que un día terminé rindiéndome a la verdad: que no existe nada parecido a un lugar acogedor para escribir. Que escribir es, en sí mismo (tiene que serlo), lo contrario del hogar: un lugar inhóspito, manicomial, un sótano con poca luz y humedad excesiva.

Uno de los puntos fuertes de Técnicas de iluminación es sin duda la capacidad de Tizón de describir el diálogo interior que mantenemos con nosotros mismos en el curso del pensamiento crítico. Nos centramos en una cuestión para al instante saltar de un pensamiento a otro, de una idea a otra, movidos por el subconsciente, sin criterio fijo, y volvemos entonces al hilo conductor de nuestras divagaciones. Se genera así un monólogo confuso, disperso y poco esclarecedor a la vista, que sin embargo acaba desenmascarando el camino oculto entre tanto rodeo. Pero echo en menos tras la lectura que ese dominio en los desvaríos de la mente no se plasme con cierta diversidad identitaria. Los protagonistas de cada relato son distintos y sin embargo en ocasiones parece que todos ellos hablan con la misma voz, como si los procesos mentales de todos los individuos fueran siempre los mismos.

Nada tiene explicación. Es todo muy confuso. Este universo es incomprensible, te lo digo yo. Abogados y perros.
Crees que conoces a alguien, te parece que sí, estás bastante seguro, no del todo aunque sí lo suficiente, pero un día el espejismo se acaba, la ilusión se hace trizas y tú te ves mirando la manga flácida de una camisa pillada por la puerta corredera del armario, pidiendo presupuestos por teléfono para amueblar tu casa que ya estaba amueblada.

Otro de los aspectos que más llaman la atención en Técnicas de iluminación es el orden específico de los relatos. Tuve la suerte de asistir a la presentación del libro en Bilbao y allí Eloy Tizón explicó que para él era fundamental, que necesitaba que hubiera cierta estructura en el conjunto de la obra. Sin embargo, hay en los dos primeros, Fotosíntesis y Merecía ser domingo, un tratamiento mucho más abstracto, difuso y poco esclarecedor que no se da en el resto de la obra, mientras que el resto, aun dejando siempre abierta una puerta a las suposiciones del lector, giran en torno a eventos más concretos y fáciles de definir (una boda, una caja, una relación de pareja…). Es este aspecto el que puede suscitar cierto rechazo, porque es como un ensayo de lo que vendrá después hasta cierto punto titubeante, poco claro y que puede llevar al abandono a quien no quiera seguir adelante y descubrir los relatos-joya que se encuentran más allá de este comienzo, lo que sería una lástima. En este enlace tenéis una entrevista que le hicieron en el blog Libros, instrucciones de uso, donde trata la cuestión del ritmo narrativo creciente y del orden de las historias.

En algún momento volveré a los relatos de Tizón ya sea con Parpadeos o con Velocidad de los jardines (2012) aunque me fiaré de aquellos que dicen que es mejor dejar reposar cada uno de sus libros antes de empezar con el siguiente. En todo caso, se ha convertido para mi en un autor de lectura obligada y que recomiendo a todos los amantes del género y también a los que os da más pereza esto de los relatos.

  • Título: Técnicas de iluminación
  • Autor: Eloy Tizón
  • Editorial: Páginas de espuma (consulta aquí más información de la editorial)
  • 168 páginas. 16,00 Euros.

Si quieres leer este libro, puedes conseguirlo clicando en esta imagen:

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