Adopta una autora

Por fin una nueva entrada sobre Edith Wharton dentro del reto “Adopta una autora”. Es ya la cuarta de la serie —y las que quedan— y sigo trabajando en base a una periodicidad bimestral para no saturar demasiado. De momento estoy actualizando en base a novelas y relatos, y pronto espero ampliar también su obra a sus ensayos. Para aquellos que aún no conozcáis este proyecto o que queráis conocer por qué me uní, aunque de forma no oficial, os recomiendo leer la primera entrada que escribí: Adopta una autora.

En todo caso, os recuerdo que Adopta una autora es un proyecto que tiene por objetivo dar a conocer la vida y obra de autoras pertenecientes a todas las épocas, nacionalidades, lenguas, géneros literarios y formatos de lectura.

Además aprovecho para publicar esta entrada ahora que estamos en el mes de octubre, mes en el que tradicionalmente se produce la acción #leoautoras. Se trata de una iniciativa que también tiene como objetivo visibilizar a escritoras y que es ampliamente apoyado en redes sociales recomendando lecturas y autoras varias. (Usad la etiqueta para localizar las miles de entradas al respecto).

En esta cuarta entrega doy de nuevo un salto editor y escojo una obra que se ha publicado con dos títulos diferentes y que en la actualidad se encuentra descatalogada, por lo que tendréis que recurrir a tiendas de segunda ocasión si queréis haceros con ella. Se trata de La soñada aventura, también conocida como Reflejos de luna —mucho más fiel al título original: The glimpses of the moon— y se publicó por primera vez en 1922. Es una de sus novelas que se sitúa al otro lado del charco, entre la alta sociedad europea.

Edith Wharton y el Pulitzer

En esta serie de pequeñas pinceladas de la biografía de Edith Wharton con las que pretendo ampliar la revisión de sus obras, hoy me detengo en un hecho que marcó otro hito más para las escritoras: fue la ganadora del premio Pulitzer en 1921, la primera mujer de la historia.

Tal vez esto sería objeto de otra entrada, la de La edad de la inocencia, que fue la novela que le valió ese galardón y que aún hoy es la más reconocida entre el público. El Times book review dijo de esta novela “es un brillante panorama de la Nueva York de hace 45 años. La novela más solicitada en bibliotecas públicas y un best seller en librerías”. Era el año 1921. Sin embargo, el premio no estuvo exento de polémica:

edith wharton escribiendo

Era el cuarto año en que se entregaba el Premio Pulitzer. Ganó en la categoría de novela (que treinta años más tarde se reformularía como ficción). El premio levantó ampollas antes incluso de proclamarse, pero no debido al género de Wharton.

En Junio de ese mismo año, Robert Morse Lowett, jurado del premio Nobel, escribió en The new Republic que La edad de la inocencia no había sido realmente la obra escogida por el jurado, quienes habrían preferido Main Street, de Sinclair Lewis, pero la organización del Pulitzer se impuso sobre la decisión del jurado, probablemente forzados por Nicholas Murray Butler, presidente de la Universidad de Columbia. Lovett afirmaba en su artículo que, si bien la calidad literaria de Wharton estaba fuera de toda duda, no se podía engañar así al público. Por aquel entonces tenía relación con dos de los jurados del Pulitzer: Hamlin Garland, quien además lo ganaría en 1922 en la categoría de Biografía; y Stuart Pratt Sherman, un crítico y profesor universitario.

Joseph Pulitzer había especificado en su testamento que el premio anual de mil dólares sería para “la novela americana publicada durante el año que represente en su totalidad el ambiente de la vida americana y los más altos estándares de sus costumbres y madurez. Sin embargo, en 1921 se introdujo un cambio en el texto, y se sustituyó la expresión “whole atmosphere” (que he traducido como la totalidad del ambiente) por “wholesome athmosphere”. Es decir, que fuera un ambiente moralmente íntegro u honesto. Este cambio no pasó inadvertido y se consideró una estrategia para descartar la obra de Sinclair Lewis.

A pesar del enfado porque su obra no hubiera sido premiada, Lewis envió una nota de felicitación a Wharton. Ella le respondió:

“Cuando descubrí que había sido premiada —por una de nuestras más excelsas universidades— por elevar la moral americana, confieso que me desesperé. Más adelante, cuando descubrí que el premio debería haber sido tuyo, pero fue descartado porque tu novela (cito de memoria) había “ofendido a ciertas personalidades del Medio Oeste”, el disgusto se sumó a la desesperación.”

La soñada aventura

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Como ya he comentado, La aventura soñada es una obra muy complicada de localizar. En mi caso la encontré en el mercado de libros que se celebra en mi ciudad los domingos, en el que iba buscando a conciencia obras de la autora para ampliar mi catálogo. Se trata de una segunda edición de 1994 con motivo de la publicación de la Colección Universal por parte de la Editorial Juventud (hoy ya no existe). El objetivo de esta colección era recuperar los títulos y autores que desde la fundación de la editorial en 1923 habían llevado al éxito a a misma. Pero, sospecho, la traducción de esta segunda edición es la misma que la de la primera de 1925, llevada a cabo por Ernesto de los Reyes, y es de recibo decir que, en comparación con el resto de libros de Wharton que he leído hasta ahora, en los que las traducciones eran nuevas —o, al menos, revisadas—, se nota cierto acartonamiento en el lenguaje, una falta de actualidad que hace que muchas de las expresiones resulten arcaicas o poco apropiadas a mis oídos y que restan lucidez y belleza a la novela.

Desconozco si la otra versión que he encontrado de la novela, publicada por Ediciones B en 1996, con traducción de Montserrat Serra, que lleva por título Reflejos de Luna, traducción literal del original, subsana de alguna forma estos problemas. En todo caso, se trata también de una edición descatalogada y, por tanto, difícil de localizar.

Reflejos de luna

Portada de Reflejos de Luna, Ediciones B

Para tratarse de la novela posterior a la más conocida, La edad de la inocencia, sorprende la confusión respecto al planteamiento que se desprende de La aventura soñada. Queda claro que, como es habitual en Wharton, la novela es una excusa para criticar el elitismo de la alta sociedad, más centrado en las apariencias que en cualquier otra cosa pero, al margen de eso, creo que podría considerarse una obra menor de la autora, en la que sorprende su exagerada paginación, cuando un relato más corto hubiera servido para el mismo propósito y habría estado, tal vez, mejor encaminado en cuanto a la definición de la trama.

La novela se inicia con el viaje de novios de Susan Branch y Nick Lansing, dos personajes que, aunque viven en una situación económica precaria, subsisten en un entorno social que no es el suyo a fuerza de arrimarse a personas de mayor poder, de quienes obtienen favores en especie. Susan, por una lado, está habituada a esta forma de vida, siempre maquinando, buscando la forma de alargar al menos un año la luna de miel viviendo en casas prestadas, haciendo cábalas y encajando fechas. Nick, por su parte, tiene unas mayores convicciones personales y no se siente cómodo del todo cediendo a los deseos de su mujer, pero lo hace movido por el amor. Sin embargo, llegado un punto, las diferentes visiones de ambos llevarán a una ruptura temporal del matrimonio.

Es ahí donde Wharton, sin pausa, va introduciendo otros personajes: amigos, conocidos, rivales amorosos, que se codean con la pareja protagonista y que ayudarán, además de a hacer evidente que en un mundo dominado por las apariencias es natural tener amantes o hacer vidas separadas a pesar del qué dirán, a mostrar los incipientes divorcios que, llegados desde América, hacen furor como una tabla de salvación para los que han tirado la toalla en el terreno del amor. Wharton, divorciada también hacía pocos años, da bandazos con estos personajes secundarios a los que no logra definir de forma clara, al tiempo que planea también sobre diferentes escenarios físicos: de Londres a Paris, de Venecia a India… mostrando vidas de riqueza no ganada, heredada y despilfarrada por el bien de las apariencias.

La soñada aventura es, por tanto, una obra débil dentro de su bibliografía, pero coherente con la temática que acostumbra a utilizar. Del mismo modo, de nuevo el detallismo en la descripción de la mujer es mayor que la de los caracteres masculinos, pero no llega ni de lejos a las cotas de perfección de, por ejemplo, Estío.

Con esto cierro esta cuarta reseña de la obra de Wharton y espero volver pronto con una nueva entrega

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Y vosotros, ¿habéis leído esta novela? ¿Conocíais el movimiento “adopta una autora? ¿Os habéis animado a leer alguna de las obras precedentes de la autora de las que ya he hablado o a acoger en vuestra librería a alguna otra autora? Tenéis los comentarios a vuestra disposición.