Es Solaris una obra magna de la literatura de ciencia ficción. Han recibido aún más menciones sus adaptaciones a la gran pantalla, en especial las de Andrei Tarkovsky en 1972 —de la que Stanislaw, autor de la novela y muy enfadado por las libertades que se tomó el director, resumió su propio punto de vista en la frase memorable: Yo le di mi libro a ese tío, y él me lo devolvió convertido en Crimen y castigo— y la del estadounidense Steven Soderbergh en el 2002 —en este caso, el comentario del escritor fue: Hasta donde yo sé, mi novela se titula Solaris, no Amor en el espacio exterior—. Su argumento ha sido empleado también como base de series para televisión –creo recordar que un capítulo de la estupenda Más allá del límite tenía un hilo similar— y otras novelas.

Stanislaw Lem (1921 – 2006) fue un escritor polaco —en la actualidad su ciudad natal se encuentra ubicada en territorio ucraniano– con una extensa obra de no ficción que incluyó ensayos científicos o libros filosóficos, como Summa Technologiae y Microworlds (ambas sin traducción al castellano), en las que expresa con rigor sus posturas científicas. Pero es recordado sobre todo por sus obras de ficción, entre las que se encuentran Ciberíada y Solaris, traducidas a más de cuarenta idiomas, y que han hecho de él uno de los escritores no anglosajones más famosos del género de la ciencia ficción.

En sus obras de ficción son recurrentes temas como las nuevas tecnologías, la naturaleza de la inteligencia, la comunicación entre especies racionales, las limitaciones de la mente humana… No en vano, todos estos temas aparecen, de forma más o menos intensa, en Solaris.

El ser humano puede abarcar muy pocas cosas a la vez, tan solo vemos lo que ocurre delante de nosotros, aquí y ahora. Evidenciar una multitud de procesos simultáneos, de algún modo relacionados entre sí, o incluso complementarios, supera nuestra capacidad. Es una limitación que experimentamos incluso en contacto con fenómenos relativamente sencillos.

En Solaris, el científico Kris Kelvin desembarca en el planeta del mismo nombre para saber qué ha sucedido con sus tres ocupantes actuales. Allí se encuentra con que su mentor, Gibarian, se ha suicidado y los otros dos tripulantes, Snaut y Sartorius, muestran una conducta errática, desorganizada, rayando en la locura. Solaris es un planeta ocupado casi en la totalidad de su superficie por una masa oceánica, de la que se sospecha tiene inteligencia propia, y que ha sido objeto de estudios, experimentos e intentos de contacto desde hace más de un siglo. Al poco de llegar, se aparece ante él un ser, el fantasma de una antigua pareja, Harey, de la que sospecha es una proyección del planeta en un extraño intento de comunicarse con él.

Solaris es una obra de especial densidad: abundan a lo largo de sus casi trescientas páginas de extensión las descripciones, tanto del equipamiento a bordo de la base flotante suspendida sobre el inmenso océano, como del comportamiento del mismo, en especial las formaciones marinas —mimoides, simetriadas, asimetriadas…— que tienen lugar de forma periódica sobre la superficie. Un ejercicio de reconstrucción para el lector, que se verá obligado a trasladar las profusas y detalladas imágenes a su mente, bañándolas de los colores rosado y azul de los dos soles que rodean el planeta. También se describen con inusitada imaginación las teorías científicas o pseudocientíficas de los cientos de expertos que han estudiado el planeta hasta la llegada de Kelvin al mismo.

Esta profusión, al igual que sucede con otros autores especializados en la ciencia ficción, como Asimov, ayuda a crear un entorno verosímil, a dar una falsa sensación de realidad a la imaginación de Lem. Pero, por otro lado, la necesidad de crear ese entorno juega en detrimento de la historia. Se hace obligatorio sacrificar parte de la trama, simplificarla hasta cierto punto, a fin de evocar un paisaje extraterrestre, extraño, digno del esfuerzo de los investigadores. Esto desemboca en un final abierto y un nudo central poco marcado. La premisa se plantea ya desde las primeras páginas y Lem prefiere extenderse en las implicaciones de la presencia de entidades extraterrestres.

Entre los temas que son habituales a Lem, es el contacto con esta enorme consciencia que constituye la masa marina el que destaca. Lem pone de manifiesto la incapacidad del ser humano para comprender algo que supera sus vías de comunicación. Más aún: es incapaz de concebir en un principio que pueda existir una conciencia que escape de sus reglas. Pero cuando se hace evidente que Solaris posee una mente, que reacciona a ciertos estímulos entonces se plantea la segunda cuestión: ¿Cómo hacer que nos comprenda, cómo establecer una comunicación? Es una ruptura con la creencia de que el hombre es el centro del universo, al constatar que el océano parece ignorar todos los esfuerzos de la humanidad. Además, la táctica de la masa —replicar personas extraídas de los recuerdos de los científicos— viene a añadir aún más compejidad: ¿Es un intento por aprender de los humanos? ¿Es una carantoña, un acto de buena fe para que no se sientan tan solos? Entre descripción y descripción, Lem desarrolla un esfuerzo filosófico por desentrañar las raíces de la comunicación.

Sí, hay que fingir, hay que mentir, siempre lo mismo. Pero es porque dentro de mí se albergan pensamientos, intenciones, esperanzas crueles, maravillosas y asesinas, de las que no sé nada. El ser humano ha emprendido el viaje en busca de otros mundos, otras civilizaciones, sin haber conocido a fondo sus propios escondrijos, sus callejones sin salida, sus pozos, o sus oscuras puertas atrancadas.

Solaris es una obra compleja, que puede gustar a otros públicos más allá de los amantes del género de ciencia ficción, pero que es a su vez exigente y pedirá una lectura profunda. Es esta además, la de Impedimenta, una edición traducida directamente del polaco, a diferencia de las habituales del francés, lo que le aporta un mayor valor al proceder de la fuente original, de la mente de Stanislaw Lem. Es sin duda un clásico que merece una buena dosis de atención.

Si quieres leerlas, he marcado algunas otras citas de esta novela aquí.


Más allá de esta reseña, aunque guarda relación con ella, quería hacer referencia a la entrevista al editor jefe de Impedimenta, Enrique Redel, publicada en Jot Down el pasado mes de abril. Podéis leerla aquí.

La entrevista, extensa y muy interesante, toca bastantes palos del mundo de la edición, e incluye la opinión de Redel sobre el libro electrónico, opinión que me ha sorprendido: “El ebook desaparecerá“, “El libro en papel es la realidad y lo otro es una simulación que intenta remedarlo“, “es un concepto obsoleto“… Entiendo que editar o no en formato electrónico es una decisión empresarial, más allá de otro tipo de connotaciones culturales o tecnológicas. ¿Compensa o no? es la pregunta que el editor debe hacerse ante tal decisión. También comprendo que los libros de Impedimenta en formato papel están editados con muchísimo cariño y con una calidad que escasea cada vez más en el panorama actual, lo que se refleja también en el precio —sus libros no son precisamente baratos, aunque merezcan la pena, yo he leído este año tres—, pero que no tienen una traslación al formato electrónico que, por otro lado, aún está muy lejos de mostrar su verdadero potencial.

Lo que me cuesta más comprender es que se apueste por un formato por el que, en apariencia al menos, se muestra bastante desprecio. En mi caso, he leído Solaris en formato electrónico, gracias a que fue elegido por Amazon hace unas semanas para su oferta diaria en Kindle Flash. Es poco probable que lo hubiera leído si no fuera por eso, ya que no soy habitual de la ciencia ficción. Creo que la edición electrónica es más que correcta —me ha sorprendido que los créditos aparezcan al final del libro y no al principio, que es más habitual y sólo he captado alguna errata aislada que tal vez provenga de la corrección en formato papel–. Cabe pensar que no soy el único lector que hace del libro electrónico un camino de entrada a autores, títulos o editoriales que, entre otros aspectos, por precio, quedarían descartados si no fuera por este formato.

  •  Título: Solaris
  • Autor: Stanislaw Lem (traducción de Joanna Orzechowska)
  • Editorial: Impedimento (podéis encontrar algo más de información aquí y leer el primer capítulo de la novela aquí)
  • 296 páginas. 20,95 Euros (Edicion en papel); 10,44 Euros (Edición digital).
  • Puedes comprarlo aquí:

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