No se puede comenzar el año de forma que prevea mayor número de éxitos lectores que con el libro que hoy traigo a colación, mi primera lectura del año: El retrato de Dorian Gray. Tan pronto la editorial Reino de Cordelia anunció su publicación, fue directo a mi lista de deseos. Varias razones me llevaron a ello. Por un lado, es un clásico del que sólo tenía referencias cinéfilas —bastante poco acertadas, después de haberlo leído—. Por otro, Oscar Wilde (Irlanda, 1854 – Francia, 1900) es un autor cercano en espacio y tiempo a Edith Wharton, autora de la que estoy leyendo su obra y, por extensión, estoy incluyendo entre mis lecturas otros autores de la época. Ambos tienen en común escribir sobre una sociedad media alta, alejada de las penurias de las clases más bajas, con inquietudes que, una vez a salvo de penurias físicas, se centran sobre todo en las emociones humanas.

La tercera razón que me llevó a leer este libro es que se trata de la primera edición en castellano sin censurar de la obra original. En 1890, cuando Wilde envió a J.B. Lippincott, su editor americano, la primera versión de su obra, éste decidió recortar algunos pasajes de “contenido sexual inapropiado”, a pesar de que la obra le atrajo. En la revisión posterior, casi quinientas palabras desaparecieron de la obra, la mayoría de ellas referidas a la homosexualidad del pintor Basil Halleward.

oscar Wilde

Oscar Wilde

J.B Lippincott estaba en lo cierto. A pesar de revisar el  texto para hacerlo “aceptable hasta para el paladar más sensible”, la obra fue duramente criticada. La prensa británica la calificó como vulgar, sucia, venenosa y una vergüenza. Oscar Wilde, por su parte, también autocensuró su propia obra a la hora de publicarla como libro, pasando de trece a veinte capítulos, añadiendo texto para disimular o matizar algunos aspectos e incluyendo personajes secundarios, todo con el objetivo de responder a las críticas “rebajando el tono inmoral”.

En 2011 se localizó una primera versión de la novela, que fue publicada por la Harvard University Press. Podéis escuchar una entrevista a su editor, Nicholas Franchel, en el siguiente audio:

Esta edición es la que ha traducido Victoria León para Reino de Cordelia y la que he leído. Al no haber estado en contacto con la edición habitual, no soy capaz de decir qué aspectos concretos esta obra difiere con respecto a la censurada.

El retrato de Dorian Gray es una obra que, dentro de su simple argumento, revuelve la conciencia sobre la naturaleza humana. A pesar de lo que cabría esperar, su texto no es, a los ojos actuales, tan explosivo como cabría esperar, y muchos de los pasajes que se podrían considerar más “sucios” o inmorales están ya de por sí sugeridos, no expresados, quedando al retorcimiento de la mente del lector definir la oscuridad que aqueja al personaje de Dorian Gray y que le lleva a cometer atrocidades no dignas de su estatus social.

Todo en la novela gira alrededor de él y es, sin duda, el único personaje principal, el único en el que podemos apreciar una notable evolución a lo largo del texto: de joven inexperto, puro e inocente, a un hombre adulto depravado, deseoso de explorar todos los vicios y emociones humanas pero sin querer reparar en las consecuencias.

Frente a él, los otros dos personajes son más estáticos: por un lado está el artista Basil Hallward, claramente enamorado de Gray, con un amor que va más allá de la fascinación del artista por su musa. Sin embargo, a pesar de su homosexualidad patente, Wilde hace de él el personaje más bondadoso de la novela, incapaz de creer que el joven de quien está enamorado es capaz de aquello de que le acusan. Basil es la encarnación del arte como vehículo para trasladar parte de su mundo interior al exterior, con los miedos que ello comporta, con el temor de exponer demasiado de sí mismo en sus cuadros (de este tema también hablaba, y mucho, Amanda Palmer, y es, sin duda, un tema recurrente entre los artistas). En todo caso, es un contraste interesante el que introduce Wilde entre su comportamiento claramente antivictoriano y su bondad.

Por otro lado tenemos a Lord Henry, un personaje que actúa como detonador del cambio de actitud de Gray y que, sin embargo, pretende actuar como una entidad objetiva, sin lograrlo en ningún momento: sus aspiraciones son claras: divertirse, experimentar, pero siempre a costa de los demás, nunca de sí mismo. En Gray encuentra a la víctima perfecta, influenciable, maleable como una vela movida por el viento. Es tal vez más maligno que lo que será Gray jamás, pero mantiene siempre su nombre impoluto, siempre admirado, comportándose acorde a las convenciones sociales.

Es difícil, tras terminar la novela, acusar a Gray de algo. Tan solo se mueve deseoso de dejar que sean sus emociones, sus deseos quienes guíen sus pasos, pero, ¿podemos aspirar a conseguir todo aquello que queremos? ¿Lo queremos realmente, o es un capricho pasajero que no nos deja ver lo que necesitamos de la vida? El espectador de la decadencia de Gray le verá pasar por casi todos los estados emotivos: desde la ira más pura al amor más profundo —y a la vez, como cabe esperar en alguien de su inexperiencia, más superficial—; de la apatía absoluta al egocentrismo al deseo de volcarse en los demás.

Oscar Wilde decía de su obra que El retrato de Dorian Gray contenía mucho de él: Basil Hallward era “quien él creía ser”, Lord Henry “lo que el mundo creía que él era” y Dorian “quien le hubiera gustado ser, tal vez en otra época”. Reniega así de la división entre conducta propia e impropia, de la represión social de la época victoriana y del deseo de dejar que sean las emociones las que guíen las acciones del hombre. 
el retrato de dorian grey portada

  • Título: El retrato de Dorian Grey. [Edición sin censura]
  • Autor: Oscar Wilde (traducción de Victoria Leon)
  • Editorial: Reino de Cordelia (podéis leer más información sobre el libro aquí y leer las primeras páginas de la novela aquí).
  • 256 páginas. 18,95 Euros (formato papel)
  • Puedes conseguir el libro clicando en la imagen de la portada

¿Habéis leído la edición tradicional de El retrato de Dorian Gray? ¿Os animaríais a compararla con esta edición sin censura? ¿Habéis leído algo más de Oscar Wilde? Tenéis los comentarios a vuestra disposición.